Margaritas con fondo oscuro.

 30 septbre 2035  San Jerónimo  273 días  del año pasados – 92 días sin pasar

   Murcia, martes, dana ayer por Castellón, por aquí menos, en casa sin novedad. Te cuento de otros años:

   25 octubre 1977.- Sin duda que mi mujer vale una mina. Podía muy bien ser elegida mujer del año en un Concurso. Reúne las virtudes necesarias para figurar en las Antologías de mujeres célebres. Quizás no figure en ellas porque no se la conoce.

   Mi mujer es la perfecta casada, la perfecta madre y la perfecta mujer. Hay que vivir con ella cerca, como yo, para saberlo. Al resto de los mortales, estas mujeres pasan desapercibidas, porque entre sus virtudes está la de la humildad, la del silencio.

   Esto me hace pensar que hay personas desconocidas que valen mucho. Personas no premiadas en Concursos y que bien podrían ganar el máximo galardón en liza.

   ¿Elecciones a Alcaldes? Candidatos. A votar. ¿Y los que no son Candidatos? Ahí puede que se encuentre el verdadero Alcalde. Elecciones a Mujeres Elegantes. Cuántas pasarán que no se han presentado siendo elegantes como las más. Y así en todos los demás Concursos.

   Anoche vino Amparo Azuar y con ella su marido Gregorio. Han adquirido un cuadro muy bueno de margaritas con fondo oscuro. Han encargado otro para el comedor. Pascuala restaura, pinta, lleva la casa, atiende a su tía Pascuala, puede con todo sobreabundantemente.

Ahora llueve. Son las ocho de la mañana. Pascuala ha ido al mercado. Los pequeños empiezan a removerse.

   La inspiración llega, pero hay que estar preparado para recibirla y no dejarla pasar. Ocurre a veces que de otra forma se pierde. Escribir todos los días tiene entre otras ventajas la de estar dispuesto para apresar ideas y además provocarlas.

   Escribir es pensar, hacer ejercicio. Escribir es mirar las cosas de nuestro entorno, pensar en las consecuencias de lo cotidiano. Y eso ayuda a la aspiración. La idea surgirá de entre los recovecos de la mente, de entre sus entresijos, pero quizás por el ejercicio a que sometemos nuestro espíritu.

    A veces, escribiendo sobre un tema se topa con otro que no buscábamos. Se nos ha ofrecido generosamente. Pero porque hemos preparado el terreno, porque hemos trabajado. Ahí está la inspiración, en el trabajo. Todo trabajo tiene su premio. El premio del trabajo mental es la inspiración.

 

   Se habla mucho estos días de la relación profesor-alumno en los Colegios. 20, 30, 40 alumnos por aula. Es la ratio que llaman. Sinceramente, creo que es baladí la cuestión. Que hayan de haber menos alumnos para que tengan trabajo los profesores en paro, es otra cuestión. Que sea ideal el número total es distinto.

   Tergiversamos los términos. Hablamos de un problema con elementos de otro problema. De escuelas, de locales, de enseñanza, de profesores, de niños… No involucremos las cuestiones. Cada cosa en su sitio. Cada cuestión aparte, bien delimitada, precisa sus términos, sus perfiles.

   Así, el número de alumnos por profesor no tiene la importancia que le concedemos. El número es accesorio totalmente. Cada niño es distinto y el profesor es un mero enseñante. Cada niño aprende según su naturaleza. Que haya más niños o menos niños mirando al profesor es lo de menos.

   Lo fundamental es el maestro que enseña y las inteligencias que aprenden. El número de oyentes, repito, es cuestión baladí.

                                                                                                         

Francisco Tomás Ortuño

 

  26 de octubre 1977.- Son casi las ocho de la mañana. Ángel Inocencio está a mi lado. Tiene el libro abierto. Dice que tiene que estudiar para un examen. Los demás duermen.

 

   La obra de Santana sigue adelante contra viento y marea. Un día como tantos, con varias incógnitas por resolver. Como todo se ha dispuesto convenientemente, las soluciones vendrán solas. Lo hemos dicho antes: hay que ocuparse en hacer bien lo que tengamos que hacer y tomar lo que vaya viniendo.

