Viernes, creo.
11 Julio 2025 San Benito 192 – 173 Sol: 6 ´50 a 21´40 Luna: 22´42 a 8´14 del 12
Murcia, viernes, sin novedad en Santana. Te cuento de atrás:
10 agosto 1984, viernes creo, 7:30 h de la mañana. El sol acaba de salir. Día fresco. Lo del “viernes creo” tiene su importancia. Aquí lo mismo es un viernes que un lunes. Se vive sin preocuparse por nada que no tenga relación con este entorno y con este momento.
Viernes creo. ¡Cómo me gustaría decir lo mismo todo el año! ¿Qué me importa que el calendario diga que hoy es martes o sábado? Un día que amanece con mis hijos dentro de la casa, con la conciencia tranquila, gozando de cuanto se nos ofrece cerca.
Los políticos no quieren que vivamos sin ocuparnos de ellos. Por eso hacen ruido y salen en la tele, como diciendo: “Por nosotros vivís así, nosotros hacemos que tengáis cuanto tenéis”. Yo, en cambio, creo que es al revés. Viven así por nosotros, y por nosotros tienen cuanto tienen.
Dije ya que el mundo necesita de la política, pero menos de los políticos. Política sencilla, escondida, efectiva; políticos que no busquen su medro personal y distorsionen la tranquilidad social.
Muchos políticos tenemos hoy. La vida podría ser mejor en todos los campos con menos personas gobernando En España se pasa de la política. Somos un país apolítico. No preocupa la política. Con un buen pasar y un trabajo sobra.
¿Por qué ese interés en remover las aguas de por sí tranquilas de la nación?
Estoy leyendo “La Máquina de leer los Pensamientos“de André Morois. André Morois es pseudónimo de Emile Herzog, novelista francés que nació en 1885. Se halla en la colección de “Novelas y Cuentos”.
Me llamó la atención de leer en una de sus páginas que “acostarse temprano y levantarse temprano son motivo de felicidad” o algo parecido. Yo lo he pensado también, pero creo que no se puede generalizar, por eso de los biorritmos que todos vamos conociendo.
Es atractiva la novela de Maurois. Nada menos que una máquina de leer los pensamientos. Un catedrático de lengua francesa es invitado a dar Clases en la Universidad de Westmout por su presidente señor Spencer, con el consiguiente traslado a América con su esposa Susana.
Allí conocen, entre otros compañeros, a Hickey, que ha inventado una máquina con la que puede leer lo que piensan los demás. No quieras saber la que se arma cuando el catedrático la utiliza con su mujer; esta luego con su marido, etc.
Te recomiendo que la leas. Es de gran imaginación, de una prosa magistral y de un gran maestro de la literatura contemporánea.
Ayer vinieron los amigos de Francisco Amós a bañarse: Bastidas, Vargas, Poveda, Fernando. Pasaron un buen rato en el chalé, alternando baño con fútbol, baloncesto y ping pong. Fernando vino en su moto. No crece como los demás.
Es chiquitajo como Nicolás, como otros hombres enanos. Los amigos le sacan ya medio cuerpo. Vargas no es alto pero alcanza ese mínimo que lo sitúa en la normalidad. La talla de Fernando no es la normal.
Es curioso, ¿dónde está ese punto de separación? Es como lo del grano de trigo: un grano no es un montón, dos granos tampoco, ¿dónde se inicia el montón de trigo? Con la estatura pasa lo mismo: uno es bajo pero normal; otro ya no es normal. ¿Dónde está el punto de separación en las tallas para pasar de normal a anormal?
Es el ojo clínico, la vista, quien lo dice, sin aparatos ni mediciones, al primer golpe de vista decimos; “normal” o “anormal”. La estatura 1´90 m por arriba o por debajo se salen de lo normal. El ojo aprecia al primer golpe con precisión matemática.
Fernando debe sufrir lo suyo. Golpe tras golpe -risas, palabras, Fernandico-, le van modelando. Bastidas es alto; Francisco Amós, atlético y espigad o; Poveda, robusto; Vargas, bajo. Fernando no da la talla.
Me recuerda a Domingo, también bajo de más. Un día Fanfi, vecino tres o cuatro años, gafas gruesas, se le quedó mirando y le soltó con la sinceridad brutal de los niños: “¡Qué hombre más chiquitajo!”. Los niños son cruelmente sinceros a veces.
Los que no dan la talla lo saben -ya se encargan los demás de hacérselo saber-. Y poco a poco se crean en ellos envidias, resentimientos y conformismos malsanos. Se ha dicho, y creo que con razón, que el tarado no es trigo limpio. Es muy probable que sea así. Entre todos y su defecto el primero, lo han modelado espiritualmente con aderezos de dolor.
Francisco Tomás Ortuño
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