Red.

 14 Octubre 2025 Santos Calixto y Evaristo  Año; 287 y 78  Sol: 8´25 a 19´36  Luna: 0´52 a 16´28  Luna Nueva: el 21

   PARA PENSAR: El gran escándalo de nuestro tiempo es que la Iglesia haya perdido a la clase obrera. Pio XI

   Murcia, martes, sin novedad en casa gracias a Dios. Os cuento de entonces:

 

   14 de noviembre 1977.- Madrugar tiene un encanto incomparable para mí. Un encanto y un provecho. Los que madrugan lo saben. No sé si habrá estadísticas sobre el particular, pero me atrevería a afirmar que los hombres que han triunfado en la vida han sido madrugadores.

   Se adelantan a los demás. Están antes que los otros. Disponen de más tiempo. La madrugada es la mejor hora del día. No puede compararse con ninguna otra. Sabe a nacimiento, a fiesta, a primavera.

   Es un comienzo con vida por delante. Todo es hermoso y prometedor cuando se es joven, y el día es niño de madrugada, y como niño es alegre, sano y fuerte. Yo quiero la madrugada. Salir al campo a llenarme de madrugada.

   Ver salir el sol por el horizonte, ver cómo se inunda todo de luz. El sol de la tarde, en cambio, es triste. Es un sol viejo que no tiene vida. Cada mañana es un nacimiento. Sí, cada día nacemos nosotros, y en cada día tenemos una fiesta.

   Quien madruga vive más y mejor. La naturaleza le brinda las primicias al que se levanta primero. El que viene después recoge la noticia de segunda mano. Es como quien llega a la reunión ya empezada y espera que le cuenten lo tratado antes.

   El que madruga recoge la primera información y abruma con su ciencia a los que llegan tarde. Sí, vive más y mejor el que se levanta pronto. Tiene una recompensa inmediata, que es sentirse joven, feliz y alegre.

   Y una recompensa mediata, que es saber más, estar al cabo de la calle de cuanto ocurre. La naturaleza es ejemplo vivo para los mortales: nos da un ejemplo todos los días: temprano a dormir y temprano a levantarse. Los animales, obrando por instinto, se acercan más a lo natural que muchos hombres.

   El sol está saliendo. Voy a la ventana a disfrutar de este espectáculo singular que me ofrece el día, evento único el de hoy en la historia de los siglos pasados y venideros. ¿Cómo puedo perderlo?

                                                                                                           

Francisco Tomás Ortuño.


   15 de noviembre 1977.- A los padres en España nos queda mucho que aprender. Somos demasiado padres, y de tan padres somos menos padres. Trataré de explicarme: los hijos quieren un trato más objetivo, más de cosa que está fuera de nosotros.

   La madre llora mucho por el hijo; mima demasiado al hijo; sufre mucho por el hijo; y el padre lo mismo. Así, el hijo no se despega de los padres; no hace las cosas por sí, porque se las hacen. El hijo se perjudica con padres tan padres.

   Sí, la casa es la mejor escuela, pero me temo que no somos buenos padres en nuestro país. Creemos que por hacer mucho a los hijos, se les quiere más Y no es eso. el niño quiere seguridad y cariño con nuestra presencia, con nuestras palabras.

   Los padres, por el bien de sus hijos, deben mirarlos un poco como extraños. Tienen que aprender a pensar que obran con seres que tienen vida propia, que un día se irán de su lado para emprender en solitario su andadura, que deben prepararlos para estar fuertes y dispuestos a esta prueba final.

   En España repito no sabemos, no estamos preparados para ser padres: o nos pasamos o no llegamos. Y es una lástima que esa edad, tan delicada, tan decisiva, en la vida de los niños, esté en manos de inexpertos.

   Los padres hoy no son buenos educadores. Los padres gritan o miman a destiempo, o se pasan o no llegan. Y en esa edad hacen falta educadores sabios, dirigentes especialistas. ¿Podrían sustituir a la familia?

   Centros preparados al efecto, donde personas que no fueran los padres, pero especialistas en esa edad y en su formación los atendieran. Sería interesante hacer la prueba. Jugarían intereses serios, ideologías diversas, jugarían otros factores, pero al fin y a la postre esos niños aprenderían a obrar por sí, crecerían sanos y fuertes.

   Creo que sería interesante hacer una prueba de este tipo. En España los padres no están preparados para hacerlo, que es una forma de iniciar la discriminación social. El ambiente y la formación que reciben los niños son totalmente desiguales.

   Cada niño recibe lo que le dan: unos mucho y otros nada; discriminación en los primeros momentos de la vida. Si se piensa en una justa distribución de bienes, tendremos que ir pensando en ese centro común con igualdad de trato y de posibilidades en la infancia.

   Son dos momentos -infancia y vejez- que las personas necesitan de la sociedad. De su apoyo, de su total ayuda. Ahí puede estar el paso real a la igualdad de oportunidades, no a la igualdad de personas, que nunca podrán serlo.

   Pero atendiendo igual su formación desde que nacen, haremos que cada cual se desarrolle según su medida, y no según la medida de sus progenitores, de su ambiente y de su economía.

                                                                                                          

Francisco Tomás Ortuño

 

    Cuando Red estaba recién casado, su esposa no hacía más que quejarse de él.  Red decidió soportar esta situación en silencio,

   Cuando vio que trataba a la servidumbre de la misma manera acudió a su maestro David. David le escuchó y le dijo que por qué le preguntaba a él, “pregúntate a ti mismo”.  Red quedó confundido por la respuesta de su maestro.

   Sabía que este intentaba enseñarle algo, pero no estaba seguro de lo que era. Entonces se acordó de una enseñanza:  “Si tus nervios te dan quebraderos de cabeza, es porque has obrado de manera incorrecta”.

   Si tu esposa te maldice es porque no has dominado tu lengua. Si tus hijos te preocupan, si te obsesionas en pensar cosas absurdas, alinea estas tres cosas con la piedad. Si tus pensamientos, palabras y obras, las 3 prendas del alma, son santos y santificadores, toda esta aflicción se transformará en alegría.

   De repente Red entendió lo que su maestro le estaba diciendo: “Si quería mejorar la situación de los demás debía empezar por sí mismo”

                                                                                                         

Francisco Tomás Ortuño. 

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