Alegre y confiado siempre.
16 Julio 2025 Ntra. Sra. del Carmen 197 – 168
Santana, miércoles, sin novedad en la casa. Te cuento de atrás:
27 marzo 2009: Murcia, viernes espléndido día. Esta tarde, a las 7, serán las misas por la tía Fulgencia, en Santiago, por lo que nos iremos cuando comamos.
Mi soflama de ayer la pasé al ordenador, la saqué con la impresora y se la llevé en un sobre a mi amigo Paco Soler Visiedo. En su puerta estaba, que salía con su señora. Se la entregué en su mano y hablamos los tres unos minutos.
Pude apreciar en el rostro de la señora, signos inequívocos de su insidiosa enfermedad. Con gesto desabrido, censuraba a mi amigo en todo cuanto decía. Pensé que la enfermedad le había cambiado el carácter. Ella no se merecía que sus palabras fueran ásperas y desapacibles.
¿No sería bueno que todos reparáramos ante los demás en ese aspecto del ser humano? Dichos y hechos que no emplearía estando sano. No podemos juzgar a la primera, por un hecho aislado. Es demasiado complejo el ser humano para que lo juzguemos por una respuesta. Sería como querer saber el clima de un país, o de una región, por una visita de unas horas a ese lugar.
El carácter cambia de un momento a otro por una noticia buena o mala, por la visita de un amigo, o la curación de una enfermedad. Habría que tener miles de muestras o momentos de esa persona para tener una aproximación de su carácter.
¿Quién no es variable, sensibles a los estímulos que proceden de fuera? Y, por tanto, como balanzas de precisión, variamos hasta con el pensamiento. Mira que un pensamiento pesa poco. Pues hasta los pensamientos deciden, en más o en menos, en las reacciones que de ellos proceden.
No debemos juzgar. Nos exponemos a equivocarnos en nuestros justos la mayoría de las veces.
El abuelo Amós, alegre y confiado siempre, se tornó triste cuando se quedó solo. ¿Había que apartarlo como algo molesto y apestado por sus maneras? Por empatía había que quererlo más y hablarle con cariño. Su carácter se volvió agrio y taciturno, pero él no se merecía nada. Era otro el que ganó en la lotería y llevó a la familia a Alicante para celebrarlo.
En la escuela, el maestro unos días está alegre y dicharachero con los niños y otros irritable y hosco ante las mismas ocurrencias infantiles. Se muestra de otra manera. Juzga de otra forma. Habría que observarlo uno o dos años para emitir un juicio aproximado sobre él.
Recuerdo que cuando vine a Murcia de director del Colegio de San Andrés, yo llegaba el primero al Colegio. Veía a los maestros llegar y hablaba con ellos. Me decía para mí: “este ha dormido bien, tendrá un buen día con los niños”. “Este viene enojado por algo, todo le va a molestar en clase”.
Y es que la cara es el espejo del alma y nada se refleja mejor en el rostro que los sentimientos. La enfermedad se manifiesta en gestos, palabras y dichos sin que nos demos cuenta, y la mujer de Visiedo ayer expresaba claro que no se encontraba bien.
Francisco Tomás Ortuño
Pensamientos:
Nadie se va de casa a menos que su casa sea la boca de un tiburón.
¿Otro?
¿Qué es la avaricia? Un continuo vivir en la pobreza por temor a ser pobre.
¿LO SABÍAS?
Los avestruces son las aves más grandes del mundo. Pueden medir hasta 2´7 m de altura y pesar más de 150 kg.
A pesar de su tamaño, son sorprendentemente rápidos y pueden correr a velocidades de hasta 70 km/h lo que las convierte en las aves más veloces en tierra.
Los avestruces no pueden volar. Sus alas son demasiado pequeñas en proporción al cuerpo, lo que les imposibilita el vuelo.
Los avestruces ponen los huevos más grandes de todas las aves, con una cáscara dura y gruesa. Un solo huevo de avestruz puede ser equivalente en tamaño a dos docenas de huevos de gallina.
El pico del avestruz es muy poderoso y afilado. A menudo lo utilizan para defenderse. Por eso pueden ser peligrosos en situaciones de amenaza.
Los avestruces tienen un sistema digestivo especializado que les permite digerir alimentos duros como piedras, monedas y metal.
Francisco Tomás Ortuño
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