Pasar hojas sin leer.

3 Septiembre 2.025 San Gregorio Magno

   Murcia, miércoles, sin novedad en casa. Lina ya partió, Marivi vendrá, nihil novum… Pronto, Fiestas de Septiembre en Murcia, con huertos en el Malecón.

Te cuento de mis recuerdos de atrás:  

 

   7 de octubre 1.984, domingo, limpio y fresquito, día del Rosario. Iremos a Cartagena esta tarde. Se habla de ello. En un puede ser, todo cabe. Pascual Jesús dice que él no se viene. Francisco Amós está fuera -en Torre de la Horadada-, con sus amigos del Club. A mí me encanta quedarme en casa.

 

   Anoche leí bastante de la novela que me regaló don Antonio Molina. Se trata de la vida y de la muerte de Zunzunegui. No me enseña nada, por lo que llevo leído, que situaciones de la vida real que pueden darse en cualquier parte.

   Seguiré leyendo el libro por si en la Muerte encuentro algo distinto. Y leeré después otros libros de este autor vasco, que nació con el siglo para conocerlo mejor. Su prosa es poco complicada, fácil de digerir, cuidada, creo que cuidada de más.

   No es el estilo de Baroja, suelto y rápido, de casi no releer lo que escribe por falta de tiempo. Por lo que he leído, es un tanto ramplón, sencillo y meticuloso. A lo mejor, me equivoco.

   ¿Quién me iba a decir a mí que iba a leer ahora a Zunzunegui? El obsequio, la ocasión…Ya lo dije en otra ocasión, cuando a Lina le regalaron un libro de Machado.

   Un libro nuevo en la casa puede ser la ocasión más tentadora para leerlo. Una biblioteca o una librería tienen menos fuerza de persuasión que un solo libro que nos llega a casa de improviso.

   Para leer hay que llevar un orden. Leer por leer, sin saber de dónde viene la lectura, es tener un estómago harto poco delicado, es como comer sin mirar lo que llevamos a la boca.

   Con un libro, lo primero es conocer al autor: época, tendencia, libros publicados, etc. Luego saborear la trama que nos cuenta y sacar nuestras propias conclusiones. La buena obra nos entretiene y nos enseña.

   Cuando un libro nos aparta de todo y nos entusiasma hasta el final, cuando nos hace pensar y hasta cambiar en nuestra forma de ser, cuando nos hace ser mejores, el libro es maravilloso.

   Pero ocurre a veces, que deseamos pasar hojas sin leer. por acabar pronto, que no nos enteramos de lo que nos quiere decir, y así el hastío nos invade y el desprecio por los libros nos acomete.

   Los buenos escritores, más que de una época, son de todo tiempo. Lo que dicen puede aplicarse a la humanidad. Toda su obra es elástica, maestra, eterna. Son las menos. ¿Surgen siempre estas obras por la madurez del autor?

   ¿O son como ese fruto casual que nace cuando nadie lo espera, hasta ni el mismo creador suyo? Yo hasta creo que las obras geniales se deben un poco al azar. Un relámpago, chispa, una fiebre, una locura…puede alumbrar el parto que todos sueñan cuando menos se espera.

     En las obras del pensamiento humano hay mucho deleznable, que se pierde apenas ve la luz. De lo que guarda como mejor, hay de todo. En la literatura universal que hemos adquirido en 10 tomos podremos conocer esta colección esta selección de todos los tiempos y lugares.

   Será interesante recurrir con cada libro nuevo, con cada novela que vayamos a leer previamente a esta gran obra de la literatura universal, para saber de antemano de quién se trata y qué juicio merece a los críticos profesionales.

   Hasta hoy yo me he valido para este trabajo de una historia de la literatura española que aprecio en mucho de J. García López. El índice de autores me lleva enseguida a la página que me habla de él, de su producción y de su época.

   En el caso del libro de Zunzunegui he visto que en la página 671 aclara: “Si Sender figura a la cabeza de los novelistas de su promoción, Zunzunegui ocupa el primer lugar entre los que permanecieron en España al terminar la Guerra Civil “.

                                                                                 

Francisco Tomás Ortuño.

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