Cada uno que se ocupe de lo suyo.
2 Noviembre 2.025 Fieles Difuntos
Murcia, domingo. sin novedad por casa, gracias a Dios. Francis con su Música en Beniel, Pascual con sus Clases de Secundaria en San José de Espinardo, Ángel por Alemania, por Hamburg y río Elba, trabajando en su Ingeniería de Canales y Puertos, Miguel luchando con su nueva casa en La Raya y la Administración de la Facultad de Educación en la Universidad de Murcia y Lina en la UCAM de Profe y atendiendo inmejorablemente a sus ancianos padres. Así terminamos el año 2.025. Té cuento de atrás:
16 diciembre 1977.- La siete y media de la mañana. De noche, silencio. ¡Qué silencio más encantador! ¡Qué paz! Pero, ¿hay de verdad silencio? ¿Hay verdadera paz? El silencio y la paz van con nosotros. Hoy te puedo asegurar que hay silencio y que hay paz.
Un silencio que grita y que yo escucho, un silencio que habla de bienestar, de salud. Un silencio a estas horas de la madrugada, que me dice que todo marcha bien, que mi deber se va cumpliendo, que mis hijos crecen sanos, que mi mujer es feliz.
Sin embargo, en España hay malestar. Ayer cerraron la Universidad en Murcia, ¿vacaciones anticipadas? Algo ocurre en España.
Que pronto acabe este miedo de robos en casas, de robos de coches, de inseguridad… Vivimos intranquilos. Hace falta que la paz vuelva. Que los agitadores se desenmascaren. Algo se teme que pueda ocurrir en cualquier momento.
España está pasando un mal momento. Aquí hay paz, pero fuera no. En la calle hay desorden y miedo, que es todo lo contrario. Si cada persona se ocupara solo de lo suyo, la situación cambiaría de signo.
Esa puede ser la solución: cada cual a lo suyo. Pero que el Profesor esté fuera de su Clase en reuniones políticas, que el Albañil no esté en el tajo, o que el Médico no reciba a sus pacientes…
Señores, así no pueden ir las cosas como deben ir. Entre todos hundimos, sin darnos cuenta, lo que tanto queremos.
Francisco Tomás Ortuño
CONSUMO RESPONSABLE:
Somos habitantes de una “casa común”. La familia es el sujeto social primario que contiene en su seno los dos principios base de la civilización humana sobre la tierra: el principio de comunión y el de fecundidad.
Todos debemos ser educadores de la tierra dolorida y de la ciudad compasiva. Tenemos que cuidar de la tierra de todos como un don precioso para disfrutarla no para explotarla. Somos vecinos de la misma tierra. Ser sensibles al dolor de la tierra y la realidad de los otros.
Las numerosas noticias y las imágenes de dolor, de atentados con la vida humana y la vida del planeta, pueden hacernos insensibles al sufrimiento de los demás. Lo vemos tan lejos que no nos duele igual.
El papa Francisco insiste en que ocultar y enmascarar el sufrimiento y la muerte es evadir la realidad de la vida. Una educación que deja de lado la sensibilidad por la enfermedad humana aridece el corazón.
Hace que los jóvenes estén anestesiados respecto al sufrimiento de los demás, incapaces de confrontarse con el sufrimiento y vivir la experiencia del límite.
Francisco Tomás Ortuño.
Comentarios
Publicar un comentario