Serenidad.
21 Junio 2025 San Metodio
Murcia, sábado, calor a tope, pero sin novedad más allá en casa ni en la familia. Te cuento recuerdos de hace unos años:
1 Marzo 2009, domingo, en Murcia a las 11. Oigo en el equipo de música canciones de la película “Los chicos del coro”. ¡Qué delicia de voces! Luego vendrán mis nietos. ¿Por qué no son las suyas estas voces que escucho en el equipo? Algo pasa en las cabezas para que cambien. ¿Está sin duda en uno que ahora se oigan así y luego se oigan de otra manera?
En mi habitación hay un pensamiento para meditar, grabado en piedra, que dice: “Señor, concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar”. Tengo que leerlo cuando salgo de la habitación y ponerlo en práctica. Lo he comentado con Lina y con mamá que hacían sus oraciones.
Hay también por casa un libro, que leemos estos días, titulado “La Serenidad, una actitud ante el Mundo”, de Miguel Ángel Martí. Cuenta la leyenda que un Santo siempre estaba sereno cuando hablaba. Y luego vieron que en su mesa por debajo, había señales evidentes de arañar la madera para descargar su ira, agitación o rabia.
Quería decir Lina que todos podemos lograr la serenidad que necesitamos para hablar con los demás.
He pensado muchas veces lo importante que es en la vida de relación permanecer serenos, y cuando no se pueda esconderse uno donde nadie lo pueda ver y de donde no pueda salir hasta que la tormenta haya pasado o hacer lo que ese Santo: descargar a escondidas, con arañazos a la madera, la violencia a punto de estallar.
Encuentro un punto débil, o mejor, un remedio difícil a ciertas situaciones, y es que poco se puede hacer cuando la ira te nubla la razón. En momentos límite, que se presentan de golpe, cuando lo ves venir por el ruido que produce la corriente, o por otros síntomas, uno puede correr a esconderse o tirarse por la ventana, pero si te coge de improviso no puedes pensar.
Es muy difícil decir: “Señor, dame serenidad, en todo momento estaré sereno”. Pero la realidad es otra. Pienso que ese maltratador que acaba con la vida de su pareja no ha podido estar sereno. Y no solo eso, sino que la razón no le ha funcionado. Se puede decir como norma cuando se está sereno, pero luego el mundo cerebral se altera y todo cambia y lo que antes se veía claro después se enturbia.
Leeré de nuevo el libro sobre la serenidad y veré si estoy o no de acuerdo con el autor en todos sus capítulos. Una actitud ante El Mundo reza el título a continuación, para explicar a las parejas, pero a sabiendas de que luego no se va a poder conseguir, no se va a poder seguir.
2 de marzo 2009. Murcia, lunes, las 9. Que sí, que sí, que ayer ganó el Partido Popular.
¡Y eso en qué se traduce?
Pues en que desde hoy ya no mandan los que mandaban, así de sencillo,
Para los que vemos la función, así de sencillo; para los actores, el cambio supone más. por ejemplo, salir de sus despachos unos y ocupar los otros.
¿Te refieres a los Ayuntamientos?
Y a miles de funcionarios, desde Presidentes, Alcaldes y Concejales.
Vaya trajín.
El telón oculta ese ir y venir, ese salir y entrar, esos encuentros en los pasillos, los gestos de sorpresa y malos modos… es que no es para menos. Deprisa, que ahora me toca a mí.
¡No será una broma!
Nada de bromas, que no te enteras. Qué desgracia, querido, que hayan ganado los otros. No, no puede ser, después de tantos años. ¿Y ahora qué va a pasar?
Pues que ellos ocupan el poder y nosotros ya veremos, que aquí no cabe recurrir.
¿Os vais a cruzar de brazos? ¡Qué desastre! ¿Qué haremos con las carreras de los hijos a medio en Alemania? Quien nos iba a decir que esto podía pasar. Nadie se lo creía.
“Es imposible”, nos decían confiados desde Madrid. Seguiremos otra legislatura. Y la gente en las urnas dice que no. Así es la gente, aplaude en los mítines y luego dice otra cosa.
¿No será por los coches que se compró el Alcalde, por los gastos de algunos en sus viviendas, por tanto viajes de placer en época de crisis, por las cacerías con amiguetes, y por otras cosas que nadie dice pero que todos piensan.
Puede ser que lo que vale es el voto. Qué desastre. Es que no nos pasaba por la cabeza que esto fuera a ocurrir. ¿Y ahora qué? Yo es que aún no paso a creerlo. ¿Adónde vamos ahora? Yo a vender patatas en el mercado cómo antes.
Algo tendrás que hacer. Cuando no recibas la paga de concejal y de diputado que nunca he sabido lo que hacías allí, pero bien que lo cobrabas. No sé de qué vamos a comer, como ir a la playa, cómo atender los recibos de los colegios.
¿Con qué pagar las fiestas de domingo de amigos?
Eso mismo se estarán preguntando esos amigos, porque éramos del partido y a todos nos ha afectado el cambio. ¿No crees que es demasiado duro para aceptar el golpe sin resistencia?
En la historia estos hechos se repiten. Si supieras cómo fue en el siglo XIX cada año. Dos o tres cambios. Muchos no habían terminado de entrar cuando ya otros venían a echarlos.
Pues no vale la pena entrar para salir tan pronto, ni tiempo para hacerte a la idea. Pero peor es esto que ya te crees que es para siempre y de pronto fuera. La política es poco agradecida. Trabajar por la sociedad para que te paguen así no es justo.
Francisco Tomás Ortuño
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