Adopciones.
7 octubre 2026 Ntra.Sra.del Rosario 280 – 85.
Murcia, martes, sin novedad, gracias a Dios. Te cuento de años atrás:
5 de noviembre 1977.- Diego Martínez Martínez, alias Piquito, fue compañero mío en el Colegio de San Francisco: Diego Martínez, Teófilo Hurtado, Jesús Soriano, Rafael González, Antonio Gregorio, y muchos más que me vienen en tromba a la cabeza.
Diego luego se casó con Eustaquia Jiménez, buenos amigos nuestros los dos, y no tuvieron hijos. Años de casados sin fruto, años de espera, años, sin duda, de médicos. Viendo que el hijo no llegaba, adoptaron un niño.
Ni el niño adoptado supo nunca de sus padres biológicos, ni los adoptantes tampoco. Ahora los tres -el niño adoptado, Diego y Eustaquia- han formado una familia, han unido dos familias rotas.
Un hijo así es como un injerto. Si, una rama de un árbol pegada en otro, con su savia. Si pega, bien; y si fuera rechazada, ellos harán lo imposible por que sea como el hijo que no tuvieron.
Diego y su señora no se han conformado con un hijo. Han adoptado también a una niña. Quieren ser padres de varios hijos. Disponen de medios económicos y quieren más hijos. ¡Qué obra tan generosa la de la adopción!
Niños huérfanos que encuentran a unos padres para ser queridos y educados, para ser integrados en la sociedad sin traumas, como los demás niños. Hijos sin padres que encuentran un hogar.
Pocas obras tan humanas como esta. Adoptar a un niño es no solo una obra de caridad de gran valor, sino también un remedio eficaz para la angustia de las parejas que no pueden tener hijos y la Naturaleza no quiere dárselos.
Es la medicina que se ofrece generosa, sin presiones, a un mal que se presenta. La adopción de niños se impondrá, se generalizará, porque solo bien produce y cura dos males a la vez. ¿Será que no los tienen para que estos niños tengan nuevos padres en ellos?
La Naturaleza es sabia y todo lo tan tiene sabiamente dispuesto que cabe pensar en ello. Sin matrimonios estériles apenas cabría hablar de adopciones. Ergo, se puede pensar que la esterilidad sea necesaria y conveniente.
Francisco Tomás Ortuño.
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