Mi diario.

15 Agosto 2025 Asunción de la Virgen

   Santana, viernes, sin novedad en casa.  Te cuento de atrás:


   15 septiembre 1984 .- María Dolores Abizanda, nuestra vecina, ha leído mi libro “A la sombra del Roalico”. Dice que le encanta. A lo mejor es verdad. Y dice que ella también hace años empezó a escribir un diario como el mío, en el que reflejaba la vida de su familia.

   La verdad es que escribir un poco cada día, aparte de ser buen ejercicio, un pasatiempo o distracción, es un recuerdo, como las fotos, para saber más tarde cómo éramos entonces y en qué ocupábamos nuestro tiempo.

   Hay personas que coleccionan sellos, o llaveros, o monedas. Yo colecciono hechos. El fin es quizás el mismo: estar ocupados. Mi ocupación, para mí, es superior a las otras. Primero, porque colecciono frutos míos; y segundo, porque servirán más tarde, a mis hijos, para recordar cómo vivían cuando eran niños y cómo lo hacían sus padres.

   Mi gran ilusión sería que estas hojas que escribo ahora, sirvieran con el paso de los años, para reunir a mis hijos de vez en cuando, supongamos que fijan un día cada año, como obligado encuentro.

    Los cinco: Francisco Amós, Pascual Jesús, Ángel Inocencio, Miguel y Lina, en el mismo chalé, donde tantos recuerdos habrán de encontrar de sus años de la infancia, con sus familias. 

     En ese encuentro, unos minutos los dedicarán a leer de este diario, con el retrato de los padres presidiendo, todos reunidos como ahora. Su madre y yo lo haríamos desde el Cielo el encuentro de cada año.

   Si esta idea se cumpliera, mi pasatiempo de hoy habría servido de mucho.

 

   Hoy ha sido el día de la barbacoa, parrilla o como venga en llamarse luego. La criatura está tan recién nacida que está sin bautizar. Ángel llama al neófito simplemente el sillón, porque tiene esa forma. Mamá duda entre barbacoa o parrilla.

   Los demás no se pronuncian. Para mí es la barbacoa. Lo cierto es que ha quedado bien. Esta tarde se revestirá por fuera de cemento y colorín colorado otra obra más al bote para la historia del chalet. Luego vamos a poner música con la radio, a traer piedras y amasar cemento.

    Los vecinos miran de lejos como diciendo “¿qué estarán haciendo ahora?” ¿será una mesa? ¿será un sillón? ¿será una cama? ¿será un balcón? ¿que será, será? Me río pensando en los comentarios que la obra suscite: ¿Será una mesa? ¿será un sillón? Cuando se vayan, me entero yo.

 

   Victorio Esteban trajo ayer materiales para obrar en su casa. Hoy debía venir el albañil, pero ha fallado. Y es que “no hay mejor hacienda que la que uno se hace”. Trajo varios sacos de cemento y un montón de arena.

   ¿Cuántos granos de arena forman un montón? ¿Qué grano será el afortunado en convertir la arena en montón? ¿Qué irá a hacer Victorio Esteban? ¿Será un aljibe? ¿Será otra barbacoa? ¿Qué será, será?

   Le dije anoche al vecino que debemos arreglar el camino que sube a la cochera, si bien el albañil un día lo dedicara a este camino, y pagaremos entre los dos.

   Toma, claro, faltaría más. Si viene el albañil, porque hoy no se sabe. Los que trabajan son los que mandan, aunque digan otra cosa. Que si paro, que si no paro. Pero la gente vive sin privarse de nada: bares, comilonas y veraneos en la playa.  Luego a quejarse y hacer su huelga, porque así no se puede vivir.

    Y negociaciones entre patronales y sindicatos. Una juerga, vamos, una juerga. Y si no quieres esta, te agarras a la huelga de futbolistas: que si juegan, que si no juegan, que si la Federación de Clubes, que si el Gobierno ahora ha inventado la quiniela sin fútbol…

   No es serio, hombre. Esto es juegos de azar. Hay que llamar las cosas por su nombre: una cosa es el deporte y otra jugarse el dinero a la ruleta o a las cartas. No es serio, repito. Lo de las quinielas sin fútbol, pero quien renuncia a tantos millones semanales.

   Una tentación justificada con todo el Patronato de Apuestas se va a resentir con la dichosa huelga, porque la gallina de los huevos de oro está agonizando, vamos como el gallo de Morón, cacareando y sin plumas.

   Los futbolistas, por su parte, pienso que estarán asustados al comprobar que la vida sigue igual, como dice un cantante, sin ellos. Les puede ocurrir como a los políticos: si probaran a perderse una temporada por el foro, que la vida seguía tan campante sin que la gente se molestara un tantico así, en rogarles que volvieran.                                                                                                 

Francisco Tomás Ortuño

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