Franciscanos.
20 Agosto 2025 San Bernardo de Claraval
Santana, miércoles, sin novedad en casa, gracias a Dios. Lina está por Barcelona con amigas como otros años por estas fechas; Francis y Ana Isabel atienden a mamá en lo que necesita -comidas, inyecciones, montar en la silla escalera, etc., etc..
Te cuento cosas de otros años que se fueron:
21 septiembre 84 Sole ha venido con nosotros al chalet. Es una mujer encantadora: tiene el don de saber agradar. Las personas que son como Soledad Puche se acogen con agrado donde quiera que vaya. Lo que se les ofrece lo aceptan como lo mejor. Un aplauso para mi amiga Sole.
Ha viajado mucho: creo que ha visitado Francia, Italia, Suiza, Alemania… Los viajes dejan su impronta, pero quizás que todos los que viajan no son así. Es la persona y el viaje, quizás tratar con gentes y ver países.
Yo admiro a estas personas que saben agradar. Nos conocimos en el Colegio de San Andrés de Murcia hace tres años. Luego hemos ido juntos a Andorra, a Salou, y a otras ciudades. Siempre la veo igual: jovial, alegre…
22 septiembre 1984.- Sábado. La noticia me la dieron temprano. Al hermano del practicante le han pegado un tiro en la puerta de su casa. Trágico. ¿Cómo ocurren estas cosas en Jumilla?
Se oye decir en la tele, o se oye en los periódicos, y uno piensa que eso no es posible que ocurra de verdad. “Cosas de películas”, decimos. Pero que te digan qué ha pasado aquí, y esta mañana, y a una persona que conoces, parece imposible.
La vida se ha complicado mucho. El oeste americano, con pistoleros y peleas, parecen nuestros pueblos. Una pena. Creo que el individuo esperó algún tiempo a que saliera para dispararle a bocajarro. Luego se entregó a la policía sin resistencia. Obró con aplomo con pleno conocimiento de lo que hacía.
Como digo, la vida hoy es difícil, las situaciones violentas se repiten. ¿De quién es la culpa? De todos y de nadie. Es la sociedad complicada, los múltiples problemas sociales… contribuyen a que estas situaciones se den.
Una víctima más de nuestra sociedad, una familia más destrozada. Los gobiernos a veces provocan situaciones desesperadas, situaciones límite, enfrentamientos y homicidios como el de hoy. “Yo no te pago”. “Pues te llevo a los tribunales”. “Pues me da igual” y el hombre se ciega y lo mata.
¿Quién tuvo la culpa? Es difícil saberlo. Las pasiones son malas. La razón se pierde. El juez acusa de homicidio a quien dispara, pero habría que ir más lejos para saber las causas profundas del delito. No disculpo al homicida, pero siento lástima por él.
La casa de Luis Gregorio, en Santa Ana, es talmente un Palacio castellano; el hospicio de siempre donde pernoctaban los peregrinos que venían al santuario, ha devenido una casa sobria de mobiliario, pero distinguida y confortable.
Zaguán amplio, escaleras suntuosas, bancos antiguos, puertas pequeñas en las habitaciones, y objetos en anaqueles y hornacinas. Tiene sabor viejo en obra nueva. Ha sabido Luis conservar el tipismo del hospicio secular en una mansión moderna y elegante.
Sole, Pascuala y yo hemos subido al convento. Antes de entrar hemos visitado esta preciosa mansión, que bien parece un Palacio medieval. Hemos quedado encantados oe la visita. Tanto por la belleza y sobriedad de la casa, como por la amable acogida de su dueño.
Una vez más, hemos visto el convento. Siempre con el mismo recogimiento franciscano, tiempo detenido en sus muros pétreos y en sus celdas silenciosas. El pozo del patio, con soportales en torno. El huerto bien cuidado por los frailes.
La biblioteca repleta de libros viejos, el museo ordenado con reliquias precolombinas y tierra de la misma Jerusalén. El refectorio, donde se cuenta que se apareció Jesús a los frailes…
La vida del franciscano es sencillamente angelical. No se explica que unos hombres apartados de todo, vivan allí sin la ayuda providencial de Dios. Qué alegría en sus rostros, qué serenidad de espíritu… Es contagiosa esta inefable felicidad franciscana.
“Donde llega el asfalto se pierde el recogimiento”, ha dicho el Padre que nos acompañaba. Es un milagro el convento. Atentan hoy contra su vida los ruidos de motores, los gritos del mundanal, los provocativos fuegos forestales.
Han de cerrar con fuerza inusitada las rendijas de sus muros los cuatro frailecicos que custodian la centenaria mansión. Labor difícil para tan pocas fuerzas. De milagro califico su heroica resistencia.
Milagroso que este santuario permanezca activo, firme, con los ataques extraconventuales constantes, De la paz del franciscano hemos hablado otras veces. Fray Cándido pasó sin ruido a otra vida mejor haciendo bien a los demás.
Fray Bienvenido, menudo y estudioso, también dejó su celda un día para reunirse con él en el cielo. Fray Pedro, cariñoso y bondadoso, fue tras ellos hace poco tiempo. ¿Quién comprende en su justa medida al franciscano puro? ¿Quién no ve en ellos a unos niños mimados de Dios?
El mundo nuestro debe llevar su vida y su obra a la imitación de los hijos de Asís para salvarse. Franciscano es renuncia y es amor, es pobreza y alegría. Hasta la hermana Muerte, qué sencillez tan envidiable y maravillosa. ¿Quién puede comprender la grandeza de seres tan sublimes?
Francisco Tomás Ortuño.
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