Ser o no ser.

11 Agosto 2025 Santa Clara de Asís, fundadora de las Clarisas. 


FELICIDADES A MI NIETA SOFÍA EN SU DIECIOCHO CUMPLEAÑOS.

   

Santana, lunes, las ocho y sin novedad, a Dios gracias. Sigo con lo que contaba ayer: 

 

    Hay que ser valientes para pasar de lo superfluo, de lo accidental, de lo que no es esencial. Y esto ocurre hoy: que más de los que debieran, se engolfan en pasatiempos que tienen su fin en ellos mismos, que muchos se quedan en el camino.

   Una pena, pero una realidad. La vida debe orientar más y mejor al joven, y no darle tantos medios de perdición. Es una tentación verse entre golosinas y pasar de ellas. De héroes. Tal vez la culpa no sea de los jóvenes sino de los mayores, que programan la vida social.

   El club Almenara va a ser decisivo, me temo, para Francisco Amós. Me explico: el club le salió al paso un día y no lo suelta. Ha tenido para él un aliciente singular, un peligro ya que roba mucho tiempo a otras actividades: sus estudios de piano, su bachillerato…

   O se salva, encontrando allí la vocación de su vida, o se pierde, distrayéndose de lo que puede ser su futuro: unos estudios y una carrera.

   Pero es de otro tipo, me dirás.

   No sé, no sé. ¿Podría yo decidirme, en su caso, con absoluta certeza de que seguía el mejor camino? Muy difícil lo veo lo que le ocurre a él. Pero pienso que lo más prudente sería distanciarme un tanto del club para ver más claro las cosas. De muy cerca no se ven con nitidez. Los árboles no dejan ver el bosque.

   Me retiraría con cuidado para no herir susceptibilidades, vería a distancia el club y su problemática, estudiaría en profundidad mi situación dentro de él, objetivamente, y, por fin, obraría en consecuencia. Eso es lo que yo haría, y lo que debe hacer Francisco Amós.

   Tomarse unas vacaciones de club, y desde lejos en tiempo y espacio, decidir seguir o decidir marcharse. No es un juego ni un pasatiempo el club. Es un destino: ser o no ser. Así que, hijo, ve lo que haces por tu bien.

   Mi consejo es este: sal con prudencia, con elegancia, con promesas de volver y de ayudar siempre que te necesiten, pero sal. Y una vez fuera, con tiempo para pensar, la solución vendrá sola. El tiempo es el mejor juez. Con tiempo y distancia se ven mejor las cosas.

   Hay cosas que no se deben buscar, que hay que toparse con ellas. Una de estas puede ser la vocación. Si yo te obligo a estudiar Magisterio no estoy con ello haciendo de ti un maestro ejemplar. Si te obligan a ser Médico, lo más probable es que fuera médico por el título pero no por amor.

   La vocación viene sola, con una fuerza arrolladora difícil de parar. Es como quien busca la esposa para compartir el resto de su vida. Si se precipita, lo más seguro es que yerre. Si tiene paciencia, verá que un día se le ofrece, cuando menos la busque, en bandeja.

   Tiempo y espacio, dos condiciones para obrar en esta vida en cosas importantes. No te digo más ahora. Tú, que eres muy dueño de tu vida, obra como veas mejor, como creas mejor. Solo quiero darte mi consejo, nunca librarte de ser libre y responsable de tus actos.

 

   8 septiembre 1984: La lluvia de anoche fue de las que hacen época, de las que se recuerdan. Fue de poco tiempo, pero aparatosa y fuerte como pocas habíamos visto. Las casas de los vecinos no se veían.

   Una niebla espesa, una cortina de agua con granizo como avellanas, relámpagos y truenos que retumbaban como cañonazos. Luego la rambla era como un río, los caminos quedaron destrozados, y algunas vallas rotas.

   Nuestro aljibe no recogió mucha agua, ya que las rejillas se enlodaron y no dejaron pasar el líquido elemento, otra experiencia a tener en cuenta para la próxima tormenta.

  

   Hoy el sol luce y el monte es como un jardín recién regado, día para coger caracoles, pero que no hemos ido nadie por ellos. Pascual Jesús no está y los demás no han tenido ganas. Yo bajé al pueblo con Miguel por provisiones.

   El abuelo está bien dentro de lo que cabe. Lo he afeitado y su cara es de un joven. Su aspecto es saludable pero sus fuerzas no le acompañan.  El brazo no llega a la boca, por lo que hay que darle la comida. Las piernas casi no lo sostienen, con lo que no anda apenas.

   Esto da idea del cuadro que ofrece hoy el abuelo. Si se ríe, llora. No controla los sentimientos. Su aspecto es un tanto bobalicón, como dijo Juana. Algo debe hacerlo. Por eso que decía de que los viejos buscan la forma de que se les atienda; pero otro algo, no sé calcular en qué porcentaje, tal vez un 50%.  Es que se apaga su cerebro. Una pena si se da cuenta de su estado, que vaya si se da.

 

   Lorenzo ha estado a verlo. Lorenzo consuegro de la tía Vicenta cumple como amigo y como parte de la familia. Lorenzo, viudo, con muchos años también, quiere distraerse yendo y viniendo, paseando o leyendo.

   Pero, al fin, se ve solo entre nietos; solo con sus hijos; le falta la mujer, que es como faltarle todo, todo cuanto le proporcionaba verdadera compañía. Con su bastón anda mucho, pero no ir a ninguna parte es cansarse para nada.

   Otro caso el de Lorenzo, padre de Pedro y de Marcos, como tantos casos que se pierden en el anonimato. Y es que hay cosas que no tienen solución; y una de ellas es la vejez. Los achaques en el atardecer de la vida… ¿Residencias? ¿Con los hijos?...  da lo mismo. La vejez no tiene cura.

   ¿Resignación? ¿Fe? ¿Conformismo? es igual. El anciano no puede vivir. Se le acabó la cuerda.

   Mi suegra ha venido a pasar el día con nosotros. No para de hablar, pero habla dando órdenes: “¡Ven!”, “¡Toma!”… Son frases secas, a bocajarro, y así siempre. Genio y figura. Mi mujer la soporta con entereza. Con entereza y con amor.

   Es lo que la distingue de otras. Ha soportado a su madre con alegría. Ahora a nosotros, que no es poco. Y le queda lo más duro: los hijos la pondrán a prueba en el futuro.

                                                                                                 

Francisco Tomás Ortuño.

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