Rulos de celuloide.
16 noviembre 2.025 Santa Margarita y Santa Gertrudis
Murcia, domingo y sin novedad en la familia, gracias a Dios. Te cuento de antaño:
GAMBERRADAS:
Dice el diccionario que gamberro es quien comete actos inciviles para molestar a los demás; que es la persona que molesta a otros o se hace desagradable. Y gamberrada es la acción propia del gamberro.
¿Qué niño no es gamberro a los 12 o 13 años? Me da vergüenza confesarlo, pero yo lo fui y en extremo. ¡Qué felices nos sentíamos la pandilla corriendo por las calles, sintiéndonos perseguidos! Era la fase de la vida en que uno deja la niñez.
Los niños en la adolescencia están disculpados de los males que produzcan con sus juegos violentos. En la adolescencia se está viviendo una etapa de tránsito. Se está cruzando el puente que lleva de la infancia a la juventud.
Y no se comprendería si se la abortara o se la castigará por hacer ciertas cosas. Salíamos con nuestras gomas que eran nuestras armas. Las gomas de un cm de ancho por 15 o 20 de longitud. Igual que con el tirachinas, donde poníamos el ojo allí iba la goma.
Sujeta un extremo con los dedos índice y pulgar de la mano izquierda, y por el otro extremo con la otra mano, la soltábamos en el momento justo que el instinto nos decía, para salir disparada como un obús.
Cuando fuimos expertos en el manejo de estas gomas, tras haber probado mil veces en casa, salíamos a la calle. ¡Válgame Dios! ¿A quién se le ocurrió primero? Nos dio por lanzar la goma, con maestría endiablada, a los cigarros.
Cuando veíamos a alguien que fumaba, tomábamos posiciones. El que iba a tirar se colocaba a un lado y los demás al otro para recoger la goma. El tiro era certero, seco, limpio, y el cigarro salía despedido y el que fumaba se llevaba un gran susto.
Una noche vi a Jesús, alias Cañón, hombre conocido en el pueblo. Se detuvo en el kiosco de Teófilo, compró un paquete de cigarrillos y se puso uno en la boca. Yo cerca, como a metro y medio de él, amparado por la oscuridad, me preparé.
Cuando fue a encender el cigarro, tomé la goma y ¡zas! la solté. Fue como una flecha al blanco y se llevó limpiamente el cigarro, con tal violencia que el hombre se asustó. No podía saber quién ni cómo le había quitado el cigarro de la boca.
Miró con asombro hacia arriba y hacia abajo, luego a los lados, y como no hubiera nadie partió de prisa. Seguro si es que vive, que aún se está preguntando por el suceso de aquella noche en el puesto de Teófilo.
Pedro tenía en su casa unos rulos de celuloide forradas con papel, pequeñitos y comprimidos, del tamaño de un dedo pulgar. No me preguntes ni de dónde los sacaba, ni para que servían.
Solo sé que llevaba cada noche los necesarios para nuestra aventura. Nos juntábamos con él 3 o 4 amigos y, con la señal que nos hacía, sabíamos que esa noche era de lanzar bombas de humo en las casas.
¡Qué sensación de aventura fuerte nos recorría el cuerpo! Ya no hablábamos. Éramos una piña y una tumba, ojo avizor, buscando la calle sin luz y el momento adecuado. ¡Aquí!, decía uno. Y Pedro sacaba del bolsillo un cartucho.
¿Quién lleva el encendedor? Cuando no pasaba nadie, abríamos con cuidado la puerta de una casa, encendíamos por un extremo el diminuto paquete y lo lanzábamos sin más al centro del porche y cerrábamos de nuevo.
Desde la esquina atisbábamos la casa. Como sabíamos de otras veces, cuando el fuego llegaba a la película o celuloide comprimido, soltaba un chorro de humo hasta consumirse. No explotaba ni corría como las carretillas, pero la humareda era tan grande que se inundaba la casa.
La gente cuando lo advertía daba la voz de alarma con gritos estentóreos y abría la puerta de la calle. Entonces nosotros salíamos corriendo, sabiendo que la faena había surtido efecto.
Francisco Tomás Soto.
¿LO SABÍAS?
LOS PULPOS:
El fósil de pulpo es el más antiguo que se conoce. Tiene 200 millones de años de antigüedad. Fue descubierto en Pensilvania (Estados Unidos) y pertenece al periodo Carbonífero. Poco han cambiado los pulpos desde entonces,
La tinta que los pulpos, cuando se encuentran en peligro, despiden es una sustancia que, no solo es útil para esconderse, sino que también puede hacer daño a sus enemigos.
Contiene tirosinasa, un compuesto que en los humanos ayuda a controlar la melanina y la pigmentación de la piel. Sin embargo, causa irritación en los ojos, el gusto y el olfato.
Incluso los pulpos deben tener cuidado, ya que pueden morir si están mucho tiempo expuestos a su propia tinta.
Francisco Tomás Ortuño
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