Discoteca.
20 SEPTBRE 2.o25 San Andrés Kim Año: 263 - 102 Sol: 8 a 20´15 Luna: 6´28 a 17´42
Murcia, sábado, las ocho y sin novedad en casa, gracias a Dios.
PARA PENSAR:
El verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soportan el modo imperativo.
CONTINUACIÓN:
¡Qué ambientes tan distintos los del Conservatorio y la discoteca! En los dos hay jóvenes, en los dos hay música, pero son diametralmente opuestos. En el Conservatorio, los jóvenes sueñan con llegar a ser grandes músicos -pianista, guitarrista violinista, saxofonista…-
En la discoteca, los jóvenes no tienen futuro, no sueñan con llegar, viven un presente cargado de humo. ¿Cómo va a ser lo mismo? En el camino que lleva al Conservatorio, se pasa por unos bares repletos de gente joven.
Son calles estrechas, con poca luz y mesas con muchachos. Pienso que sea ambiente similar al de las discotecas. No tienen categoría, no aspiran a nada grande, no esperan alcanzar objetivos. Son jóvenes que quieren engañarse con alcohol.
Muy cerca, hay otro mundo enclavado en el mismísimo Teatro Romea. Pasillos llenos de vida, con gente que va y que viene, siempre que va a alguna parte o que vuelve de algún sitio, que no permanece anclado. Clases llenas de alegría.
No puedo menos que comparar: Todos son jóvenes y qué diferencias tan abismales. Todos oyen música, pero de qué forma tan radicalmente diferente. Todos quieren algo, pero lo buscan por medios contradictorios.
Francisco Tomás Ortuño
22 octubre 1984.- Lunes otra vez, no San lunes como se dice de los viernes. ¿Por qué nos gustan los viernes? ¿Por qué los lunes nos desagradan? Por el trabajo, sin duda. El lunes tiene días por delante de trabajo. Los viernes son víspera de fiesta.
Cuando hay una fiesta en medio de semana nos parece que se toca con la mano, que el tiempo corre más deprisa, que la semana es más simpática. Y todo ¿por qué? Porque uno es San viernes y los lunes son antipáticos.
Todo por lo mismo: la gente no trabaja a gusto. El trabajo es y será siempre el yugo, el castigo bíblico: “Comerás el pan con el sudor de tu frente”. Los estudiantes no quieren tampoco los lunes. Se levantan con caras hoscas, cansadas. Los demás trabajadores, igual. “Lunes otra vez”.
Hay que aprender a ver los lunes con ilusión. Cuando convirtamos los lunes en días alegres habremos cambiado la sociedad. ¿Y cómo se va a realizar el milagro? Pues pienso que dulcificando los trabajos.
-¿Y cómo?
-Haciéndolos amenos. Dando a cada cual su preferido, su auténtico, su ilusionado. Cuando el hombre vaya al trabajo como va a una fiesta, cuando les sea tan ameno que no lo cambie por nada del mundo, todos rendiremos más y nos sentiremos mejor.
El problema del trabajo está por revisar. Hoy es un caos. Creo que estarás conmigo en que así no debe seguir. Es Injusto en todos los terrenos: unos trabajan y otros no trabajan; unos lo hacen durante muchas horas y otros durante pocas; unos en tareas duras y otros en faenas suaves…
El reparto del trabajo es de lo más injusto que tenemos. Hay que revisar las estructuras sociales y suavizar los trabajos, humanizarlos y repartirlos mejor. Cuando nos toque trabajar dos días a la semana y el trabajo sea liviano como pluma y grato como caricia, los lunes serán, sin duda, San lunes.
Hoy no. Los lunes, para una inmensa mayoría, son odiosos, aburridos y hasta peligrosos.
Lina y yo estuvimos ayer en la Glorieta. Nos llevamos pipas y pan molido para echar a las palomas. Cientos de palomas blancas a nuestro alrededor, encima de nosotros, por los brazos, por los hombros. Lina las espantaba y no se iban.
