Verdaderos campeones.

26 Octubre 2925 San Luciano y Marciano

  Murcia, domingo, sin novedad en casa ni familiar, gracias a Dios y a sus cuidadores. Yo voy a contar cosas que guardo en la memoria:

 

   5 diciembre 1977.- Temprano. Se huele a Navidad, a Nacimiento. It's cold. Purísima a la vista. Las vacaciones están encima. Con mi tío Jesús Loncán viví 4 años en Elche de la Sierra. Con mi tío Jesús y con sus hijos Pepe, Antonio y Zoila.

   Mi madre es sobrina de su tío Jesús y prima de Zoila, de Pepe y de Antonio. Yo estuve de maestro cuatro años en Elche de la Sierra. Mi tío Jesús, que ya ha muerto, vivirá siempre en mi recuerdo. Era formidable. Su padre, bisabuelo mío, era Teniente de la Guardia Civil.  

   Sufría cuando se daba de bruces con la realidad que no admitía. “¡Buenos días!”, saludaba. “¡Hola!”, respondía el otro, jovenzuelo. Ese hola le ponía de un humor de perros. “¡Qué tiempos estos, qué falta de educación!”.

   Mi tío Jesús llegó a saber algo de todo: era sastre de profesión, albañil de talla, maestro de categoría, alfarero, aparejador… Yo admiraba, sobre todo, su faceta de escritor. Escribió la historia de Elche de la Sierra, que yo le pasaba a máquina.

   Solía preguntarme el nombre de las cosas. Se maravillaba de que todo, absolutamente todo, tuviera un nombre. “Será difícil conocer el nombre de cuanto existe, hasta lo más pequeño y lo más insignificante”: cualquier pieza de un motor, los utensilios de un taller, las ropas de un trabajador, los minerales, los peces, las partes de un libro, sin ir más lejos.

   Esto le hacía sumirse en sueños inalcanzables, como un niño ante un escaparate con dulces. Y le hacía estudiar. Su gran deseo de saber, sus lagunas intelectuales, como Sócrates en Grecia, pudo decir: “Solo sé que no sé nada, quien pudiera saberlo todo”.

   Creo que en ello cifraba su mayor dicha. Para suplir en parte su ignorancia, compró los cuatro tomos de un valioso diccionario. Pienso como mi tío, que nuestros conocimientos son escasos, que apenas sabemos nada de la vida, de la muerte, del espacio…

   Desconocemos la ciencia que se presume conocer. Somos pobres vanidosos de saber, limitados en extremo la memoria, pobre la inteligencia, escasa la voluntad… ¿Será que lo hemos complicado todo demasiado? ¿Serían necesarios tantos nombres, tantos aparatos, tantos inventos, para vivir feliz el hombre sobre la tierra? ¿No serán su propia destrucción como persona las mismas cosas que inventa?

    Podríamos salirnos fácilmente del tema. Me quedo con que los nombres de las cosas nos llevan a comprobar nuestra falta abismal de conocimientos.

                                                                                                      

Francisco Tomas Ortuño.

 

   7 de diciembre 1977.- Hoy he estado en Cieza. Reunión de Directores con el Inspector. Un paseo en coche. De paso, he llevado unos cuadros restaurados por mamá a sus dueños de esta localidad murciana.

   A la vuelta he pasado por el chalé. Están removiendo la tierra de la puerta, lo que después serán cocheras, aljibes y terrazas. Los albañiles no han dejado de trabajar contra pronóstico. Hoy ponen pisos en el comedor y rodapiés por otras habitaciones.

   De regreso al pueblo, una mala noticia: Juan Gil ha muerto. Juan era bueno. Tenía muchos hijos. Hace ya tiempo que andaba doblado. Habrá sufrido lo suyo viendo a sus hijos pequeños y con su enfermedad a cuestas.

 

   Don Pedro Sáez habla bien. Sabe entretener hablando. Es un maestro de la palabra. Se ha tratado en la reunión de Cieza sobre “Orientación escolar y vocacional”. Al final, todos contentos de haber pasado juntos unas horas.

   Saber hablar es un arte difícil, como saber escuchar. Saber dialogar es privativo de pocos. Denota inteligencia y respeto a las otras personas. Pocos hablan bien y en su momento   oportuno. Enseñar a hablar es tan necesario como enseñar a leer y escribir.

   Que uno diga cosas ya es importante. Que uno diga cosas interesantes, lo es más aún. Que estas cosas las diga en su momento justo dice mucho de quien las dice. Hay personas que destacan hablando, o en silencio. Son personas que cuando abren la boca es para decir algo necesario.

   Don Pedro es un maestro de bien decir. Es de familia modesta. Con su trabajo ha llegado a ser Inspector. Estas personas que han ganado su prestigio, su posición, con el esfuerzo y el trabajo, tienen para mí el gran valor del triunfo nato, son verdaderos campeones.

                                                                                                          

Francisco Tomás Ortuño.

 


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