Carraclaca.
5 diciembre 2.025 Santa Crispina y San Anastasio. Cumpleaños de mi nieta Lina, la más guapa y más lista del mundo, la plus Jolie du monde. Año: 339 – 26; Sol: 8´23 a 18
Murcia, viernes y sin novedad en casa, gracias a Dios.
PARA PENSAR: Si no se vive para los demás, la vida carece de sentido. Santa Teresa de Calcuta.
Te cuento de atrás:
Los fines de semana, mi amigo y yo nos íbamos a Lorca a casa de mis primos- Teníamos una habitación para nosotros con dos camas limpias y perfumadas las sábanas. A mí me resultaba violento seguir así, y se lo dije a mi amigo.
- “¡No vuelvo más!”, le dije.
No le hizo mucha gracia mi proposición, pero terminó por aceptarla. Y así lo hicimos.
Alarmados mis tíos, preguntaron por nosotros, y casi con ruegos nos hicieron volver. “¿Es que estáis mal?”, me preguntaban. Y yo, sin decir los verdaderos motivos que me recomían el alma, seguí yendo hasta el fin con mi amigo y compañero.
¡Cómo recuerdo mis partidas de billar con Camilo, el marido de Vicenta! Mi amigo Pepe era también un maestro en el arte del billar. Los domingos íbamos a un bar próximo y nos echábamos la partida. Después tomábamos café, que siempre pagaba Camilo. La situación se prolongó durante 3 meses largos. Nunca podremos pagar, ni mi amigo ni yo, tantas atenciones de estas buenas personas.
En el campamento de Carraclaca había poca agua. En el plato de aluminio que nos dieron el primer día, debíamos lavarnos, afeitarnos, y hasta beber el café con leche que nos daban por la mañana.
Mi amigo Ramón, de Moratalla, no soportaba semejantes restricciones y se quejaba. Era estudiante de Derecho. En su casa gozaban de holgada situación económica. Cuando nosotros no teníamos un duro que gastarnos, él sacaba 1.000 pesetas del bolsillo como si tal cosa. “¡Mil pesetas!”, nos decíamos los demás.” ¡Ramón lleva mil pesetas! “.
Un sábado me fui con él a su pueblo y conocí a su familia. Luego seguí escribiéndome con Maruja, su hermana. Ramón lo veía con buenos ojos y hasta me pedía que volviera con él a su casa. No lo hice porque pensé que era abusar de su amistad. Todavía guardo fotos de Maruja por algún cajón entre los recuerdos de mi juventud.
Cuando nos licenciamos, ya fuera del cuartel, con ropa de paisano, mi amigo de Moratalla y yo tomábamos una cerveza en la terraza de un bar en la Corredera, calle principal de Lorca. Acertó a pasar por allí el Sargento Barroso, y al vernos se paró con nosotros. Ramón miró para otro lado.
-“Ya sé que la mili es dura”, dijo. “Pero debéis comprender que no puede ser de otra manera”. Al ir a estrechar su mano, mi amigo le dio la espalda”. Se marchó sin más el sargento.
El sargento Barroso me apreciaba mucho. También me cayó bien él desde el primer día. Cuando supo que yo era Maestro, me pidió que le diera unas Clases de Matemáticas. Fue así como empecé a entrar en la tienda de Suboficiales. Los sargentos, tenientes, alféreces y capitanes me conocían y me saludaban.
Como digo, el sargento Barroso me apreciaba sobremanera. Un día hubo exhibición de saltos de longitud delante del Comandante. El Sargento, confiado en mis posibilidades, le dijo al Superior: “Hay quien supera ese salto” y ordenó que me buscaran.
“Dice el Sargento que te presentes ahora mismo”, me dijeron. Yo acudí sin saber para qué era requerido. Había expectación. “Tienes que superar los cinco metros, Ortuño”, me dijo el Sargento cuando me vio. “No me dejes mal, tienes que saltar más de 5 m., se lo he prometido al Comandante”.
Todos me miraban expectantes. Cuando me hice cargo de la situación, vi que era difícil la empresa y al mismo tiempo quería dejar bien al Sargento Barroso, que confiaba tanto en mí. Cogí carrera y por entre dos filas de soldados que formaban un pasillo estrecho, sin pisar la raya, di el salto más grande que he dado en mi vida.
Como si me hubieran puesto alas, supere los cinco metros con el asombro de los presentes, los abrazos del sargento y la felicitación del Comandante. La cinta métrica expresó repetidamente que había saltado 5 m y 20 cm proeza que no he repetido después.
Francisco Tomás Ortuño
REFRANERO:
Cada lobo en su send a y cada gallo en su muladar.
Refrán para los que acostumbran a entrometerse en lo que no les incumbe.
Parece hormiga y es avispa.
Para aquellos que de vez en cuando y sin que nadie lo sospeche sacan el aguijón de la ira, del mal genio, o de la murmuración.
A buena hambre no hay pan duro, ni falta salsa a ninguno.
Alude a que cuando una necesidad apremia no se repara en delicadezas.
Gato con guantes no caza ratones.
Aconseja que para ciertos menesteres no se vaya presumiendo de refinamientos impropios e inútiles.
Para verdades, el tiempo; y para justicia, Dios.
Refrán de consuelo, pues a la larga se descubren las verdades; y la justicia de Dios es indudable.
El amigo imprudente, con una piedra te mata el mosquito en la frente.
Advertencia contra los amigos de poco seso que creyendo hacer un bien nos pueden meter en un lío tremendo.
ADIVINANZAS:
Dos personas juegan a las Damas. De 5 partidas, cada una gana tres. ¿Cómo es posible? Solución: Es posible porque no juegan entre sí.
Un hombre vive en el piso 15 de un edificio. Cada mañana toma el ascensor y baja hasta el sótano donde está el garaje para ir al trabajo. A su regreso, sin embargo, solo sube hasta el séptimo piso en ascensor; el resto del recorrido lo hace caminando. Eso sí, cuando llueve sube hasta el piso 15. ¿Por qué?
Solución: Porque es bajito. Cuando baja puede presionar el botón que le lleva al sótano pero cuando sube no llega más que al botón del séptimo piso. Cuando llueve puede presionar el botón del 15 piso porque lleva paraguas.
Una mujer da a luz a 3 hijos varones que nacen en el mismo parto, pero no son trillizos. ¿Cómo es posible?
Respuesta: Es posible porque pueden ser cuatrillizos: 3 hombres y una mujer.
Francisco Tomás Ortuño.
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