Petardos.
2 Julio 2025 San Bernardino 183 – 182 más días idos del año que por pasar.
Murcia, miércoles, sin novedad por aquí, si no es novedad que el domingo nos iremos a Santana a sufrir los calores dos meses, que siempre serán más leves que aquí. Te cuento cosas pasadas con sus fechas:
1 agosto 1984, miércoles, 7:30 h de la mañana, en el chalet. Ligeros ruidos de pasos se escuchan abajo. Es el abuelo que sale de su habitación. A mi derecha veo un sol tímido por entre brumosa niebla que presagia calor. Los periquitos en la terraza, a dos pasos de mí parlotean. Es una mañana más en la historia del verano santanero.
Anoche llegamos de Murcia. El coche, valiente, sin achaques a sus tantos años, parecía el Arca de Noé. Vinimos montados Francisco Amós, Ángel, Lina, la mamá, el abuelo y un servidor, con 50 bultos en la maleta y la moto acrobáticamente encima, en la baca.
Me recordaba otros viajes parecidos a Alicante, Los Alcázares… Pero lo de ayer, ahora que estamos con las Olimpiadas, batía todas las marcas. Hemos traído al abuelo de Cartagena. Ha pasado allí el mes de julio.
-¿Cómo soporta el abuelo sus 83 años largos?
-Mal, sencillamente mal. La soledad le puede, se le empondera, y hace que donde esté, -Alicante, Cartagena, Jumilla, Murcia-, sea para él un lugar de suplicio más que un retiro de tranquilidad. La madre nos dejó el 18 de enero del 83, hace ya más de un año.
Desde entonces el padre no se encuentra. Es su vida una queja y un reclamo de atenciones constantes. El abuelo no aprendió a ser anciano. Una de las cosas importantes de la vida es aprender a ser mayor. Adelantarse en el tiempo y ver que los años pasan deprisa y que todo llega cuando menos se espera.
Vivir con los hijos y con los nietos no es lo mismo que vivir en la propia casa. La situación es otra, el centro de atención o gravedad ha cambiado, el protagonismo se ha perdido. Los abuelos deben ser amor y entrega a los que están con ellos.
La noticia del día es sin duda la muerte de Antonio Salinas. Pascual Jesús ha venido con ella del pueblo y la ha dejado caer en la cocina, quedando todos aturdidos. Anteayer se llevó la tele a su casa. “Voy a Murcia y vuelvo mañana”, le dije. “Estará preparada”, me contestó.
Antonio ha sido otra víctima de nuestro tiempo motorizado. Un camión descomunal lo arrolló. Cuesta creer que la vida esté tan cerca de la muerte.
Francisco Tomás Ortuño
19 marzo 2009, jueves, las 12, en el chalet. Van llegando los hijos y los nietos. El día es francamente bueno. Mis nietas de Valencia han traído petardos, que ahora explotan en el camino.
-¿Qué truenos son esos, señor gallo?, preguntan las gallinas asustadas.
- No los había oído antes, contesta. Pero confiad en vuestro amo y señor. Os defenderé con mi vida si fuera preciso.
-¿Qué ruidos oímos, mamá gata? ¿será que vienen por nosotros?
-Tranquilos, hijos míos, no os pasará nada estando yo aquí.
Los truenos siguen oyéndose. Cada vez más cerca.
-Estamos asustadas, señor gallo. ¿No puede ordenar que cesen esos truenos?
-Me dan miedo los truenos, mamá, dice un gatito por todos los que se cobijan con él.
-Voy a salir a ver de qué se trata; pero no os mováis hasta que yo vuelva, dice mamá gata asustada.
El gallo quiere secundar a la gata pero no puede; a lo más que llega es a levantar el cuello y dirigir el oído hacia donde se producen. La gata con sigilo sube al tejado y ve que los niños abajo tiran petardos en el camino.
-¿Qué podrá ser? se pregunta el gallo. ¿Será peligroso? Y sin poder contenerse pregunta a Pascuala, que en ese momento le lleva la comida. ¿Qué truenos son esos, Pascuala?
-Son truenos de Valencia. Allí se celebran unas fiestas en el mes de marzo que llaman fallas, y a las fallas acude gente de toda España y del extranjero. Luego las fallas se queman y todos se van tan contentos.
-No entiendo nada de lo que dices, responde el gallo.
-Cómo vas a entender. Tú eres un gallo que no has salido del gallinero y que como las gallinas sigues preocupado. Diles que no es nada y que es divertido. como dicen los que van a Valencia y quedas bien.
-Aunque muchos van y vuelven sin saber que van a ver quemar las fallas que representan algunos pecados de los hombres.
-Sigo sin enterarme, exclamó el gallo intrigado-
-Lo que no se quiere, se quema. Hay políticos, banqueros, constructores de pisos.
-Creo que vas a empezar de nuevo. Pero los truenos que tiran los niños ¿pueden hacernos daño?
-No temáis, en Valencia tiran muchos más petardos, carretillas…
-No sigas, que a mí con saber que estoy seguro, me basta y me sobra y allá ellos.
Francisco Tomás Ortuño.
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