Cosas de atrás.

10 diciembre 2025 Ntra. Sra. de Loreto y Sta. Eulalia Del año: 344 pasados – 21 s.ll.

   Murcia, miércoles, sin novedad gracias a Dios: Te seguiré contando cosas de atrás:

   AMBULATORIO:

    Cuentan que la mujer de la limpieza le dijo un día, en el ambulatorio: “Don Juan José, sus compañeros dicen que no se asea usted, que no se cambia de corbata, que es usted un cochino”, y que él escuchaba y callaba.

   Y era verdad lo que decían sus compañeros, que quizás les hubiera gustado que fuera limpio y trajeado, como correspondía a su clase médica. Porque su corbata, de no quitársela, pendía de un hilo. Y la mugre de la ropa, le hacía oler a sudor a una legua.

   Don Juan José, cuando acabó la limpiadora, le ordenó salir de su despacho, y, él sabría cómo, hizo sus necesidades encima de su mesa. Volvió a llamar a la mujer, y mostrándole “el pastel” le dijo; “Díga a mis compañeros que ahí tienen mi respuesta”. No sé el final de la historia; pero me temo que no sería muy bueno.

   Siempre en los pueblos ha existido esta figura, a la que se han adjudicado los hechos o dichos más estrambóticos, aun sin haber ocurrido. ¿Qué pasó con Quevedo? ¿Qué pasó con Cela? En mi pueblo, de niño, recuerdo a don Álvaro.

   Era abogado y decían que estaba mal de la cabeza. “Voy a Cieza a comprar 2 kg de tomates, que están dos reales más baratos que aquí”, decía. Cuando le veíamos llegar nos escondíamos. Don Juan José, en Elche de la Sierra, era el médico a quien todo lo imaginable le cabía.

   Contaban que hubo un Congreso médico. Alguien lo echó de menos: “Falta Juan José”, dijo. Cuando vieron que un camión cargado de madera, se detenía en la puerta, y que alguien bajaba como podía. Era él, el mismo don Juan José, que hacía de Tarzán.

   Como de Yeste pasaban a menudo estos camiones cargados hasta los topes con madera, él había pedido que le llevaran hasta Hellín.

 

      YO, ME, MI, CONMIGO:

      A mí me recibieron bien en este pueblo de Albacete. Pronto debí correr entre las lenguas como el profesor que todos esperaban. Me vi solicitado por las mejores familias a dar clase particular a sus hijos. Como un preceptor.  Y es que en Elche tener un profesor particular en su casa vestía lo suyo.

   En el Colegio privado “María Auxiliadora” me pidieron pronto dar clases de latín. Y yo, ni corto ni perezoso, con mis conocimientos recientes del bachillerato y los dos años comunes de Filosofía, enseñaba a declinar el rosa, rosae, y a conjugar el verbo amo.

   “¡Que viene el profesor!” y los alumnos se ponían de pie. “Sentaos”, pedía yo, y los alumnos se sentaban. Una monjita se quedaba en la clase, detrás, en un rincón, leyendo o rezando, quizás para que se dijera en casa.

   DON ARTURO Y DOÑA JUANA MONTES:

   Don Arturo y doña Juana Montes eran probablemente la familia más distinguida de Elche de la Sierra. Me pidieron dar clase a su hijo en su casa. Era una casa regia. Por las tardes, a la misma hora, yo iba a esta mansión. Una señora me abría y me entraba al comedor, donde esperaba mi alumno Antonino, niño de pocos años, menos de seis.

   Me las veía y me las deseaba para conseguir que este pequeño me escuchara. Era una lagartija. Igual se subía a la mesa que se tiraba al suelo. Niño que hubiera preferido jugar en la calle a permanecer sentado oyendo sermones, por mucho que quisiera amenizarlos.

   ¡Qué tortura para el niño y para mí! Algunas veces, el padre permanecía sentado junto a la chimenea, a dos metros de nosotros, y hacía como que dormía, aunque no durmiera. Estas veces era un tormento, lo recuerdo bien. Para mí, que quería quedar bien y que el niño atendiera mis explicaciones.

   Hasta hubo ocasiones en las que no solo el padre sino también la madre escuchaba y seguía el curso de la clase. Si el niño estaba atento, para mí era un triunfo y una satisfacción difícil de expresar.

   No debían de estar descontentos conmigo, ya que me pagaban bien y me hacían regalos. A veces hablábamos antes de la clase y se nos pasaba el tiempo sin darnos cuenta. Hubo ocasiones en que la clase se suspendía por estas charlas interminables de los mayores.

   EMILITA:

   Especial capítulo en lo que a mis clases particulares se refiere, fue el de la casa de Emilita Lora Agredano. Lola me pidió dar clases en su casa a su hermana. Lola y Emilita eran sobrinas del entonces Ministro de Educación, don Manuel Lora Tamayo.

   ¡Qué cuerpo de tío le ponían delante de mí! “¡Esta felicitación es la del tío!”. “¡El tío Manuel ha dicho…!”. Yo acepté ir como es natural. Pero mi alumna era bastante crecidita, sevillana, y con un deje andaluz que me sedujo pronto.

   Le pedí relaciones, aceptó, y dejamos las clases por los paseos. Y llegamos tan lejos que si no es por mi mujer, acabamos en el altar.

   EMILIO:

   Emilio era pariente de mi familia, más o menos de mi edad. Como tenía una moto grande, algunas tardes íbamos a los pueblos vecinos. En Perales había una maestra, Rosita, que, de puro aburrimiento, nos decía ella, abría la escuela los domingos y enseñaba a los niños catecismo. Le hicimos bastantes visitas a Rosita. Lo tomábamos, yo por lo menos, como una obra de caridad o misericordia.

   También fuimos a Hellín algunos domingos. Entrábamos a un cine o paseábamos por el parque cerca de Capuchinos. Tampoco fructificaron estos paseos. El encanto para mí estaba más en el viaje, ir “de paquete,” que otra cosa. Así que también, por lo suyo, fueron estos viajes perdiendo fuerza y terminaron por esfumarse.

                                                       

Francisco Tomás Ortuño.


     LA ARTROSIS:

    La artrosis es una enfermedad crónica, que afecta a millones de personas. Aunque no se puede evitar por completo, existen medidas que pueden reducir el riesgo de desarrollarla.

    1.- MANTENER UN PESO SALUDABLE. El exceso de peso ejerce presión adicional sobre las articulaciones, especialmente en las rodillas y las caderas. Mantener un peso adecuado puede reducir la carga sobre estas y determinar el riesgo de artrosis.

   2.- REALIZAR EJERCICIOS REGULARMENTE. La actividad física ayuda a fortalecer los músculos alrededor de las articulaciones, lo que proporciona una mayor estabilidad y protección. El ejercicio de bajo impacto, como la natación o el ciclismo, es especialmente beneficioso.

 3.- MANTENER UNA BUENA POSTURA al sentarse y al levantar objetos pesados, ayuda a proteger las articulaciones y evitar lesiones innecesarias.

5.- CONSUMIR UNA DIETA EQUILIBRADA, una alimentación saludable y equilibrada, rica en frutas, verduras y alimentos ricos en omega 3, puede ayudar a reducir la inflamación y fortalecer los huesos y las articulaciones.

                                                  

Francisco Tomás Ortuño

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