Trabajo de colmena.
5 Agosto 2025 Ntra. Sra. del Remedio 217 – 148
Santana, martes, temprano y sin novedad en casa, gracias a Dios, que fuera lo desconozco. Te contaré cosas de antes que recuerdo:
25 agosto 1984: Mucho tiempo hacía que no hablaba con don José. Creo que desde que era Alcalde de Jumilla. Don José Yagüe no ha cambiado, ni física ni espiritualmente: su larga uña de águila en el dedo meñique, su bigote ancho y recortado, son los mismos de hace treinta años.
- “Don José quiere verte” -me dijo mi hermano José María. “No te vayas a Murcia sin hablar con él”.
Ayer estuve en su casa, frente al jardín del Rey don Pedro. Estaban doña Isabel, Maribel, su marido Fernando y los dos nietos Antonio José y María Isabel.
Don José estaba en el casino, pero su mujer lo llamó por teléfono. Vino enseguida. Los jóvenes se fueron. Doña Isabel nos puso en el salón unas cervezas con abundante aperitivo.
Don José me habló de política, de las carreras de sus hijos y de él mismo.
Recuerdo a don José en el Colegio de la calle Capitán Cortés. Se entraba por una puerta estrecha, enfrente justo del ambulatorio.
Cuando hablaba ayer don José, yo lo recordaba en aquel pequeño mundo de trabajo. Está bien conservado, sigue siendo el mismo de entonces, quizás con más barriga y más pesado al moverse. Sentimos ambos simpatía mutua, nos encontramos bien hablando, lo pasamos bien juntos.
Cuando nació su hija, me invitó en el kiosco del jardín; cuando aprobé las Oposiciones de Dirección de grupos escolares, también lo celebramos juntos; siendo Alcalde, hemos comido varias veces en la misma mesa por motivos diferentes.
Don José me aprecia, lo sé; yo también a él, lo sabe. En una ocasión me ofreció su casa de Valencia por si tenía necesidad de pernoctar allí. En otra, dinero por si quería seguir estudiando fuera. Nuestra amistad tiene raíces.
Don José ha triunfado: ha sido Maestro, Director, Alcalde y miembro del Gobierno Regional. Hoy ha cumplido sus sueños en la docencia y en la política.
Ayer hablaba yo con don José en su casa, tranquilos, con una cerveza delante, y pensaba en su brillante trayectoria: vida intensa de constante lucha y éxitos palpables.
Yo admiro a un hombre así, y no quisiera verlo caer. Su desplome será por fuerza fulminante, como el de los gigantes que no conciben la derrota. Que no llegue ese momento le deseo de corazón, don José.
Francisco Tomás Ortuño
26 de agosto 1984, domingo espléndido, de verano otra vez. Silencio a mi alrededor. Los días pasan deprisa. A la vuelta de la esquina, el trabajo otra vez: Murcia, Colegio, reuniones.
Si no ocurre nada, del martes en 15 días daré una vuelta por el Colegio. Veré a los compañeros y fijaremos una fecha para la reunión de Claustro.
Cada Profesor debe ser responsable con su trabajo. Siendo así se simplifican las cosas. Un Colegio no debe ser una obra de moros. Siendo profesionales y niños, cada cual en su parcela con lo suyo. No hay que hacer difícil lo que es fácil.
Esto es lo que yo quisiera inculcar en las mentes de los Profesores del Colegio como Director. No hagamos difícil lo fácil: en Preescolar, Profesoras y niños, a trabajar. En el Ciclo infantil, lo mismo.
Programas sencillos, Niveles a cubrir, Objetivos a alcanzar, Trabajo de colmena, y Explicaciones sencillas. Hacer amena la Escuela, hacer grata la estancia allí a los niños. ser amigos unos de otros. Fuera caras hoscas y gestos desabridos.
El Colegio va a abrir sus puertas pronto. Cientos de niños llenarán las aulas. Unos por primera vez; otros como veteranos. Los profesores esperan que el telón se levante para empezar la función.
Habrá una reunión previa de Maestros para conocer papeles específicos: uno asumirá el de Secretario; otro el de Tesorero; otro el de Jefe de Estudios. Pocos cargos para no complicar las cosas. Sencillez en todo, esta es la clave
Lo principal, el niño y la enseñanza. No nos perdamos en cosas secundarias. Distribución de niños, de materias, de horarios. Sencillez. Maestro, niños y objetivos a lograr. Muchas explicaciones, sin perder de vista lo que se pretende.
Si el niño no sabe a qué va la Escuela, malo. Si el niño repite siempre lo mismo, machaconamente, sin ilusión, sin motivaciones, malo también. Al niño hay que ilusionarlo y darle su trabajo a realizar.
En primero, que el niño aprenda a leer, a escribir, a sumar y a restar, aparte muchas explicaciones elementales de todas las materias: geografía, historia, ciencias, religión… y siempre a la altura de los niños que hay delante.
No compliquemos la existencia con otras exigencias que no están a su alcance. Vamos a meternos en la cabeza, de una vez por todas, que la Escuela no es la Universidad. En la Escuela se debe aprender lo básico -educación general básica-.
Se debe aprender a estudiar. Hay unos niveles mínimos que hay que alcanzar. Maestro, niños y unos niveles. Ahí está el trabajo de la clase: conocimientos a transmitir, ideas a respetar, compañeros a querer, objetos a compartir.
La Escuela debe ser eso: ejemplo de la vida social, donde no caben palabras malsonantes, ni gestos de pesimismo. El niño aprende a ser allí y lo que ve y hace allí será luego. La Escuela debe simplificarse en todo y renovarse.
El niño debe sentirse allí bien, feliz. El Maestro debe ser un amigo y un padrazo con todos. La Escuela debe ser un modelo de sociedad donde se sientan todas las virtudes y no se adviertan los males que hay fuera,
Sencillez, amor, alegría, enseñanza simplificada, ambiente grato, compañerismo. Sacudid, Maestros, ahora que empieza el Curso, vuestras tristezas, vuestros temores, vuestras desilusiones.
Quedad solo con las ansias de vivir que habéis de transmitir, con el optimismo que habéis de generar en los niños, con el amor que habéis de llevar a sus almas para llenar el mundo.
Francisco Tomás Ortuño.
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