Murcia no me gusta.
29 septbre 2025 Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael Felicidades a mi hijo Miguel y a mis nietos Gabriel y Miguel Ángel os desea vuestro padre y abuelo.
Murcia, lunes, día sin nubes, sin viento, otoñal, gozando la familia de salud por Alemania, por Valladolid, por Alicante, por Castellón, por Valencia, por aquí… por todas partes, gracias a Dios.
PIENSA: Un buen ejemplo hace fácil lo difícil -dice un proverbio chino,
PROTAGONISTAS:
A lo largo de la historia de la humanidad, hay multitud de ejemplos del talento, la voluntad y el poder de las mujeres, aunque no siempre sea reconocido. A pesar de las barreras y desigualdades que sufrieron estas mujeres, dejaron una importante huella.
Por ejemplo, en el siglo X la astrónoma y matemática árabe Fátima al -Fabrí, fundó la Universidad de Al-Qarawi en Marruecos, la más antigua del mundo en funcionamiento.
En el siglo XVII, la italiana María Gaetana fue la primera mujer en escribir un libro de matemáticas, rompiendo barreras y contribuyendo al avance del conocimiento científico.
Hedy Lamar, además de una exitosa actriz de Hollywood en la década de 1940, fue una inventora brillante.
Lamar y el compositor George Anthell desarrollaron un sistema de comunicaciones inalámbricas que sentó las bases de la tecnología wifi .
En el campo de la literatura, la británica Mary Sheslly escribió con 18 años Frankestein, considerada la primera novela de ciencia ficción moderna, dando lugar a ún nuevo género.
23 octubre 1977.- Las campanas de la Iglesia llaman a Misa. Las mismas campanas que oyera de niño. Con las campanas recuerdo mi niñez. Siento en mi sangre y en mi espíritu la misma sensación de entonces. Con el mismo tañido, el tiempo vuelve atrás. Quedó grabado en mi cerebro, y ese momento quedó para siempre imborrable.
¿Memoria del oído? ¡Qué duda cabe! Con el oído recordamos como con la vista. Estos recuerdos nos transportan a otros momentos vividos antes, porque de alguna forma, lo que escuchamos entonces, la campana en nuestro caso, se fundió, se amalgamó, se mezcló en mi conciencia, con todo su mundo de emociones, de ensueños, de temores y de alegrías.
Y ahora, al escuchar de nuevo las campanas, las mismas campanas, el mismo tañido, me transporta a aquel instante, con su carga de emociones, con su mundo de sentimientos, Oyendo las campanas se vuelve a la niñez, y la niñez es hermosa. Por eso quiero a las campanas de mi pueblo, porque me hacen niño de nuevo, porque me hacen revivir momentos de incomparable alegría.
Me ocurre otro tanto con los olores. En la escuela cuando niño, me llevaba el lapicero a la nariz. Eran lapiceros blandos, cilíndricos, sin pinturas, de Joan Sindel. Me agradaban en extremo. Lo mismo que las gomas de borrar, blandas, verdes o rosas.
Era un olor característico que me agradaba profundamente. Ahora cuando llega a mis manos uno de esos objetos, cierro los ojos y vuelve en profundidad todo aquel mundo de sensaciones infantiles.
Vuelvo a sentirlos cuando huelo la goma de borrar o el lapicero Joan Sindel. Y es que, como digo antes, no es solo el olor lo que recuerdo, es todo lo que era yo, olor y espíritu mezclados, juntos, imposibles de separar.
Con el recuerdo es difícil saber donde está encerrado ese misterioso recuerdo petrificado, pero quiero pensar que todos los momentos de nuestra vida quedan grabados en el cerebro y al recordarlos vuelven mezclados con cuanto ocurriera entonces a nuestro alrededor.
No hay recuerdos puros, no hay recuerdos aislados. Son momentos los que se recuerdan, donde van juntos sentimientos, olores, sabores y demás componentes del entorno. Por ello, con algunos recuerdos nos sentimos tristes y con otros alegres. Corresponden a momentos felices o tristes de nuestra vida.
El mundo del espíritu tiene mucho que revelar. Creo que el cerebro es el mayor misterio hoy para el hombre. Con llevarlo encima; con vivir con él, es su gran desconocido. ¿Cómo será que todo, absolutamente todo lo que hacemos y vivimos, quede archivado? Es el enorme reto para la ciencia del siglo XXI.
Francisco Tomás Ortuño
29 octubre 1984.- Lunes 7:30 h de la mañana las campanas de la Iglesia tocan a misa Francisco Amós acaba de salir con sus libros. Ángel y yo hemos escuchado la twenty five lesson de inglés. Los lunes estrenamos lección para toda la semana.
Lina abre la puerta y pregunta por la mamá. Ay, la mamá me preocupa. Está otra vez débil y llora sin saber por qué llora. ¿O si lo sabe? Es su instinto de madre que le advierte que está perdiendo un poco a los hijos. Anoche, cuando todos dormían, gemecaba bajo las mantas.
“Murcia no me gusta, no me prueba”, decía entre suspiros. “Desde que vinimos estoy mal, no quiero seguir aquí”. Yo pienso que no es Murcia, sino lo que está ocurriendo últimamente. Los hijos crecen y se le escapan. Y ese tirón le duele.
El año pasado tuvo una crisis parecida con Pascual Jesús. Los motivos no eran otros. Era que Pascual Jesús salía mucho y volvía tarde. No se acordaba de volver a casa y ella pensaba que se le iba, que se escapaba, que se lo robaban.
Este año por idéntico motivo, le ha tocado a Francisco Amós y luego será otro. Las madres son absorbentes, no soportan la separación de los hijos, y es lo que está ocurriendo a mi mujer. “Murcia no me gusta”. ¡Claro que no! ¿Cómo te va a gustar si es aquí donde tus hijos han iniciado el despegue?
Si siguieras en Jumilla y ellos fueran con amigos a la discoteca sufrirías lo mismo. Si les diera por beber, por fumar, o salieran con chicas, igual verías enemigos por todos lados. Es que ves enemigos que te lo roban, y dirías que Jumilla no te iba.
Le ha tocado a Murcia y crees que Murcia en la culpable, pero no es así. Es la edad de tus hijos que los lleva a hacer como son, es la vida cruel a veces, pero la vida que tenemos y que hemos de aceptar nos guste o no nos guste.
Francisco Tomás Ortuño
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