Sueños.

10 octubre 2025  Santo Tomás de Villanueva Sol: de 8´20 mañana a 7´42 de la tarde

   Murcia, viernes y sin novedad en casa, gracias a Dios. Os cuento de vuestra ya lejana infancia:

   8 noviembre 1977.- Lina se remueve, pero ha dormido bien y mucho. El sueño es necesario, reparador. Por el sueño se puede conocer la salud de la persona. Cuando se duerme mal, algo no funciona.

   ¿Qué es el sueño? Misterio. Y, sin embargo, es algo tan común que nadie puede vivir sin él. Niños que duermen, niños felices. Mayores que no duermen, hombres preocupados. Unas máquinas necesitan menos horas de trabajo que otras.

   A las personas ocurre igual. Seguir su ritmo de trabajo y de descanso, su marcha particular, es lo más prudente, lo más económico, lo más rentable. Somos como las máquinas. No cabe sino seguir con ellas según vayan pidiendo.

   No exigir más de lo que puedan, ni abandonarlas en un irracional descanso prolongado. Según esta idea, que vuelve a coincidir con los ritmos biológicos, cada persona es distinta y debe estudiarse para ir por la vida al ritmo que debe funcionar.

   Si no lo hace, puede estar forzando su funcionamiento, puede estar perjudicándola, rompiéndola poco a poco. ¿Será tan importante lo que digo que tengamos la solución de la vejez en ello?

   ¿Por qué envejecemos? ¿Por qué nuestro cuerpo se destruye, envejece? ¿No será que desde muy pronto la hacemos que funcione mal? Yo haría una prueba: trabajos para todos a la hora que mejor le fuera.

   Responsabilizarse de una tarea, pero no de la hora en que deba hacerse. Fuera horarios rígidos de oficinas y de fábricas. Contratos de trabajo, obligaciones serias, compromisos formales, pero nunca los horarios por igual para los trabajadores.

   El niño empieza pronto a forzar su máquina, a violentar su mecanismo. El mismo Colegio puede ser perjudicial en este sentido. Habría que pensarse en otro tipo de escuelas, en otras estructuras sociales en las que cupiera aceptar los ritmos personales a los trabajos.

   Vivimos en un mundo sujeto a revisión, y esto que propongo es tan importante que bien puede valer la pena considerarlo en serio.

                                                                                                   

Francisco Tomás Ortuño.

 

  

      9 noviembre 1977.- El Mundo de los niños es singular. Es otro distinto del nuestro. Y no me refiero a la casa, al lugar donde vive. Ese es el mismo. Me refiero al mundo de su espíritu, de sus sueños, de sus vivencias.

   El niño es niño por encima de todo, y no tratarlo como tal, es forzar su máquina, su naturaleza, obligarle a romperla. Yo tengo varios hijos. Verlos dia a día, estar con ellos cuando juegan, cuando corren, cuando riñen, es una escuela para mí.

   Es la mejor escuela para conocer su mundo. En la escuela hay niños también. Son niños como los míos. Por eso, cuando veo silencio absoluto, inmovilidad impuesta por el maestro, pienso que los muelles están tensos, que pueden saltar al menor descuido.

   El impuesto por el ¡chist! a cada momento y la amenaza del castigo, dicen bien claro que la disciplina obtenida es dictatorial, artificial, de miedo. Comparo estos silencios con la de mis hijos cuando juegan a sus anchas. El silencio es el mismo, pero de otro signo.

   El de mis hijos es natural, libre. Es el silencio fruto de un trabajo. El trabajo de sus juegos y de su misma quietud creadora; porque el niño libre, suelto, natural, tiene ratos de quietud creadora. Y hemos de respetar esos momentos de absoluta grandeza, de importancia capital en su desarrollo.

   Si les mandas que estén quietos, ya se obtiene un silencio artificial, obligado, tenso. Si les mandas que estén aquí sentados, aquí leyendo, allí mirando un libro, ya se consigue otro silencio artificial. El niño tiene que moverse. No puede estar como digamos los mayores.

   Si lo dejamos libre tras la orden de quietud, veremos que así no dura ni un minuto. Si por miedo al castigo no se mueve, su quietud es forzada, antinatural, deformante. Ahora dejemos libre al niño que esté sentado, de pie, que juegue o que lea, que esté solo o acompañado.  

 Nosotros, mayores, hagamos como que leemos, que no estamos allí con ellos, alejémonos que se sientan libres de nosotros, veremos que muy pronto se ocupan ellos solos en algo, pero en algo escogido por ellos mismos, libremente. Entonces se produce un silencio de taller, un silencio de trabajo, un silencio natural.

   Esta en la disciplina que ha de buscarse, la que se obtiene del trabajo, de la libertad. Es un orden creador. El niño en ese momento se desarrolla libre de miedos, de tensiones. Otra vez la naturaleza manda.

   Respetemos la naturaleza del niño. Sigamos su natural impulso vital, sus gustos, sus sueños, su vida. Si queremos educar bien no forcemos el mundo de su niñez con órdenes y amenazas.

                                                                                                       

Francisco Tomás Ortuño

Comentarios

Entradas populares de este blog

Cine de Medianoche.

El expolio de la bodega.

No quiero irme.