Por instinto, sabían que no les haríamos daño, y por instinto buscaban el sustento de nuestras manos generosas. Recordé a don Francisco, el cura de Jumilla. Hace unos años fuimos un grupo por Andalucía.
En el parque de María Luisa, de Sevilla, había también palomas como estas. Cientos de palomas blancas y confiadas. Don Francisco daba de comer a las palomas, que le llegaban por los cuatro puntos cardinales, hasta con la boca. Don Francisco gozaba inocentemente con las palomas de Sevilla.
LOS CURAS:
Los curas deben tener tentaciones. Ser cura debe ser muy de hombres cabales o de hombres de nombre. No sé si comprendes lo que quiero significar. Ser cura con su carga de voluntad de hierro para afrontar con energía momentos difíciles.
O ser cura porque le da lo mismo, y apenas le supone esfuerzo vencer las tentaciones . Lo primero es de héroes o de Santos; lo segundo, de curas de tercera, que vegetan a la sombra de unas sotanas, como podrían hacerlo vendiendo pan en su panadería,
Andrés González, de Barrax, compañero en Elche de la Sierra, me dijo que en su pueblo había un cura joven que no dejaba la sotana. En cierta ocasión fue a la capital, que estaba en fiestas, y de paso fue a los toros. “Si parece don José”, se dijo Andrés. “Me acercaré más”.
Efectivamente, era el cura de su pueblo, con boina y chaqueta que lo camuflaba bastante bien. “Don José, no le había conocido”. siguieron con la corrida. “Con la sotana llamaría la atención; así paso más desapercibido”. Quiero decir que el cura debe ser siempre lucha y vencimiento. De lo contrario, un triste cura y un cura triste.
Don Paz vino al Colegio de paisano, como otro maestro más. Yo era director. A los muchos días, semanas y meses, supe que era cura porque me lo dijeron las Alumnas en Prácticas. “Anda, está aquí Don Paz”, me dijeron.
-“Es que le conocéis”.
-“Claro”, respondieron ellas, es el sacerdote que nos daba religión en la carrera.
Don Paz, un día, puso a las alumnas de octavo curso diapositivas de formación sexual. Yo, presente, estaba incómodo, las alumnas nerviosas. El creo que gozaba viendo ciertas imágenes.
Luego supe que Don Paz se casó y dejó la Santa iglesia como cura. Era, quizás, que su ego se proyectaba en su vida con fuerza irreprimible en otra dirección.
Lo mismo le ocurrió a Antonio Jiménez, y otro tanto a Saturnino. Saturnino un día celebraba su misa en la iglesia del Salvador de Jumilla. En la homilía habló de problemas sociales y de cuestiones un tanto escabrosas de política.
Eran momentos delicados para dirigirse así a los fieles. Cuando estaba más encendido, se levantó de su asiento don Sebastián Cutillas, profesor, muy cerca de donde yo estaba, y le increpó: “¡Padre, aquí venimos a oír misa, no a un mitin político!”. Hubo revuelo en la iglesia. Saturnino luego se casó también.
PASCUALA Y LA ESCUELA DE ARTES Y OFICIOS:
Pascuala este año no tiene trabajo. Ahora se ha matriculado en la Escuela de Artes y Oficios en un cursillo de cerámica. El caso es ocuparse en algo. La mujer necesita ocuparse en algo: es propensa al desaliento, a la depresión, sobre todo en ciertas edades.
Y más cuando se ha trabajado durante años en la enseñanza. A la Escuela de Artes y Oficios irá los jueves y los viernes. Sólo dos días a la semana. Es el trabajo ideal que yo propugno.
la Escuela de Artes y Oficios es un ejemplo modélico del futuro: dos días de trabajo y cinco a descansar. Veremos cómo le sienta a mi mujer su nueva ocupación.
Francisco Tomás Ortuño.
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