   Me recuerda esto a esas máquinas que hay en bancos y cajas de ahorro, donde se aprieta un botón y luego ella ofrece los resultados tras unos segundos de cálculo. Nosotros obramos y después el cerebro se encarga de trabajar con los datos que recibe.

 

   Por experiencia sé que es importante obrar con la razón. La razón debe ser nuestra mejor guía. Si hay desacuerdo entre la razón y el corazón por ejemplo, no dudemos en hacer lo que dice la razón. La razón marca caminos, metas y actuaciones.  Sigámosla.

   Es nuestra mejor consejera. Ella advierte contra la pereza, contra la lujuria, contra todos los pecados capitales. Ella dice que luchar es vencer, que renunciar es triunfar. Ella diferencia al hombre de los otros animales. Contra pereza, fuerza de voluntad.

   La razón dice lo que hay que hacer, la voluntad ayuda a realizar la obra. Todo consiste en esto. Difícil es vencer, pero vencer es triunfar, sobresalir, distinguirse, ser feliz en suma. Un día otoñal tenemos hoy, fresco y húmedo. Lo de menos es que sea fresco o que sea húmedo.

   Lo importante, lo trágico tal vez, es que sea un día que no se repite, un día que pasa por la vida como una estrella fugaz, un día irrepetible. La historia de los siglos no causa pavor,  un día que nos toca y que luego se pierde para siempre.

   Un día, con vida de un día, que nos ha correspondido a nosotros, a nosotros solos, a los que vivimos ahora. Vamos a saludarlo con nuestra mejor sonrisa. Vamos a hacerle grata su vida  para que se lleve su mejor recuerdo.

   Un día tan importante para él, las 24 horas, y que esté en nosotros su felicidad o su desdicha.¿Hemos pensado que nosotros somos también como ese día, un día en el tiempo de los tiempos.

                                                                                                            

Francisco Tomás Ortuño

 

   30 octubre 1984.- Escribir se convierte en una grata necesidad. Cuando se llevan meses diciendo algo en unas hojas como todo hábito, cuando llega el momento se siente la necesidad de cumplir con esa obligación que nos hemos impuesto.

   Si fuera salir al campo a correr, sería lo mismo. Si fuera ir a Misa, también. Levantarse temprano es uno de los mejores hábitos que se pueden conseguir a estas horas de la mañana. Se tiene la cabeza despejada y se hacen cosas que de otro modo quedarían sin hacer.

   Ángel oye inglés a las siete, y yo con él. Cuando terminemos el curso lo echaremos de menos. Se ha convertido en otra dulce necesidad para nosotros. Escribir unos minutos sirve para decir algo para cumplir con una obligación que nos hemos impuesto.

   Para sentirnos tranquilos por el deber cumplido, para salir después orgullosos a la calle, para sentirnos bien y sonreír. Que estar conformes con nosotros es la obligación que nos imponemos: satisfacción del deber cumplido.

      Aunque parezca baladí, si yo saliera a la calle hoy sin haber escrito algo, sentiría conmigo la desazón de quien no ha cumplido con su deber.

                                                                                                      

     Tocan las campanas. Ruidos por el comedor. Miguel ha encerrado a Lina en la terraza y no le abre. Leí hace un rato un libro nuevo de Alarcón, y decía poco más o menos: “Hoy voy a contar lo sucedido a un hombre que vive todavía. Hoy no soy escritor sino amanuense”.

   Según lo que precede ser escritor es inventar. Estoy con él. Decir lo que ocurre a tu alrededor es ser cronista, periodista, o suplemente ser historiador. Yo quiero ser escritor. Escribir sobre temas que me sugieran otros comentarios y mi imaginación.

   De aquí que el presente libro debe llamarse” Cónicas con Estrambote”.  Crónicas sobre sucesos reales ocurridos a mi alrededor. Los estrambotes, mi aportación personal, mis comentarios o dichos sucedidos.

                                                                                                      

Francisco Tomás Ortuño .

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