La mujer, pieza clave.

 25 septbre 2025 Ntra.Sra.de la Fuencisla “No existe ningún hombre que no ame la libertad; pero el justo la pide para todos y el injusto únicamente para él”.

   Murcia, jueves, temprano y sin novedad en casa. Te cuento cosas que recuerdo:

 

   18 octubre 1977.- Que el matrimonio es una empresa, no cabe duda. Tanto el hombre como la mujer deben mirar por que el negocio sea próspero. Si cada cual va por un lado, la casa irá a la bancarrota.

   En esta empresa que es el matrimonio, el aspecto económico tiene un papel fundamental. ¡Cuántos matrimonios han fracasado por el dinero! ¡Cuántos han naufragado por no cuidar de este aspecto tan prosaico, pero tan necesario en la vida de cualquier empresa!

   Por eso, la pareja debe plantearse, desde antes de unirse por los sagrados lazos del sacramento, este problema. Yo aconsejaría, sobre todo, sinceridad. Donde no hay sinceridad no puede haber unión. El hombre debe ser sincero.

   Mal haría con hacer creer a la mujer que gana diez si gana cinco.  Ella gastaría con arreglo a diez y el pobre marido tendría que buscar dinero en otra parte. Tendría que perder el sueño por no haber dicho la verdad desde un principio.

   A su compañera, sinceridad, sobre todo. Los dos deben conocer exactamente lo que se ingresa en la casa por todos los conceptos, para gastar de acuerdo con estos ingresos. Una vez que saben los ingresos, deben dejar su buena parte para imprevistos.

   La mujer administrará los gastos de la casa: comida, ropa, etc. Al finalizar cada mes, como gerentes de la misma empresa, comprobarán con satisfacción que han gastado menos de lo que pensaban con alegría. El fracaso de muchos está en una mala, deficiente, o pésima administración. Es decir, gastos vanos, viajes caros… sin tener en cuenta los ingresos.

   El triunfo milagroso de muchas economías pobres está en la buena administración de los ingresos. Yo hablaría de la mujer aquí: la mujer es pieza clave en la administración del hogar. Tan esencial que si ella falla no hay salvación posible.

   Si ella cuida de la casa, mira y remira cien veces lo que puede gastar, la nave llegará a buen puerto. Sí, la mujer es fundamental. El hombre que se casa con una de estas mujeres conocerá el triunfo económico en su hogar.

   La mujer es pieza clave dentro del matrimonio. Imagínate que la mujer, sin saber ni querer saber lo que se gana, exige al marido joyas como las de su amiga, un coche como el de la vecina, y una casa en la playa como la de fulanita. Llora y ríe y vuelve a la carga con el solo objeto de conseguir lo que se ha propuesto.

   Esa empresa, esa mujer, ese matrimonio, será el colmo de la infelicidad. Imagínate ahora el caso contrario: Piensa en la mujer que, sin hablar, calcula y mide antes de gastar, que milagrosamente multiplica en sus manos el dinero, que no gasta en caprichos, que solo está atenta en que no falte lo necesario,

   Así comprenderás que la administración no puede ser la misma, que el éxito de la empresa no puede ser igual.

                                                                                                          

Francisco Tomás Ortuño

 

     

    26 octubre 1984.- La bomba ha estallado hoy. No es una bomba que causa estragos, pero es al fin una bomba. La mamá ha llorado. No sé si de alegría o de pena. Son cosas que nunca se saben. Ni ella misma, a lo mejor.

   -¿Qué te pasa?, le he preguntado.

   -Francisco Amós me ha dicho que quiere ser cura.

     No me extraña que a su madre le dé por llorar, y no sepa por qué llora. Es, yo diría que de susto o un llanto de impresión. Porque la noticia llega cuando se iba temiendo. Mejor, cuando se iba presintiendo, adivinando. Los síntomas eran claros.

   Algo en el ambiente lo anunciaba: cambio de ciencias por latines; abandono de piano, tardes de Club, catequesis dominicales… Se iba preparando, pero su madre por creer que no llegaría, se llevó el gran susto y rompió a llorar.

   Llora sin saber por qué, y menos si su llanto es de alegría o de amargura. Es el llanto de la madre que siente un desgarro en su carne, que siente que el hijo se le va. Lógico. Los animales sienten menos la separación del hijo que nosotros.

   Cuando el pollo come solo, estorba. Pero las personas, los hijos, duelen. Y tras años de sentirlos cerca, la madre no soporta la separación. ¿Es quizás un amor absorbente el suyo?, ¿es un amor rayano en la locura? Sí, todo eso es.

   Las madres quisieran tener siempre a su hijo, a los hijos, cerca.. De casta le viene al galgo. Pascuala lleva metida en el tuétano la iglesia, sus oraciones constantes, sus rosarios, sus visitas, sus misas y comuniones.

   Desde la cuna, el aliento de su madre les ha llevado calor y amor por Jesús, por la Virgen, por la Iglesia, por el Papa. ¡Cómo resonarán en los oídos de mis hijos, y en su alma, canciones y oraciones oídas en la cama antes de dormir!

   Esto crea una forma de ser y de actuar más tarde. El ambiente condiciona. Por eso digo que de casta le viene al galgo. No puede extrañarnos que Francisco Amós haya pensado seguir ese camino que su madre le ofreciera como el más hermoso y el mejor que podía elegir.

   ¿Y yo qué pienso de este potaje? Una de dos: que lo de Francisco Amós puede ser una alarma injustificada, o, por el contrario, que puede ser algo serio para el futuro. En cualquier caso, el tiempo dará lo que tenga que dar.

   Lo mejor es aceptar las cosas con ojos de espectador, como quien ve una película. Sentirse al margen de los hechos y reír con ellos por sorpresivos e inesperados, por felices u obscuros que parezcan.

   Aceptar los hechos que se vayan presentando por inevitables. Todo llega fatalmente como tiene que llegar. Vivir como si dependiera de uno lo que sucede, a sabiendas de que han de ocurrir las cosas cómo están dispuestas en la película desde siempre.

   Una proyección es nuestra vida y nosotros actores y espectadores. Ocurren hechos con nosotros de protagonista. Lo curioso -El Gran Teatro del mundo- y al mismo tiempo sin contar con nosotros para el desenlace de las peripecias que ocurren en la escena.

   Así que somos actores dirigidos desde fuera y nos convertimos en espectadores de nuestra propia farsa. ¿Qué va a pasar ahora? ¿Qué va a suceder luego? ¿Cómo va a terminar el cuadro? Todas preguntas y más preguntas sin respuestas seguras.

   Cada momento una sorpresa; cada día una incógnita en el juego. A ver si acierto: es divertido, entretenido. Aceptar como lo mejor lo que suceda. Yo por mis dotes de adivino quiero pensar que la película de hoy tendrá un final distinto del que se espera.

   Veo que Francisco Amós un día se limpiará el polvo de las influencias de su Club y buscará a la mujer que le dé hijos con los que formar una familia.

                                                                                                 

Francisco Tomás Ortuño .  

 

 

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