Hay que labrarse el porvenir.

10 Agosto 2025  San Lorenzo

   Santana, domingo, las ocho y sin novedad en la casa, a Dios gracias. Te contaré recuerdos de hace cuarenta años:

   6 septiembre 1984.- Volvemos Francisco Amós y yo a Jumilla, otra vez a este delicioso rincón. El padre tranquilo casa de José María. Juana dice que está “un poco alelado”. Puede ser. Pero también puede ser que lo haga, como el tío Jesús hacía con la sordera: “Yo digo que no oigo y así me entero de lo que dicen”.

   El padre está perfectamente. Si parece alelado es que lo hace para que lo atiendan mejor. El anciano tiene su psicología especial: quiere que se extremen con ellos las atenciones, y cada uno se las ingenia a su manera para conseguirlo.

 

   Francisco Amós está orgulloso porque lo han nombrado Secretario del Club Almenara. Algo es algo, que dijo aquel. Lo importante es que el cargo no sea una carga para lo que de verdad importa. Hay que labrarse el porvenir -Jo, qué frase más pedante me ha salido-.

   En el coche, Francisco Amós me ha dicho que quiere estudiar Letras y no Ciencias. Puede ser que le vayan más los estudios de Filosofía o de Literatura que los de Física o Matemáticas, el tiempo lo dirá. Me consta que tiene facilidad para expresarse por escrito y esto ya es una buena base para las letras. Pero también tiene diplomas de Matemáticas como alumno distinguido.

 

   Observo que, tanto en Murcia como aquí, la gente nos trata bien, demasiado bien: se deshacen en cumplidos con nosotros. Me hace pensar eso que la gente es mejor de lo que pensamos. Hay más gente buena de lo que creemos.

   Pienso que es mejor decir que la gente es buena si no la hacemos nosotros ser mala. Tratemos siempre a los demás con respeto, con amabilidad, con atenciones, y veremos resplandecer su bondad, su amabilidad a raudales.

 

   Anoche, en la tele, habló un señor de la envidia de los españoles. Dijo haber escrito un libro que titula “La envidia comparada”, o algo así. Insiste en que los españoles somos envidiosos, que la envidia es la lepra nacional, o algo por el estilo.

   Hay que pasar de la envidia, desconocerla, olvidarla. Nada mejor para apartar la envidia que sentirnos insignificantes. Uno despierta envidias cuando triunfa o logra cosas importantes. Pues, por nuestra parte, para no ser blanco de ojos envidiosos, cubramos con tupido velo nuestras virtudes o grandezas, relajémonos, humillémonos, y así los otros nos admitirán con agrado.

   Encuentro divertido hacernos menos a los demás de lo que somos realmente. Es decir, hacernos el tonto. Divertido, sí, porque se advierte pronto como las personas que te tratan se sienten importantes, se crecen y son felices. Es un juego sano. Prueba a ser ignorante y verás como te quieren, y como haces felices a los demás.

   Me recuerda a un amigo en el Colegio: los compañeros le dan de lado, como vulgarmente se dice, y todo por su aire de superioridad, de suficiencia. “Yo soy licenciado”, se le oye decir a menudo. Y esto cae gordo a cualquiera.

   Te has equivocado, amigo, tu política no debe ser esa. Hay que ser sencillos como palomas, que dice el Evangelio.

                                                                                                         

Francisco Tomás Ortuño


   7 septiembre de 1984, viernes, en la terraza de cemento se quita el columpio. Una etapa larga la del columpio. Se compró siendo muy pequeño Francisco Amós. Se instaló en esta terraza cuando la hicieron, allá por el año 1977 o 1978.

   Todos han pasado ratos en el columpio de pequeños y lo recordarán como parte del chalé. La terraza desde hoy va a cambiar su fisonomía, porque desde que existe lleva el adorno del columpio a cuestas. Veremos de prolongarle la vida, aunque sea subiéndolo a otra terraza.

  

   Linda:

   Linda va a tener cachorros otra vez. Por eso la hemos llevado con su otro amo para una temporada. Linda es también parte de la familia en el chalé. No conozco animal que más quiera a sus dueños. Le falta hablar para expresar sus sentimientos, pero los manifiesta con saltos, con ladridos y lengüetazos.

   Mis hijos dicen que Linda se ríe. Es una alegría la suya, a veces, que parece más de persona que de animal. A Linda, nuestra perra pekinesa, la cuida en invierno otra familia. Le cuesta trabajo quedarse, pero se resigna.

   Sabe que tiene dos casas y lo acepta, pero cuando nos ve de nuevo cada año, su alegría vuelve a sus ojos. ¿Qué pensará este animal? Porque nos reconoce después de un año. ¿Por qué a la hora de acostarse nos mira y se va a la cochera donde la encerramos?

   ¿Por qué si vamos al coche nos pide con saltos llevarla con nosotros? Es inteligente Linda, sumisa, agradecida y simpática. En la casa todos la queremos y ella nos corresponde. Estuvo con nosotros en Los Alcázares -Camping Cartagonova-, estuvo en Alicante, en Cartagena, y en muchos sitios más.

   Cuando viaja mira por la ventanilla, orejas levantadas, y observa el paisaje como uno de nosotros. A Linda le falta hablar, porque pensar, vaya que piensa. ¿Y su memoria? ¿Qué me dices de su memoria? Como una persona, que te lo digo yo, como una persona.

 

   Lina, María de Los Ángeles y María Elena, preparan una fiesta para mañana. Quieren celebrar el Santo de las tres, que caen cerca. ¡Bien por las Marías! Habrá coca colas, pasteles y dulces de chocolate.

   Llevan de cabeza a sus madres, que son las que hacen el trabajo de la cocina. Vendrá la yaya Isabel a hacer fritillas, y el día será redondo para todos.

 

   Pascual Jesús vendrá mañana con su amigo Antonio. Traerá la nota de música de Francisco Amós, nota que nos tiene a todos nerviosos, con el miedo de la duda. Me voy temiendo lo peor con el sexto de piano.

   ¿Será posible? Yo pensaba que era, como quien dice, pan comido, y resulta que tengo la corazonada de que se ha pinchado. ¿Sería la culpa de ese dichoso Club Almenara, que tantas horas le ha quitado de estudiar?

   Dice Pascuala -my wife- que nuestros hijos no son de discoteca; pero yo pienso que un club de este tipo puede ser para el caso lo mismo. Hoy como siempre, o más que nunca, hay que luchar para vencer en la vida, por la competencia.

   Los jóvenes han de entregarse en cuerpo y alma a los libros, si quieren alcanzar su meta. En cambio, como jamás se ha visto, hay muchas diversiones, muchas distracciones en el camino: televisión, discoteca, droga, cine, revistas…

   Continuaré mañana.                                                        


Francisco Tomás Ortuño

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