Turcos, rusos y masones.

20 Julio 2025 San Elías -¡Hola, don Elías, felicidades!

   Santana, domingo. temprano, sin novedad en la casa. Te cuento de atrás:

 

   28 marzo 2009, Jumilla, sábado. En mi pueblo se confunden con frecuencia los verbos coger y caber: “Hazte más allá que no cojo” dicen; cuando debían decir: “Hazte más allá que no quepo”. Hasta la confusión ha pasado al terreno chistográfico:

   “No se dice cabo que se dice quepo” corrige el sargento. Luego el soldado se cuadra delante del superior para decir: “A la orden, mi Sargento, ha llegado el Quepo de la Guardia Civil “. Es corriente la confusión entre los hablantes, y no digamos entre los que aprenden nuestro idioma.

   Los verbos irregulares serán una tortura para quienes tienen que aprender la lengua: yo quepo, tus cabes… yo cupe, yo quepa o yo cabré, serán formas muy difíciles de aprender.    Hablo de “caber” pero hay muchos más con los que sometería a prueba al más lince de los estudiantes.

   Pretérito indefinido del verbo andar; imperfecto de subjuntivo del verbo satisfacer; presente de subjuntivo de regir; indefinido de podrir; presente de indicativo de yacer; presente de subjuntivo de roer; verbo abolir.

   Sin duda que los verbos irregulares son para a utilizar desde que uno habla de pequeño; luego es muy difícil, por no decir imposible, dominar. ¿Conjugarías el verbo muir? ¿Y  el proveer o el muñir?

 

   Esta noche se juega España- Turquía. Lo veremos por televisión. Aún me acuerdo cuando los turcos eran para mí seres extraños o extraterrestres. Don Juan de Austria venció a los turcos en la batalla de Lepanto en 1571 decía mi libro de historia y no había más.

   Con los años he visto que Turquía es un estado de Asia más grande que España, más poblado que España, que habla su idioma turco -árabe- y que cree en Alá, es decir que son personas como nosotros.

   Esta noche jugarán y veré que se confunden con nuestros jugadores, puesto que todos tienen cabeza, tronco y extremidades, y juegan a meter goles en la portería. ¿Por qué los creía distintos antes?, ¿tal vez, la televisión me hiciera verlos de otro modo?, ¿quizás por algún juicio que escuchara de niño?, ¿o que mi cabeza pensara que eran de otra galaxia?. Y es que los años de mi infancia fueron especiales.

   No como los de mis hijos, en que ya no se hablaba de guerra civil y se consultaban ciertos nombres y hechos ocurridos. A mí entonces me hacían creer que Rusia era mala o no me la nombraban. La palabra “masón” estaba prohibida en nuestro vocabulario.  Quizás que Turquía y los turcos corrieran la misma suerte.

 

   Pedro ha venido a trabajar, quita hierbas y corta ramas de los árboles. Y la gata esconde a sus gatos nerviosa, pensando quizás que se los van a quitar. ¿Será porque oye sonidos extraños? ¿Quién se mete en la cabeza de una gata para saber lo que piensa? ¿Y quién le hizo ser madre para tener que sufrir y gozar con los hijos?

   Lo cierto es que por las razones que sean, la gata está nerviosa esta mañana. Coge a sus hijos con la boca y los traslada de sitio. Como le hemos cerrado la puerta, los pasea por la terraza hasta dejarlos en un rincón.

   Maúlla la pobre y no sabe qué hacer. ¿Será porque oye una voz extraña? ¿Quien conoce sus pensamientos? En este momento los tiene divididos en dos grupúsculos: ¿falta uno que no sabemos dónde está. ¿Le preguntamos? “Gatita, ¿a dónde has llevado a tu hijo? Mira que no le vamos a hacer daño, que solo queremos que esté bien. Pero no sabe lo que decimos. La dejamos ir suelta y seguro que ella nos llevará. Así ha sido, lo llevó a una habitación. Ay, los animales.

                                                                                       

Francisco Tomás Ortuño


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