Rillo.

28 Noviembre 2025  San Jaime       A mis nietos Gabriel, Isabel y Pablo

   Murcia, viernes y sin novedad en casa. Te cuento recuerdos de mis inicios en el Magisterio para que compares con los tuyos:

   De la casa a la escuela, de la escuela a la casa. Fuera, algunos paseos por la carretera hasta las minas. Pasé más horas dentro que fuera de mi habitación. Los domingos tomaba el sol. Algunas tardes, después de la Escuela, lo mismo.

   Por las noches, después de la cena, hablaba un rato con la familia, cerca de la estufa. Así pasé dos años, -mis 21 y 22-; 1954 y 1955 del calendario. Cuando Franco se consolidaba en el poder Y España salía de su marasmo de la década anterior.

   La estufa se alimentaba con lignito, carbón de piedra que abundaba en este pueblo. Y es que, como digo, a dos kilómetros de Rillo había minas de carbón -turba, lignito, hulla y antracita- en las que trabajaban los hombres del lugar.

   Estos o iban al monte con las ovejas o a trabajar a las minas. Por las tardes el pueblo se animaba cuando unos y otros regresaban. Mi amigo Evencio, contable en estas minas, me llevó un día a conocer por dentro este mundo subterráneo, de donde salían vagonetas cargadas de mineral.

   En los meses de invierno, largo y duro invierno en la comarca, las noches eran frías, con temperaturas de muchos grados bajo cero. Dentro de los hogares, en cambio, las estufas conseguían un ambiente confortable. La gente sabía hacer frente al frío reinante fuera, con sus buenas estufas en todas las casas.

   Contaban que no hacía mucho, una tormenta de nieve había retenido allí al coche de viajeros que iba a Teruel, durante 15 días. Me lo creía porque la tierra se gastaba esas bromas con los fríos y los vientos en los meses de invierno que eran casi la mitad del año.

   ¡Que vientos, qué fríos y qué nevadas! Yo no había conocido nada igual antes ni he conocido después. Pero el resto del año, la temperatura era tan agradable que salir al campo, pasear por las calles o subir a la Ermita era lo más delicioso del mundo.

   Los dos cursos que pasé en Rillo estuvieron divididos en dos mitades por mi Servicio Militar en Lorca -tres meses-. O sea, que puedo hablar de un antes y de un después. El antes o primer curso se identifica con mi toma de posesión y mi entrada en el mundo laboral. El después, con el reencuentro de los mismos lugares y las mismas personas.

   Quizás porque era mi primera Escuela, o porque era la primera vez que salía de casa solo, la película de estos dos años quedó en mi memoria tan grabada que podría repetirla sin miedo a dejarme nada en el tintero.

   ¡Cómo recuerdo a los niños Juanito, Juan Miguel, José Lahoz, Ramón Fuertes…! Viendo una foto que nos hicimos juntos, me parece vivir de nuevo aquellos momentos de mis 20 años, en Rillo. Cuando marché a cumplir con el servicio militar recibí una carta de mis alumnos en la que me pedían que volviera pronto, que el balón que habíamos comprado ya estaba roto.

   Después de muchos años o muchos años después, como cuarenta, que ya es decir, estuve con mi mujer y mis hijos en Torreciudad de Huesca, en el Pirineo oriental, y al bajar por Zaragoza decidimos llegar por Rillo.

   ¡Cuántos recuerdos, Dios mío, cuántos sentimientos encontrados! Aquellos niños de la Escuela habían volado. Ahora vivían en Zaragoza, en Madrid o en Teruel. Uno de ellos cuando lo supo me escribió a Murcia.

   Me dijo que quería que nos volviéramos a ver. Otro, como él, desde Mallorca, enseguida me llamó. Es una alegría tremenda saber que te recuerdan después de tantos años.

   La familia con la que estuve no vivía donde mismo. Los padres habían muerto y solo uno, Blas, vivía en otra casa. Tal vez, en estos casos lo mejor sea no remover el pasado y dejarlo dormir tranquilo.

   Yo escribí un Cuento en que quise expresar esta idea. Lo titulé don Hipólito. Quiso volver a un pasado bonito y no pudo.

   De mi segunda etapa o Curso en Rillo, a quien más recuerdo es a Aurora, la maestra nueva. Por lo visto, en estas Escuelas rurales los maestros cambiaban a menudo. Continuará.

                                                       

Francisco Tomás Ortuño.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Cine de Medianoche.

¡Paco, dónde está la luz!

Murcia no me gusta, no me prueba.