Mi memoria es un desastre.
31 Agosto 1925 San José de Arimatea
Murcia, domingo, vuelta ayer a casa y sin novedad en la salud. Dejamos atrás otro verano santanero con sus cosas propias del verano: baños en la piscina, hijos con nosotros yendo y viniendo, dos colombianas limpiando, etc-
Ángel trabajando por Alemania, Ana con su esposo, como debe ser, sus cuatro hijas entre baños y viajes (Laura en Perú, hoy cogen el avión para reunirse con sus padres, Pablo y Jaime por Valladolid, Fran con la novia por Valencia, etc., etc.
Te cuento de mis recuerdos:
4 octubre 1984.- Amanece el día de mi Santo. Son las siete de la mañana, jueves, ya es de día, parece un día normal, más bien bueno. Ya me he oído la lección twenty one de inglés en la cocina, dos veces que es mi ración.
Anoche tuvimos reunión con los padres en el colegio. Duró desde las ocho hasta las diez. La asamblea estuvo concurrida. Había más de cien personas.
En la presidencia, la Junta directiva y un servidor, director del colegio, en calidad de invitado. Una reunión fácil, poco conflictiva. El presidente se limitó a exponer los puntos del orden del día y se acabó.
Al final, en ruegos y preguntas, algunos dijeron algo, pero poco. La gente, como dije más atrás, no se pronuncia en las reuniones. Solo algunos, siempre los mismos, lanzan su pregunta con afán de lucimiento, sin importarles demasiado la respuesta. Nada nuevo bajo el sol, nihil novum sub sole.
Sarabia ayer me regaló un libro por mi Santo, y me lo dedicó y todo. Sarabia es un buen amigo y tuvo que ser un compañero ejemplar. Yo le conocí poco tiempo en su clase de San Andrés, pero se habla mucho y bien de sus años de Mula, años de madrugar, de dormir poco, de preparar sus clases de bachillerato: latín, griego, matemáticas, filosofía…
Hoy quiere pero ya es otro y él se da cuenta: “Mi memoria es un desastre”, dice a menudo. Valiente don Francisco, felicidades.
Francisco Tomás Ortuño.
Comentarios
Publicar un comentario