El tío Tom.

 24 Agosto 2025 San Bartolomé

   Santana, domingo y sin novedad, gracias a Dios. Con novedad para la gata, que no sabe dónde ir con Capitán. Té cuento de atrás:

 

   26 septiembre 1984.- Miércoles, 7 de la mañana. Una mañana que promete.

   -Que promete ¿qué?

   -Es un decir. Las campanas tocan a misa. Lina se asoma a ver qué hago. Los demás duermen. Acabo de escuchar la lección Twenti de inglés. Ángel la escuchará después. Francisco Amós se nos quiere unir. De vez en cuando escucha una cinta.

   Pero como Ángel ninguno. Cuando lleve lecciones para el Instituto y para el Conservatorio tendrá que sacar horas de la manga como los prestidigitadores, pero sé que las sacará.

   Ayer estuvimos a hacer su matrícula en el Instituto Licenciado Cascales. Muchos papeles, demasiados papeles. Que si pago en el Banco Vizcaya, que si título de graduado escolar, certificado médico, certificado de que el padre es funcionario, libro de familia numerosa, etc., etc.

 

   Amparo, maestra de párvulos, se presentó ayer de luto riguroso. Pronto se dijo que su madre había muerto. El lunes estuvo también en el colegio, pero nadie sabía nada. Yo hablé con ella, pero no vislumbré su dolor.

   Amparo es orgullosa. no por nada sino porque es así. Parece más joven. Con todo se advierte en ella un carácter fuerte y dominante cuando se la trata.

  

   La frase me baila en la cabeza. La leí hace unos días en el periódico, en una entrevista a monseñor don Enrique Tarancón. Decía este que “ha aprendido una cosa de la gente. Que es buena pero que no se debe fiar de nadie”.

   Y es cierto. Yo lo he dicho también. Somos todos buenos en el fondo, pero no somos de fiar en algún momento. Las circunstancias particulares nos hacen obrar de forma que ni nosotros después pasamos a creerlo”.

   En nuestras relaciones con los demás, debemos tenerlo en cuenta y cuidar mucho sobrepasarnos. Con la gente, pero apartados. Buenos días, ¿cómo te va? y se acabó. Hay que hacer el bien, llevar consuelo a quien se pueda, pero alejarnos por norma.

 

   Estoy leyendo un libro sobre la vida de San Francisco.

   -¿Otra vez?

   - “San Francisco, sabiduría de un pobre”. Su autor es Eloy Leclerc. Creo que la doctrina del Santo es con mucho superior a su persona. Fue hombre desposado con la pobreza, que sufrió y hasta fue despreciado por sus discípulos.

   No quiero repetir que la doctrina que dejó San Francisco es para mí grandiosa y hasta única diría. Pero el Santo de Asís -siglo XIII- la llevó a un extremo que nos impide vivirla los adelantos de la ciencia.

   Pienso que ser franciscano hoy, es renunciar a mucho; pero gozar con lo que proporciona, tranquilidad y confort, sobran muchas cosas, cierto; pero las necesarias, justo las necesarias, no hay por qué prescindir de ellas.

                                                                                               

Francisco Tomás Ortuño

 


 27 septiembre 1984.- Había prometido escribir cada día una carta al abuelo. Ayer le escribí unas letras. Hoy le he llamado por teléfono. Creo que los padres necesitan saber que nos acordamos de ellos.

   Los viejos son impertinentes, pero es que exigen la atención que no tienen. Los hijos están obligados moralmente a proporcionar a los padres esa exigencia. Antes la recibieron de ellos cuando eran pequeños. 

 

   Pascuala va a bordar de seis a ocho de la tarde. Se lleva a Lina. A las ocho fui por ellas dando un paseo. Desde la calle las veía afanadas con su máquina. La gente pasaba sin prisa por mi lado. ¿Qué sentimientos fueron los míos?

   Sí, como el que espera a su novia. ¡Qué ilusión tener por un momento treinta años menos! ¿Pero es posible que tenga yo 50 abriles?

   -No, son 51.

   -¡Qué barbaridad!

   Mi espíritu ayer volvió a ser joven cuando esperaba a mi novia. Nos encontramos a Joaquín y se lo dije: “Vengo a recoger a la novia. Joaquín, por su parte, se quita años. Hoy me ha confesado que nació en el 30.

   Cómo nos pesan y nos duelen los años. Paquirri, el torero, ha muerto en una plaza. No sé por qué me gustaba a mi Paquirri -como torero, claro-. Ponía las banderillas como nadie. Y va y lo mata un toro. 

   Poca gracia tiene la noticia que nos ofrece la televisión, pero la lidia es una pelea a muerte. El toro está en su derecho a matar ¿ o no? Paquirri ha muerto, pero antes él mató a cientos de toros también.

   Concepción Arenal lo dijo: “Muchos animales alrededor de una bestia”. Para mí que los toros o mejor las corridas de toros deben acabar. Ya está bien, sangre y muerte en los ruedos como fiesta. Hoy Paquirri, ayer Manolete, fuera las corridas de toros.

                                                                                         

Francisco Tomás Ortuño.

                                                                                       

   Una casita en el campo.

   El tío Tom era un buen hombre. Su sueño era tener una casita en el campo. Apiló madera, piedras y arena para ver plasmado su sueño. Empezó a levantar la casa con muchas ganas.

   Tenía tanta prisa por acabar su trabajo que no tuvo paciencia para acabar lo suficientemente profundo hasta llegar a la roca. Todo lo que quería era disfrutar cuanto antes de la comodidad y la intimidad de su hogar.

   Por fin su sueño se hizo realidad. Construyó una casita muy bonita, un pequeño palacio donde vivir. Estaba orgulloso de su trabajo y era objeto de admiración y envidia del vecindario.

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