Saber perder.
17 Julio 2025 San Esperado
Santana, jueves, sin novedad en casa. Te cuento cosas de hace unos años:
17 agosto 1984: Diego vino a revisar la instalación de luz. La energía solar es limpia y económica. Las baterías se cargan sin desembolso alguno. Pero a nosotros algo no nos va bien: la luz es escasa, el televisor no se ve, las baterías no cargan.
Diego Guardiola es el técnico de los paneles, el responsable máximo de la empresa de energía solar. Le llamé hace unos días. Por fin estuvo a revisar la instalación. Le invitamos a comer. En la mesa llegamos a la conclusión de que nuestros abuelos eran primos.
El abuelo Amos, que estaba con nosotros, haciendo un alarde de memoria, haciendo recuento de sus ascendientes, llegó hasta la Fuente de las Perdices, donde se criaron juntos unos y otros de ambas familias.
Pienso que sería bueno juntarse, una vez por lo menos cada año, los parientes próximos de la familia. Por ejemplo, los primos hermanos con sus hijos. Antes se viajaba menos, y hasta se vivía siempre en un lugar. Hoy la vida es de otra forma.
Se dispersan unos y otros, como hojas que lleva el viento, y cada cual se aísla de los otros. Se apartan, se desentienden y se olvidan. ¿Será posible que no sepamos cuántos hijos tiene un primo hermano nuestro? Nuestros padres hermanos y nosotros desconocidos.
Y si es así, ¿cómo vamos a saber de sus necesidades o inquietudes? Sí, sería bueno reunirse cada año los hermanos con los hijos. Sabrían más los unos de los otros, se ayudarían si fuera necesario, los primos se hablarían, cada sobrino conocería a sus tíos y cada tío sabría de sus sobrinos.
Es una pena que vivan tan alejados los que llevan la misma sangre. ¡Cuántas veces consanguíneos nuestros, a los que no conocemos, tienen rasgos físicos o síquicos incuestionablemente iguales a los nuestros por herencia de ascendientes comunes!
La familia de Antonio Valero debe seguir esta norma. El año pasado que yo recuerde y este se han reunido en el chalé más de 30 personas. Son todos familiares muy próximos. Creo debe de ser hermoso vivir así una jornada.
Francisco Amós volvió de su viaje. Ha estado en Zaragoza, en Lérida, y en otras provincias. La edad de Francisco Amós es especial, ¿o es él, sin connotaciones de años, el que es distinto?
Observo que se vuelve protestón y despegado: si se le dice blanco, él dice negro; si se le dice que algo es bueno, él tiene que decir que es malo. Su madre y yo lo hemos comentado a solas después.
Creo que los hijos, a esta edad de los 17 años, sueñan con vivir su vida, sueñan con independizarse, con decidir por sí, y los padres les sirven de freno, de impedimento. Su subconsciente se rebela y mira con desdén, hasta con desprecio, desafiante, a quien lo impide.
Francisco Tomás Ortuño.
La lucha de los padres y los hijos es general. A las mayores toca, por su madurez, saber ceder, saber comprender, saber perder.
Francisco Tomás Ortuño
Del “Libro de las Realidades”, de Said Ahmad, del siglo IX:
¿Cuál es la esencia del anhelo sincero? Que no se desee nada de nadie. Que a su vez se tenga apetencias y anhelos. Es decir: quien anhela aquello que ante Dios hace innecesario todo lo que no sea Dios, ese anhela verdaderamente.
¿Cuál es la esencia de la sinceridad? Que la sinceridad de la lengua esté ligada a la sinceridad del interior. Es decir: quien, gracias a la luz del conocimiento y de la fe, es sincero con la lengua, con el concurso de la sinceridad del interior, ese es honrado.
¿Cuál es la esencia de la sobriedad? Vaciar el corazón de cualquier clase de necesidad que lo ocupe. Es decir: Quien ha liberado su corazón de todo cuidado que no sea Dios y se contenta con lo que Dios le tiene destinado, de manera que no necesita nada más que a Dios, ese se contenta con Dios.
¿Cuál es la esencia de la entrega? El sometimiento a la decisión del Omnisciente. Es decir: Quien da las obras de la servidumbre a aquel al que se debe servidumbre, y en la fortuna y la adversidad acata las decisiones de la excelsitud del señorío de Dios, ese pertenece a las gentes de la entrega.
Francisco Tomás Ortuño
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