Charla lenta y distanciada.

2 Septiembre 2.025   San Jacobo Bonnau   Sol: de 7´43 a 20´45


   PARA PENSAR: La fe se propone, no se impone.

   Murcia, martes, las ocho, día de comienzos y carreras en las casas, día distinto.  Sin novedad de salud. Cuento de atrás:

 

  6 octubre 1984, sábado ventoso. Molina -don Antonio- me regaló un libro de Zunzunegui. Don Antonio es atento y buen compañero.

   La reunión que tuvimos ayer los Profesores fue un ejemplo de lo que deben ser las reuniones. En unos minutos estaban nombrados los representantes del Claustro para formar parte del Consejo de Dirección y de la Junta Económica, único punto del Orden del día.

 

  - ¿Qué hora es?, preguntaba yo.

  - Temprano, respondía él.

   Me refiero a Celestino, buena persona donde las haya y buen amigo. Celestino y yo cuando teníamos 20 años, dimos juntos muchas vueltas al jardín de Abajo y muchas también a la calle de la Feria desde el teatro Vico a  a farmacia de Guillén.

 

  - ¿Está Celestino?, preguntaba yo desde la puerta de su casa.

 - ¡Celestino!, gritaba su hermana Margarita.

 

   Y Celestino bajaba por unas escaleras grandes que había a la izquierda del porche, conforme se entraba de la calle.

   Su madre, al fondo, en una estancia encristalada que daba al patio, cosía ropa con gafas como un pequeño bulto sobre su hacienda.

   Hermógenes, el padre, figura patriarcal de los antiguos, leía frente a ella en un sillón en su papel de jefe de familia. ¡Qué paz se respiraba en esta casa!

 

   Casi sin hablar salítamos calle abajo y nos íbamos al paseo de la estación. Si lucía el sol, cogíamos la vía y llegábamos a la Estacada. ¡Cuántas veces habremos ido al Puente de Hierro y más allá en mañanas de domingo!

   Nuestras conversaciones eran comentar una noticia, recordar otros tiempos y cosas así. Nunca temas de discusión acalorada. Siempre apacible. Nuestra charla, lenta y distanciada como el paseo, con espacios de silencio, Y vuelta atrás, despacio, callados o diciendo cosas que apenas esperaban respuesta.

                                                                                         


Francisco Tomás Ortuño.

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