Viviendas "post mortem".
4 Octubre 2025 Mi Santo, San Francisco, Del año: 277 días pasados y 88 por pasar. De mi vida: 92 a, 3 m. y 4 d. FELICIDADES A LOS FRANCISCOS DE LA FAMILIA, AMIGOS Y A TODOS EN GENERAL
Te cuento recuerdos de mi largo pasado:
29 octubre 1977.- He subido a Santa Ana andando. Uua mañana deliciosa. Los albañiles trabajan en el chalé. Con un mes más de trabajo podría llegarse al fin. ¿Qué pasará? Ayer, Manuel andaba con el certificado del Ayuntamiento para su cacareada crisis laboral.
¿Detendrá la obra? ¿Cuándo? ¿En qué condiciones? Son incógnitas que el tiempo irá desvelando. Nuestro chalé, por su financiación, por el tiempo tan inseguro que vivimos, por su terminación tan confusa, nos tiene en vilo, nos obsesiona el chalet, su presente y su futuro.
¿Ayer? ¿Anteayer? llamó desde Murcia Joaquín Martínez Provencio. Esperaba su llamada desde que supe que iba a Zaragoza a mis exámenes a Cátedra de Instituto. Por la letra de su apellido, le tocó Madrid. Sé que alcanzará su meta: será Inspector o Catedrático un día.
Francisco Tomás Ortuño
31 octubre 1977.- Lunes, víspera de fiesta, cuatro y media de la tarde. Venimos del cementerio mi mujer y yo. Una visita de paseo. Gente que sube y que baja a llevar flores a sus difuntos. Nosotros no hemos llevado flores sino oraciones.
Hay panteones familiares nuevos. No me desagradan los panteones. Hacen menos terrorífica la idea de acabar. Pensar que hemos de reunirnos otra vez en una casa preparada de antemano, hace menos fuerte el trance de morir.
Creo que pensaremos luego seriamente en un panteón familiar. Y no será por orgullo o vanidad. Será, si es que llega a realizarse la idea, por lo que digo arriba, porque es consolador pensar que va a vivir de nuevo juntos la familia.
También porque esas viviendas “post mortem”, con luces y ventanas, parecen más acogedoras que los agujeros angostos o urnas, por bellas lápidas que se pongan fuera.
A José María, por fin, lo han operado esta mañana. Esta es la noticia escueta, lacónica, que nos ha llegado por teléfono. Siete “piedras “menos en su cuerpo. Luego sabremos más del estado post operatorio del enfermo.
La tía Amparo salió esta mañana hacia Valencia. Ha pasado 15 días con nosotros. Quizás no vuelva más. No está para muchos viajes. Habrá venido a despedirse. Ella sabrá lo que lleva en la maleta de sus intenciones.
Pascuala está a mi lado. Pinta. Estamos solos en la casa. Lina está con la yaya Isabel. los demás en el Cole. Enseguida llamarán a la puerta. Miguel celebra demasiado que mañana no haya Cole. ¿Será por la hermana Lucía?
La hermana Lucía, su profe, es severa. Hasta llegar a pegar a los niños. Grita mucho. Su gesto es seco, autoritario, agrio. Los niños la temen. ¿Será por ella que Miguel celebra tanto las vísperas de fiesta?
“Mañana no hay cole y pasado mañana tampoco”, le digo. Y él me mira contento, con una alegría que no puede esconder. Estalla en gritos de júbilo. Salta de contento. Los niños son así de sinceros.
La hermana de Miguel comienza a preocuparme. Cuando no ha hecho los deberes, Miguel llora. Creo que es pánico lo suyo. Y lo peor es que los niños sientan miedo y horror por la escuela, cuando esta debe ser una fiesta. Si esto no es así, la escuela ha cambiado su función.
¡Ay, qué importante es el maestro! El niño es importante con su inteligencia natural, pero el maestro es el artista que hace que se desarrolle debidamente. Para mal maestro, mejor ninguno.
El mal maestro aborta voluntades, anula inteligencias, deforma la personalidad. El buen maestro, en cambio, viste de fiesta su clase, ilumina de luces su escuela, pone alas en los pequeños, hace soñar.
El maestro es el artista que, como si no hiciera nada, conduce a cada niño según naturaleza por los caminos de la ciencia y la virtud. Esto no lo comprenden los que no son maestros, los que gritan los que pegan, los que están tristes. Esto no lo entienden los que hacen desear a los niños que no haya colegio. 3
3 de noviembre 1984.- En Jumilla se habla demasiado de parejas de estudiantes que tienen que casarse rápido, casi niños sin concluir sus estudios. Los padres pasan por la vergüenza de confesarlo a sus amistades.
Los jóvenes pasan de todo, y hasta de sentir rubor por lo ocurrido. Hay una especie de disculpa tácita para estos trances, casi un consentimiento social descarado. Para mí es una situación creada por la democracia. Los tiempos anteriores no daban estos frutos.
En el cambio tiene que haber como lógica consecuencia, por la propia inmadurez del nuevo ente democrático, tropiezos, caídas, fracasos, y aciertos. ¡Vamos, de todo! El paso de una sociedad reprimida a otra libre, abierta, emancipada, independiente, es de tal magnitud, de tal envergadura, que pasar de la una a la otra sin percances sería un milagro.
Se da políticamente, económicamente, socialmente. ¿Qué ocurre en el campo religioso? ¿Qué en la educación?¿Qué en la calle? En todas partes convulsiones sísmicas. En unos años la vida ha cambiado de signo.
Las personas, con una capacidad tremenda de resistencia, consiguen soportar mal que bien el cambio, se sienten, qué duda cabe, turbados, mareados, desconcertados, pero superan, a trancas y barrancas, cruzar de un extremo al opuesto la prueba a que les ha sometido.
Y es evidente y lógico que aquí y allá, en distintos puntos y terrenos, con todo lo bien que lo están superando, haya caídas y traspiés. Estos matrimonios son la consecuencia del cambio a la libertad. La caída de jóvenes en su difícil aprendizaje a ser maduros.
Les tocó a ellos como les pudo ocurrir a otros. Tenemos que ampararlos entre todos, pues que el cambio les ha pegado a ellos sin culpa quizás, sin merecerlo. Es como si cruzamos un puente cientos de personas un puente que lleva al prado apetecido.
En el tumulto, algunas personas caen. La culpa es de todos y de nadie. Quizás sería mejor hablar de una situación inevitable y desgraciada. Es el cambio, es el paso, que se cobra sus víctimas. Yo así lo veo. Jamás se debe despreciar a estas personas. Necesitan ayuda social. Son las víctimas del momento.
Francisco Tomás Ortuño
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