Integridad.

27 septbre 2025  San Vicente de Paúl  Año: 270 – 95; Sol: 8´07 – 20´03; Luna: 13´47 – 22´38; Cuarto creciente: el 30.

-        PIENSA: Enseña a los niños y no será necesario corregir a los hombres.-A mis hijos-

  - ¿Cuál es el animal que siempre llega el último?   A mi nieta Sofía. Solución: El delfín.

  - Murcia, sábado, sin novedad por la casa. Te cuento:

 

   22 octubre 1977.- Por encima de otras cualidades, yo quiero integridad. La integridad es la mejor virtud, la más poderosa. El hombre íntegro no tiene nada que esconder. Íntegro para mí es completo. Hombre íntegro es hombre recto. Habla, piensa, siente y quiere rectamente.

   Íntegro es el hombre que no sabe ser de otro modo, y, como norma en él, es la rectitud, la integridad, cuánto hace o dice. Se distingue como oro de ley. Hipocresía en lo contrario, decir de modo distinto a como se piensa.

   ¿Se encuentra la integridad también en Santa Ana? Los franciscanos son un modelo de vida. ¡Cómo desearía que mis hijos, lo que más quiero en el mundo, fueran hombres íntegros, como los franciscanos del convento!

   No os dejéis engañar por las apariencias, por las luces de colores, sabed que la verdad la encontraréis en la virtud. La felicidad se encuentra en la virtud. Tan claro lo que os digo como la luz del Sol.

   Estad por encima de cuanto esclaviza a muchos: fama, sexo, alcohol, juegos. Venced las tentaciones y habréis ganado la batalla más importante y difícil de vuestra vida.

                                                                                                         

Francisco Tomás Ortuño

 

  22 de octubre 1977.- Sábado, venimos de Santana. El contratista dijo ayer que van a detener las obras. A mi juicio, es el peor momento: ventanas con bastidores, material dentro, paredes a medio levantar…

   Sería el lugar propicio para destrozar, para apropiarse de lo ajeno, para dormir a cubierto y encender fuegos. Un casón abandonado es un imán para las ratas. Hasta podría convertirse así en un vertedero público.

                                                                                                        

   Hoy hemos tenido en el Ayuntamiento reunión con los partidos políticos. El Alcalde ha hablado de NEASA. Los jumillanos quieren saber, están en su derecho, defienden los intereses de su pueblo.

    Pero en ese interés puede haber un peligro.   Porque, muchas veces, llenarse de patriotismo local, puede cegar, como los árboles que no dejan ver el bosque que los contiene.

 

   “NEASA nos engaña”, se oye decir. Pero ¿qué haría Jumilla sin NEASA? ¿Se comprende el alcance de enemistarse Jumilla con NEASA?

   Los jóvenes son impulsivos y hay que obrar con mucha serenidad. En el caso de las aguas de nuestro término, hay muchos intereses en juego que convierten el problema en un enmarañado laberinto, difícil de cruzar sin arañarse por alguna parte. Hay que decidir con tiento, hay que pensar con aplomo, sin precipitarse.

   Hay que escuchar a Neasa, hay que oír sin recelos, medir las consecuencias de cada posible solución. Luego decidir y sentirse todos responsables de lo bueno o de lo malo que pueda derivarse.

   Las reuniones de este tipo, como la que hemos tenido en el Ayuntamiento, adolecen de falta de confianza. Cuando pensamos que algo se oculta, que algo no se dice, que algo se disfraza, que hay intereses en las palabras, no puede haber entendimiento.

   Se oye con recelo, se habla con intención, se escucha con desconfianza, y al final se hiere con el gesto. Estas reuniones, en las que debe haber sinceridad y cordura, se convierten en llamas que en lugar de dar luz queman, en lugar de construir destruyen.

   Neasa y los pozos darán que hablar en nuestro pueblo. Son una bomba que puede estallar en cualquier momento.

                                                                                                         

Francisco Tomás Ortuño

 

    28 octubre 1984.- Domingo espléndido, tranquilo, las ocho de la mañana. En la casa se escucha música clásica, de la que quiere mamá, relajante, suave. Fuera silencio, quietud. Murcia en domingo duerme. Mejor, se despuebla.

   Lo advierto en el garaje. Quedan pocos coches. La gente huye a las playas y a las casas de campo. La gente va y vuelve. ¿A qué se va? ¿de qué huye? La música que se escucha en la casa es suave, adormecedora.

   Ángel ha dormido en una tienda de campaña Lo habrá pasado bien, porque Ángel es de los que gozan yendo y viniendo, saliendo, entrando y poniendo tiendas, cambiando de lugar, en suma. La linterna para Ángel es imprescindible en las acampadas.

    Son ahora las cuatro de la tarde. En el punto que precede fuimos Lina, Miguel, mamá y yo a Cartagena. Por el puerto vimos a los campistas felices con sus bicicletas. Salva iba al frente de los expedicionarios. Montamos en el coche la tienda de campaña y les quitamos peso.

   Por Cartagena nos encontramos con Amós, con Pepa y con Lina, que iban a Jumilla. Volvieron con nosotros. Hemos ido al supermercado, que, dicho sea de paso, está casi a punto de abrir sus puertas al público.

   Amós es valiente. “Con otros 2.000.000, ha dicho, nos ponen los géneros y ya está”. Y se queda tan Pancho. A Pepa no la veo tan optimista. Paco se ha comprado un coche. Los demás trabajan poniendo lejas en la tienda.

   Yo quisiera que el supermercado que van a abrir con tanto sacrificio les colme pronto de satisfacciones. Que el tiempo premie su bondad, porque todos son eso, sin mezcla de mal alguno.

   ¿Qué pensará Rafael, que tiene la costumbre de dar consejos, aún sin pedírselos? Amós es constante y terco. Sabe lo que quiere y no ceja en su empeño. En la Unión montó un horno. En los Nietos una tienda de pollos asados.

   ¿Supermercado? Ahí va un supermercado. Local, obras, permisos, luces, la función a punto de empezar. ¿Productos? Los habrá también con otros 2.000.000 de pesetas -dice Amós.

-         “¡Es una locura!”, le dicen algunos. Vosotros no sabéis de tiendas.

-           Le da lo mismo. Oye y se ríe, pero él sigue y deja a los demás con la boca abierta y los ojos como platos.

-          ¿Cómo va el supermercado?

-           Bien…, vaya…, bueno…, tirando….  

                                                                                                

Francisco Tomás Ortuño.

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