Sigue lloviendo.
23 Octubre 2025 San Juan de Capristano Del año: 296 días pasados – 69 sin pasar
Murcia, jueves, sin novedad en casa. Te cuento del pasado.
30 noviembre 1977.- Siete de la mañana. Il fait nuit. Es de noche. Silencio por dentro y por fuera. Todos duermen. Ha llovido mucho y sigue lloviendo. No muy fuerte, pero sin parar.
“Llueve -el agua se remueve -con furia de titán; -corre precipitada, -confusa, -locamente, como mi pensamiento”. Esto lo escribí una vez, con lluvia como ahora. Debe estar por alguna parte. Confusa, locamente, como mi pensamiento.
Entonces pensé que mi pensamiento era como el agua, naturaleza, roca, lluvia y mar. Lo que acontece fuera, acontece dentro. Formo parte de la tierra y corro su misma suerte. El agua se remueve con furia. Y mi pensamiento lo mismo.
No puede ser de otro modo. Sigo su suerte en todo. Vamos embarcados y sujetos a los mismos vaivenes. Bola enorme nuestro mundo; diminutos seres nosotros en el fondo. Cuando llueve, se aprecia mejor que estamos en el fondo.
La atmósfera es un mar de aire. Nosotros pisamos tierra. Estamos en el fondo del mar y construimos casas pegadas a las rocas submarinas. No hemos aprendido a salir, a construir fuera. Solo allá dentro, en lo profundo,
Casas flotantes, como pompas de jabón. Seguimos pegados al fondo, mirando hacia arriba. ¿Qué habrá más allá? Somos pobres seres submarinos. Ay, vanidades y orgullos, si por no saber no sabemos lo que hacemos por estos mundos de Dios.
Somos naturaleza, lluvia, roca, mar y plantas incrustados unos en otros. Nos movemos como el agua ciclónica del mar, arrastrados como las hojas secas de los árboles, vamos de un lado para otro, pegados siempre al fondo.
Sigue lloviendo. Mi pensamiento, como el agua de lluvia, se remueve confuso, sabiendo que no está en él salir de su pobre situación. Vegeta como otras especies siglos y más siglos y seguiremos igual mientras que el Mundo no deje de existir.
Hay personas que se encierran en la desesperación; otras en la resignación; otras buscan pasatiempos. Hoy en España se centra la atención en un partido de fútbol: España -Yugoslavia. Un pretexto para no pensar.
Los partidos tienen la virtud de distraernos. Las quinielas del domingo, lo mismo. Todo invento que consigue distraer cumple una función social y humana. El hombre que se entretiene es feliz. El hombre que no piensa.
¿Es el pensamiento, entonces, motivo de infelicidad? El hombre tiene que buscar donde distraerse. Las quinielas lo consiguen; el partido de fútbol, también. Benditas quinielas y bendito partido. Dos horas entretenidas en un juego. Semanas pendientes de unos signos.
¿Quién ha dicho que no hay que buscar pasatiempos que distraigan? “La vida nos entretiene con ruidos de feria“, escribí en algún lugar. Benditos ruidos de feria si nos entretienen. Debemos buscar esos ruidos, producir esos ruidos y caer en ellos para ser absorbidos plenamente.
Cuando somos jóvenes, o mejor, niños, con proyección de futuro, los padres tienen el deber de procurar a los hijos futuras ocupaciones por el bien de ellos, por su felicidad: idiomas, pintura, música, trabajos manuales, lecturas, viajes…
Luego, esto que aprenden será justo lo que hará de él un hombre ocupado, distraído, feliz. Tiene una trascendencia enorme el aprendizaje de los niños. Preparamos su vida madura, su futuro. Como a los pequeños, damos juguetes para que estén entretenidos.
Así nosotros, mayores, debemos buscar con ahínco aficiones absorbentes con las que estar también entretenidos: quinielas, partido televisado de hoy… haréis mucho bien.
Francisco Tomás Ortuño.
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