Políticos.

26 Julio 2026 Santa Ana

   Santana, sábado, sin novedad en el Alcázar. Te cuento de mis recuerdos de finales del siglo pasado:

   25 abril 1995.- Carmen y Ana Botella.

   -¿Es la Moncloa?

   -Sí, aquí Carmen Romero. ¿Quién llama?

   -Hola, Carmen; soy Ana Botella, la mujer de Aznar.

   -¿Cómo estás, Ana, después del susto? ¡Cuánto tiempo sin verte! ¿Cómo estás? ¿Tan ocupada como siempre?

  -Lo estuve, sí, pero ahora… que si la radio, la televisión, los periódicos, las revistas…

    -Faltaba la campaña que se avecina.

   -De eso quería hablarte, Carmen, de la dichosa campaña del mes que viene.

   -¿Y qué me quieres decir?

   -Que estoy preocupada y no duermo pensando que algo y no bueno va a ocurrir. ¿No te das cuenta cómo están los ánimos, y no ha hecho más que empezar?  Crispado todo el Mundo.

   -¿Y qué podemos hacer nosotras?

   -Creo que bastante: tú a Felipe y yo a José María quitarles fuego más que echarles leña. Decirles que lo que haya de ser, que sea, y que el mundo no se va a hundir porque gane uno o gane otro.

   -Me pides que haga lo que yo ya había pensado, Ana.  Mira, por mí, mañana te daba las llaves de esta casa y tan contenta, de verdad.

   -Yo pensaba que no te daba lo mismo salir que seguir.

   -Prefiero lo primero. Estoy cansada de Palacio. Quiero volver a ser persona, la que era antes con mi marido y mis hijos, y no tanta guardia, tanto protocolo y tanta vigilancia. Que no, Ana, te lo regalo todo para que lo disfrutes.

   -Así nos entendemos mejor, de mujer a mujer. A mí tampoco me hace ilusión vivir en la Moncloa. Cuando llegue el momento, si llega, será como una servidumbre más del cargo de mi marido. Sé que es otra vida menos familiar, más pública. Preferiría seguir como hasta ahora. Pero yo quería pedirte que ayudemos a evitar tensiones, a dulcificar las relaciones de los unos con los otros. Ay, ¿tú me entiendes?, que veo los ánimos disparados y queda más de un mes. José Mari sufre un atentado; Benegas despotrica; Arzallus se dispara… Es que tengo miedo, Carmen.

   -Pienso que no podemos hacer nada, sino esperar a ver cómo discurren los acontecimientos. Ni Felipe, ni tu marido, pueden cambiar el rumbo de la historia. Es como una corriente que nos lleva y hay que aceptar lo que nos depare. ¡Qué más quisiéramos nosotras que poder cambiar algo! A esperar toca, Ana de mi vida.  

   -Sí, en parte te doy la razón. Yo también creo que los hechos ocurren independientemente de nuestra voluntad. Si ha de ser blanco, será blanco por donde eches; si ha de ser negro, será negro, hagas lo que hagas. Pero, ¿quién sabe si con un poco de aquí y otro poco de allá se evita un desastre? Haz lo que puedas y luego acepta lo que venga, ¿me comprendes?  Confiemos en nuestras armas de mujer.

   -De acuerdo, Ana. ¿Cuándo nos vemos para seguir hablando? Me encanta escucharte, veo que muchas personas no se entienden porque no hablan. ¡Cuánto se ganaría en una discusión tomando juntos unas copas !

   -A mí también me gusta hablar contigo, Carmen. ¿Nos vemos el sábado en la plaza de España?

   -De acuerdo.

   -¿A las 10?

   -De acuerdo.

   -¿Por qué no te llevas a Felipe contigo? Yo iría con mi marido y luego quién sabe… Comemos en la Moncloa y os enseñamos la casa.

   -Mujer, sería demasiado.

   -¡Que no, a lo mejor sí que podemos cambiar ese rumbo, aunque solo sea unos gradillos, ja, ja, ja.

   -Eres un sol, Carmen.

   -Adiós, cielo, hasta el sábado.

                                                                                        

Francisco Tomás Ortuño 

 

     13 noviembre 1994: AZNAR PROTAGONISTA:

    -¿Por qué pondrán hoy la biografía de Aznar? ¿Tú qué crees, Carmencita? ¿Tendrá que ver algo conmigo?

   -Me temo que sí, Felipe, me recuerda este programa a otro que pusieron por el año 82, contigo de protagonista.

   -¡Tú también! ¿No sigue España igual?

   -Pues no, Felipe de mi alma, ¿qué quieres que te diga? Hay que estar ciego para no verlo.

   -¿Qué he hecho yo para que me den la espalda? He sido honrado a carta cabal y tú lo sabes.

   -Has sido demasiado tolerante, Felipe.

   -¿Y qué tiene que ver con el programita de hoy? ¿Qué conclusiones sacas?

   -Está claro. Tan bueno has sido que los amigos se han aprovechado y ahora, quizás, ya es tarde para rectificar.

   -¿Tarde para qué? Yo sigo siendo Felipe González, el que arrastra a las masas, aún me quieren, cuando pida sus votos se volcarán conmigo. Todos saben que en Europa me respetan, y en América, y en África, y en todo el mundo. Yo he contribuido a la Unión Europea. Estoy por decir que he sido su artífice y…

   -No sigas, eso lo saben, pero pesa más la corrupción que has generado con tu silencio. ¿No lees los periódicos? ¿No escuchas la radio? Como lobos se te tiran para que te vayas. ¿No lo ves, Felipe de mi alma? ¿Por qué la biografía de Aznar? ¿Por qué los piropos de tus mismos compañeros de partido? Porque ven venir el cambio, porque ven próximo el relevo. ¿Has leído lo que dice tu amigo Ibarra en ABC? ¿Lo has leído? Fiate de los amigos: “La responsabilidad del caso Filesa es de todo el Comité Federal del PSOE incluido Felipe González. Así de contundente se ha mostrado tu Presidente de Extremadura. ¿Y por qué? Porque a perro flaco todo son pulgas. ¿No te das cuenta?, ahora es Aznar que tú fuiste antes. Los tiempos cambian.

   -Entonces, Carmencita, ¿tú crees de verdad que tanta biografía y tanto elogio al señor Aznar pueden tener algún significado político?

   -¿Pero lo dudas? ¿Tú has visto la portada de ABC, que ha dibujado Mingote? Un barco  medio hundido y en la proa ¿qué dice?: La credibilidad. Y tú nadando como puedes para no ahogarte. No te creen, querido. Lo que digas es echar leña al fuego de tu quema.

   -Calla, Carmen.

   -¿Te digo lo que debes hacer? Convocar elecciones y allá se las entiendan. Tú ya has cumplido. Deja otro al mando.

   -Eso quisieran todos.

   -Pues no marees más la perdiz y arroja la toalla como los valientes. Aún es tiempo para que guarde buen recuerdo tuyo.

   -¿Quién?

   -La historia. Las generaciones venideras te recordarán como el político que no quiso ver la mayor corrupción de la historia.

   -¿Y se olvidarán de…

   -De todo lo demás, Felipe.

   -Calla mujer, parece que te alegras tú también de lo que pasa.

   -No, esposo mío, yo soy justamente la que más lo siente.

                                                                        

Francisco Tomás Ortuño  

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