Jubilación.
22 septbre 2025 Santa Emérita Sol: de 8´02 que sale a 20´12 que se va.
Murcia, lunes, las ocho y sin novedad en la casa, gracias a Dios. Te cuento del pasado:
13 octubre 1977.- Hoy he estado en la Arrixaca. Hemos llevado a José María con su dolor de hígado. Análisis, radiografías… Por fin, quedó ingresado. Tal vez lo operen de la vesícula. Se le ven unas manchas que corresponden a las piedras o cálculos biliares.
Espero que no tenga importancia la operación. Hoy la ciencia médica juega a cortar y a coser como si tal cosa. La Arrixaca es un alivio para los enfermos. Yo he tenido ocasión de conocerla por dentro. No hace mucho estuvimos con el padre unos días también.
Es estupendo ver que desde el mismo momento que llega el enfermo, lo reciben y lo exploran con sencillez, con naturalidad, con competencia. Es, como digo, un alivio para el enfermo, saber que existe un servicio tan completo.
¿Sería mucho decir que se desea estar malo para que lo atiendan en la Arrixaca? Tal vez. Pero es maravilloso el despliegue de enfermeras, de materiales de todo tipo, para atender al enfermo: salas de espera para acompañantes, salas para explorar…
El cuerpo va teniendo ya pocos secretos. Se trabaja con él como pueda hacerse con un motor: si se trata de hígado, no hay cuidado; si se trata de riñón, lo mismo; de los huesos, igual… Especialistas que conocen todas nuestras piezas y las manejan con maestría.
Es complejo nuestro cuerpo, pero va siendo abordado por todos sus rincones. Queda poco de él que no se conozca. ¿Que por qué entonces la muerte? Pues sí, la muerte está justificada. Hay veces que, a pesar de los remedios, de conocer de qué se trata, el órgano enfermo termina por sucumbir.
No obedece a la medicación, al esfuerzo de la ciencia. Hay veces que se complica la enfermedad y ofrece varios frentes difíciles de atacar al mismo tiempo. Con todo, es consolador pensar que unos hombres conocedores de la enfermedad aguardan en la Arrixaca.
Es consolador que esos hombres maravillosos que son los médicos, quieran rescatarnos de la muerte como reto personal y profesional. ¡Qué profesión tan encantadora la del médico! Un buen profesional de la medicina está por encima de los demás hombres.
¿Cómo no proliferan estos centros? Todos, absolutamente todos, deberíamos volcarnos en favor de estos hombres y de estos santuarios. ¡Llénense los pueblos de sanatorios, de casas de salud, de ambulatorios, de arrixacas, aun a costa de nuestros bolsillos, de nuestra ayuda generosa…
Se trata nada más y nada menos que de nuestra tranquilidad, de nuestra salud, de nuestra vida. Hoy he comprendido en toda su extensión lo que significa un Centro donde se atiende a los enfermos.
Francisco Tomás Ortuño
23 de octubre 1984.- Miércoles, a punto de nacer las 8 campanadas, a punto de saltar al reino de los vivos. ¡Ay, campanadas fugaces como nosotros, como meteoros que llegan y se esfuman con solo contarlas! Ya suenan en la torre de la Iglesia y ya se han ido para siempre. Una eternidad esperando su momento y al mismo llegar se despidieron.
Pepe Barceló anda preocupado unos días con su jubilación. ”Dicen que ya no nos jubilan a los 65 años”. Se afirma de manera rotunda que no se jubilan, y es verdad: La Ley de Funcionarios la retorna a como estaba. “Hasta el año 1987, los maestros no podrán jubilarse a los 65 años”.
-¿Y hasta entonces qué?
-Pues, a esperar otros dos años.
Pepe Barceló esperaba jubilarse, lo mismo que Serafina, y ahora, cuando solo faltan unos días para el feliz evento -jubilarse, de júbilo- la noticia del Gobierno los deja fríos. Salvador Ortiz tuvo más suerte y Jacobo González y Vicente y Encarna y tantos otros compañeros suyos. Don José Barceló se ha quedado en puertas.
El problema de los mayores habrá que tomarse en serio. La vida se alarga cada vez más y los nacimientos disminuyen. Vamos a una sociedad de ancianos que atender. Se dice que cada dos jóvenes deberán trabajar pronto para atender a un mayor, lo cual es preocupante para el Gobierno.
¿Qué hacemos con los viejos? En alguna parte, según he oído decir, se ha propuesto seriamente en el Parlamento acabar con ellos. “Hay que legalizar la Eutanasia”. Que dicho sin eufemismos significa que hay que acabar con la plaga de los ancianos.
Hay familias que no cuidan de sus mayores. Que desean su muerte para sentirse libres de cuidados. Para estos, quizás, la bárbara medida les parecerá acertada. Yo pienso, por el contrario, que habrá soluciones más piadosas, como crear Centros donde atenderlos dignamente. El Gobierno deberá aportar soluciones.
Francisco Tomás Ortuño.
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