Terrones de cal.

14 Julio 2025  Santana, lunes, sin novedad en la familia. Ayer vino Miguel, anteayer mi sobrino Paco y señora Antonia. ¡Cómo nos alegran las visitas! Traen recuerdos siempre de amigos y familiares que ya se fueron. Yo te contaré cosas de hace unos años:

 

   15 agosto 1984, día de la Virgen de la Asunción. A las 8, oímos Misa mamá y yo en Santa Ana. El padre Jerónimo ya no está en el Convento. Ha dicho la Misa un fraile muy mayor, bajo y gordito. Ha explicado que la Virgen está en el Cielo en cuerpo y alma.

 

   Me duele todo el cuerpo. Este dolor muscular será debido al esfuerzo que hice anoche, poniendo un asiento nuevo al sillón, con una cuerda que compré a Canales. También por las piedras que bajé del monte para hacer una pared en la puerta de la cocina. Moraleja: No hagas grandes esfuerzos, que el edificio se resiente.

 

   A las 12, Ángel, Miguel y yo, nos dimos un baño fenomenal en la piscina. El agua estaba clara, como el primer día. Hemos encontrado la fórmula mágica: ni cloros ni salfumanes, sino cal, terrones de cal.

   No queda bicho viviente y el agua se mantiene limpia y cristalina. Ángel, después de comer, ha bajado al pueblo. Vendrá mañana o pasado por escuchar la lección de inglés        -lección 14 esta semana-.

   Sé que vendrá mañana, aunque se vuelva después, que tanto le gusta el idioma de Shakespeare. Pascual Jesús sigue con su abuela. Francisco Amós en el campamento. Lina y Miguel aquí con nosotros.

 

   El abuelo duerme bien, come bien y tiene buen aspecto. Solo que las piernas no le responden como él quisiera. El verano sigue a tope, en sus mejores momentos. Marcha a la perfección. Los vecinísimos no han llegado aún.  La familia Valero disfruta de la piscina sin descanso. ¿Cuántos hay en su casa? ¿Quince? ¿Veinte personas?

  

   Ayer, los nervios se me soltaron un poco. ¡Ojo con los nervios! Ese yo que debe cuidar del ganado, debe mantenerse fuerte. La razón debe permanecer tranquila en todo momento. ¿No quedamos en que para vencer hay que estar serenos?

   El Mundo interior se remueve en un instante. Somos esclavos de pasiones, difíciles de controlar, y, cuando menos se espera, te asaltan con violencia.

 

   Estuvimos con Santiago, con Carmen, con la madre de Carmen en Alicante.  La casa de Santiago es un oasis de paz. Ni una sola vez he estado con ellos que no los haya visto tranquilos. Santiago es poco complicado. Contento siempre, sin grandes preocupaciones que le quiten el sueño.

 

   La tía Salvadora, mujer del tío Roque, se enfadó con el artículo que me han publicado en la Revista de Feria. Entre los personajillos de mi “Jumilla a mitad de siglo” figura su padre, Ovidio Pérez.  Quizás porque digo que su voz era aguardentosa.

   ¿Es que no recuerda Salvadora que su padre hablaba y se reía de forma ruidosa, o como quiera llamarse? No me retracto. Yo lo recuerdo tan bien que parece que lo estoy viendo y oyendo en el oficio de mi suegro Inocencio Pastor, adonde iba a menudo. Yo me divertía oyéndole contar cosas de su vida.

                                                                                             


Francisco Tomás Ortuño

 

   ¿UNOS CHISTES?

        -Papá, ¿hay gelatina?

       -Que yo sepa, solo existe la “i” latina y la “i” griega. Nunca oí hablar de la “g” latina.

 

       -¿Qué le dice un semáforo a otro?

      -No me mires, que me estoy cambiando.

 

     -Juan, ¿qué planeta va después de Marte?

    -Miércoles.

 

    -Doctor, tengo el cuerpo lleno de pelo, ¿qué padezco?

    -Padece usted un osito

 

-¡Qué estrés!

- 2 + 1

 

         -¿Sabes cómo se queda un mago después de comer?

        - Magordito.

 

      - Creo que últimamente estás un poco obsesionado con la comida, ¿no te parece?

      -  No sé a qué te refieres croquetamente.

                                                                                             

Francisco Tomás Ortuño 

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