Lo que siembra se recoge.
16 diciembre 2.025 San Valeriano 349 – 16
Murcia, martes, sin novedad en la salud, gracias a Dios. Sigo contando:
Estando un verano en Santa Ana con mi familia, supe que cerca, Yos hijos de un amigo estudiaban inglés. Y, como si las aficiones se buscaran, nos vimos proto diariamente, preguntándonos las lecciones con el libro.
Ellos iban a matricularse, en la Escuela de Idiomas de Valencia, de Tercer Curso. Y yo, por no ser menos, me matriculé de tres cursos de inglés y de tres cursos de francés. Supimos fechas de exámenes y demás requisitos, y allá que fui en su momento para emprender esta nueva aventura con los idiomas.
Aprobé 5 cursos de los 6 que llevaba para hacer. Me quedó el tercero de francés. Debí de tirar la valla, como esos atletas que, cuando menos se catan, tiran el palo. Las papeletas con los aprobados y el suspenso de francés quedaron olvidadas por mucho tiempo en algún cajón de mi mesa.
Cuando vinimos a vivir a Murcia, con una flamante Escuela de Idiomas a dos pasos de casa, era tentador no pensar en los idiomas nuevamente. Y así fue como me di una vuelta un día por allí y supe que podía asistir a clase para hacer los cursos que antes no hice o que me quedaron por hacer.
Françoise era la profesora, Tan bien hablaba español, que uno dudaba que fuera francesa, y tan bien hablaba francés, que las dudas se disipaban pronto. Françoise era bilingüe: lo mismo hablaba francés que español.
Si daban una conferencia en la lengua gala, ella era requerida para hacer la traducción simultánea a los asistentes. Tuve la suerte de estar con esta joya de profesora tres años, y así finiquité mis estudios de francés en la E O I de Murcia.
Los estudios de inglés están pidiendo su oportunidad, como antes los de francés. De vez en cuando, me lo piden con tantos ruegos y con tanta insistencia que cuesta trabajo no atenderlos.
Francisco Tomás Ortuño
LO QUE SIEMBRAS RECOGES:
Los expertos empezaron a decir que hay que criar hijos felices atendiendo a sus deseos y peticiones. Y dijimos que estaba bien.
Luego dijeron que no se debía castigar a los hijos cuando se portaban mal, pues podíamos lastimar su autoestima. Y dijimos que estaba bien.
Después se dijo que los padres no podían permitir que sus hijos carecieran de los aparatos que los otros niños tenían, pues se podían frustrar. Y dijimos que estaba bien.
Al mismo tiempo, la industria de la diversión sembró las pantallas de vídeos y películas en las que aparecían padres ridículos, sin autoridad. Y dijimos que era divertido y que estaba bien.
Ahora nos preguntamos por qué los niños se ríen de las normas y salen siempre adelante con sus caprichos. La respuesta parece obvia: lo que se siembra es lo que se recoge.
Francisco Tomás Ortuño.
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