Reuniones.
25 Agosto 2025 San Luis IX, rey 237 - 128
Santana, lunes, sin novedad en casa, a Dios gracias. Te cuento de otros años:
28 septiembre 1984.- Tuvimos ayer en el Colegio una reunión con los padres de los alumnos de sexto. Se trataba de una presentación de los nuevos Profesores don Joaquín y don Antonio. Tuvieron su primer contacto con los padres de sus alumnos.
Expusieron la marcha que van a seguir en el Colegio. Don Antonio habló primero. Llevaba un guion de asuntos a tratar en un folio y un libro con citas buscadas para leer en su momento.
Estaba un tanto nervioso, lo que suele pasar cuando uno quiere quedar bien. “Esta gente es de mi barrio, yo soy Antoñico para muchos, me van a conocer mejor”, pensaría.
Don Antonio soltó un rollo largo y deshilvanado que aguantamos todos con exceso de prudencia: que si deberes para casa, que no sabía de otro medio para que el niño adelantara, que si en el extranjero donde él había ejercido… Salió del trance con más silencio que palmas.
Con poco más, tocó su turno a don Joaquín. Yo conozco a Joaquín, sé que estas situaciones no le asustan, tiene tablas y recursos para quedar bien. Con todo, tras la perorata de Antonio, temí por él unos instantes.
Pero no, Joaquín es tranquilo y sabe estar, llega pronto a la gente, conecta enseguida, se gana a los padres, y así fue. Dijo que lo suyo eran las matemáticas y las ciencias, que no era partidario de deberes fuera del colegio, y que muchas cosas que podría decir estaban expuestas en su libro, próximo a publicarse.
Si don Antonio se lució con el extranjero, don Joaquín lo hizo con su libro. Quedó bien, en una palabra. Se pasó después a las preguntas. En las reuniones, esta parte de preguntas tiene casi siempre un denominador común: el lucimiento.
Hay pocas personas que preguntan, porque les da miedo -respeto humano-. Temen al qué dirán, hacer el ridículo. “¿Diré una tontería? ¿Qué van a pensar de mí?”. A los atrevidos, les gusta que los vean, ser el centro de atención, ser escuchados.
Se pavonean a sus anchas, se estiran y se ensanchan con delectación morbosa. Y estos personajillos improvisados gritan y provocan, encienden con su acalorada verborrea a las masas y destruyen cuanto haya que destruir.
Las reuniones son harto delicadas. Pueden muy bien ir por lana a ellas y salir trasquilados. Estoy contigo, Joaquín: si dos personas se entienden mal, ¿qué se puede esperar de 80 ?
Cada cual va como enemigo en potencia de los demás. Y esto es un polvorín. No puede ser constructiva la reunión. Y hoy se vive con la obsesión de las reuniones y así nos luce el pelo.
Francisco Tomás Ortuño
29 septiembre 1984.- Sábado lluvioso en el chalet. Día para gozar de soledad con la familia. Pascual Jesús se quedó en Murcia solo por el fútbol. ¿Qué va a ser de Pascual? ¿Será futbolista? ¿Quedará su afición en agua de borrajas?
El final será tal vez olvidarse de los campos como hice yo cuando tenía sus años. Es un recuerdo que conservo fresco: volvía una tarde solo de jugar un partido, con gente de domingo por las calles, por el jardín del Rollo. Me sentí apartado de los demás.
Decidí en aquel momento colgar las botas y así fue. Ya no jugué más partidos ni seguí con entrenamientos. Comprendí que el fútbol no iba a ser mi modus vivendi en el futuro. A Pascual le pudiera ocurrir lo mismo.
Son las 9:00 . El sol sale. Les oigo correr por la terraza. Miguel goza haciendo rabiar a Lina y Lina huye de Miguel gritando. Pero quiere que vaya tras ella. Potrillos sueltos parecen. Angel ha escuchado su lección de inglés.
Francisco Amós y la mamá terminan la barbacoa, y yo feliz escribo estas notas.
Francisco Tomás Ortuño.
Comentarios
Publicar un comentario