Futuro incierto.

13 Julio 2025 San Enrique

   Santana la Bella, domingo, sin novedad por aquí. Te cuento de hace unos años:

 

    13 agosto 1984: ¡Qué cierto es que las cosas no son a veces como las vemos! Dependen de nuestro estado de ánimo. Sin darnos cuenta, las cosas se convierten en buenas o malas, agradables o desagradables, según nuestra salud del momento.

   Son circunstancias personales las que provocan amor o desamor, un juicio u otro, de los hechos que ocurren. Este desorden hormonal o visceral de nuestro complicado organismo nos crea situaciones imprevisibles.

   Quien está de mal humor, quien se enfurece sin motivo, quien grita sin venir a cuento, no tiene culpa de lo que hace. Está enfermo de algo que ni él mismo sabe. Uno de los motivos de ver la vida con optimismo es, sin duda, ver el futuro claro.

   Cuando no es seguro el porvenir o nos parece turbio, nos sentimos agobiados y nuestra angustia nos impide ver las cosas con alegría. Podemos hacer la siguiente experiencia: nos duele la cabeza, tememos un mal mayor, nos preocupamos.

   Vamos al médico, nos dice que no tenemos nada, que estamos sanos. Desde ese momento nos sentimos bien. Vamos a un examen con miedo y nos sentimos mal. Aprobamos y el panorama cambia. Así es todo. La juventud hoy vive triste, porque su porvenir es oscuro. La misma sociedad vive momentos de angustia ante un futuro incierto.

 

   14 de agosto 1984: Siete y media de la mañana.

   Con los hijos hay que obrar de modo diferente según su edad y su carácter. Cada uno tiene sus propias exigencias. ¿Desviamos nosotros a nuestros hijos de su conducta recta? A veces creo que sí.

   Son ellos, con sus años, sus gustos y necesidades, los que deben marcar la pauta. Hay que estar atentos. Nadie mejor que ellos mismos, cada uno por separado, para indicarnos lo que su especial momento necesita. No pensar que todos son iguales y que a todos podemos aplicar idénticas medida.

   -¿Me das dinero para la feria?, dijo Pascual Jesús ayer.

   -“Toma mil pesetas y llévalas por si necesitas gastar con los amigos”. Su alegría se reflejaba en sus ojos.

   Miguel es otro caso: -“¿Bajo a la feria con la bicicleta”. Su ilusión se centraba en la bicicleta.

   -“Baja y sube antes de que se haga de noche”, le contesté. Se fue contento como una exhalación. Luego regresó a la hora acordada.

   Ángel pidió unas pilas nuevas para escuchar inglés. Quiere quedarse una noche con su abuela y dar una vuelta por la feria. Pues a darle lo que pide, que él es director de su propia vida.

   Francisco Amós hizo lo propio con su campamento. Y Lina quiso otra muñeca. No te opongas a sus deseos. Sigue al pie de la letra los gustos de tus hijos, que son justamente los más indicados a su edad y a su carácter.

                                                                                              

Francisco Tomás Ortuño .

 

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