Santa Ana, nuestro paraíso.

19 septbre 2025 San Jenaro 262 – 103

   Murcia, viernes y sin novedad en casa, gracias a Dios. Te cuento de tiempos pasados:

 

   10 octubre 1977.-  Angel Inocencio quiere desarrollar sus bíceps. Lleva unos días obsesionado con la gimnasia y observando cómo se mueve el músculo de su brazo. Y es que se oye a todas horas: “Hay que estar en forma”, “Contamos contigo”, “Practica un deporte”,  

y él quiere participar.

   Creo que hay algo de bueno y algo que sobra en lo que se nos dice. ¡Qué duda cabe que andar es bueno! Pero yo esta mañana, que he dormido poco, no podía con mi alma. Hubiera sido erróneo o negativo darme un paseo largo.

   La gimnasia es buena si la pide el cuerpo, me digo. El deporte es sano, si lo practicamos con ganas. El cuerpo debe pedirlo. Si va contra ese deseo físico de moverse, creo que no es bueno. Cuando uno es joven, todo su cuerpo está haciendo ejercicio, hasta sin pensarlo.

   Si se es mayor, el cuerpo pide reposo. Ese reposo es la mejor gimnasia entonces. No nos engañemos, no pretendamos estar en forma a los 50, a los 60, a los 70, por seguir un curso de gimnasia a las ocho de la mañana. Será martirizarnos para nada.

   Pienso que el ejercicio no debe tener horarios. Este debe marcarlo nuestro cuerpo con sus ganas de realizarlo. Si en esos momentos de verdadero apetito no se lo damos, él se encarga de hacerlo por nosotros.

                                                                                                         

Francisco Tomás Ortuño

 

    11 octubre 1977.- Ángel Inocencio quiere hacer un reloj de sol. Son las siete de la mañana y espera con su papel en la mano que salga el sol para subir a la terraza y colocar un número a las ocho. Miguel le sigue como un perrillo faldero.

   Francisco Amós estudia la figura del Cid en historia; y don Pelayo, y Viriato, y el Gran Capitán, y Guzmán el Bueno… Está en la edad de las biografías. Quiere que le cuente hechos de estos personajes y escucha atento.

   Pascual Jesús hace murales y ordena a sus amigos cómo tienen que hacer el trabajo. Pascual Jesús es el jefe. Si no es el que manda no se encuentra cómodo.

   Lina fue ayer a Murcia con su madre y conmigo. Estuvimos en El Corte Inglés. Las escaleras mecánicas le divierten. Me hizo subir y bajar a la cuarta planta muchas veces. En El Corte Inglés había gente, música, luz… El contraste con la vida tranquila del pueblo es grande.

   Por eso, tal vez, marea un poco. Todo es cuestión de hábitos. A nosotros, hechos a los pocos ruidos, nos gusta la paz y la quietud. Santana será luego nuestro paraíso.     

                                                                                                   

Francisco Tomás Ortuño

 

   21 Octubre 1984.- Domingo pasado por agua. Esta noche ha llovido en Murcia. Amanece lavada y cubierta, queriendo seguir la marcha. A ver si es verdad, porque aquí, lo que se dice llover a gusto de todos, muy pocas veces. O se pasa o no llega.

   Los tres mayores tienen partido de fútbol y han ido a jugar. Lo hacen en el patio del colegio. Van los del club Almenara. Luego vuelven, que no hay por donde cogerlos. Pero es lo suyo, justamente lo suyo. Si los viera aquí encerrados, no me gustaría. Si los viera en otra clase de diversiones, tampoco. En partidos con amigos como ellos, sí.

   Miguel y Lina se preparan para ir a misa. Es la misa de los niños. Su catequesis dominical. Miguel querrá después jugar en el barco, como ellos llaman a la puerta. Lina preferirá venir aquí. Lo pasa bien en casa, leyendo u oyendo música. Si le digo de salir a dar un paseo conmigo lo celebra. Lina es casera y padrera, si es que vale la palabra.

 

   A mi hijo MUSICÓLOGO FRANCISCO AMÓS TOMÁS PASTOR

   Mamá de habitación en habitación escucha música clásica: “Pon música de la que a mí me gusta”, me dice. Se oye en toda la casa, sin estridencia, una de las Melodías más bellas del mundo: “Danza Eslava número 1, en re mayor”. Estas cintas las adquirimos del Rider Digest.

    A los jóvenes les gusta, les agrada más, otra música. Prefieren canciones actuales, de ritmo trepidante, que se escuchan por televisión. En los colegios la música es necesaria. Los niños se educan musicalmente oyendo música.

   Cuando se pueda pondremos en el nuestro hilo musical. Siempre será un sedante para los nervios. La Casa Alegre que debe ser la escuela no puede estar ayuna de música. Los niños deben entrar con música al colegio y deben salir escuchando música.

   Y casi diría que deben trabajar con música. La música alegra el trabajo y el espíritu. Solo que hay que escogerla bien para las distintas situaciones. Si queremos que el niño goce con música clásica que la prefiera, que la sienta.

   Dársela a oír una vez y otra hará que el niño la acepte. Música en los colegios. Música clásica poco a poco, en el ambiente de trabajo, como un aire perfumado, se irá adentrando en el espíritu de los pequeños.

   Si a esta añadimos nociones de compositores y títulos de obras, los niños sabrán siempre, fuera del ambiente escolar, hablar y distinguir piezas que escuchen ocasionalmente. Es una triste realidad que hoy muy pocos saben música.

   Ni se enseña en la escuela, ni se aprende en los institutos. Los niños y jóvenes apenas saben quién es Beethoven, Strauss, Bach o Vivaldi, y si oyen una sonata no les dice absolutamente nada como no les dice una ópera.

   El boom de la música va a llegar. Ya los Conservatorios se llenan de niños ávidos de saber solfeo y de tocar algún instrumento. La música debe promocionarse y ocupar el rango que le corresponde.

   Pronto nos inundaremos de músicos y de cultura musical en las escuelas, porque otra cosa no tiene sentido. Que nadie sepa en el colegio quien es Falla, Breton o Chaikovski dice muy poco de nuestro tiempo y de nuestro sistema educativo.

   Que no guste Albéniz es sintomático de enfermedad educativa grave.

        Continuará.

                                                                                                   

Francisco Tomás Ortuño

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