Maniobras en Requena.

6 diciembre 2025   Día de la Constitución   Año:  340 – 25   Luna: 10´13 – 14´15 (del 7)


   Murcia, sábado y sin novedad apreciable en los cuerpos, gracias a Dios.  Te cuento:


     Y por contar historias que recuerdo de estos meses de Carraclaca, diré que mi amigo Pepe me confesó un día estar enamorado de una chica de nuestro pueblo. Hasta aquí todo normal en militares de 20 años.

    Pepe quería escribir una carta y no confiaba en sus fuerzas y recurrió a mí. “Escríbeme tú la carta”, me dijo. “Una carta que le haga saber lo que siento por ella desde hace mucho tiempo”. Yo cogí un papel y escribí la carta. Le pareció de perlas y se la mandó.

   No tuvo contestación y, las vueltas que da la vida, aquella novia soñada de mi amigo fue mi mujer más tarde.

   Mis ratos libres, que eran muchos, los dedicaba a estudiar libros que me llevé para hacer Primero de Filosofía: un libro gordo de Filosofía, otro de Latín, de Francés, de Literatura…  Y en alguna sombra, bajo los pinos, yo pasaba horas con ellos. Los compañeros, y hasta los jefes, me miraban con cierto asombro y respeto.

   Cuando cumplimos tres meses y los excedentes de cupo esperábamos la licencia, dijeron que nos íbamos de maniobras a Requena. “Se lo habían creído”, decían por lo bajo con malévola sonrisa. Hasta nosotros pensamos lo peor.

   El viaje al pueblo valenciano lo hicimos de noche, en vagones de tren sin asientos ni ventanillas, sencilla y llanamente, en vagones borregueros. Nunca he visto tanto tiempo para semejante trayecto. Y es que, para evitar choques con trenes regulares, igual subíamos que bajábamos.

   Recuerdo que muy temprano, clareando el día, alguien de nosotros gritó: “¡El mar, el mar!”, despertando a los que iban durmiendo sobre las duras maderas del suelo. Noche infernal que solo pudieron soportar los veinte años que contábamos.

   En una parada de dos horas, esperando quizás que algún tren nos dejara libre la vía, bajamos de los vagones y asaltamos los algarrobos que teníamos al alcance de la mano. Ni la célebre plaga de langostas bíblica.

   Creo que no quedó ni un vagón sin vomitar a sus soldados, ni soldados sin llenarse el macuto de sabrosas, dulces y crujientes garrofas. Por fin, tras 20 horas de viaje, llegamos a nuestro destino, cansados y soñolientos.

   Aún anduvimos formados por caminos de herradura hasta llegar a un campamento solitario con tiendas de campaña y militares como nosotros. Allí pasamos ocho días, con comidas buenas y baños sin fin en una piscina grande y redonda como una plaza de toros.

   No supimos nadie a qué nos llevaron a Requena. Temprano, aún de noche, cuando tocaban diana y el resto de los soldados se levantaban y partían, no sabíamos a dónde, la compañía de Lorca seguía en sus tiendas, y cuando regresaban por la tarde, entre dos luces, cansados y polvorientos, nosotros ya habíamos cenado opíparamente.

   Nunca supimos a que fuimos a Requena. La compañía de Lorca so hizo otra cosa allí que dormir, bañarse y comer bien los 8 días que duraron las maniobras. Era un misterio pero todos los días ocurría lo mismo: “Vosotros permaneced en vuestras tiendas cuando toquen  diana”, nos decían nuestros jefes, ellos sabrían por qué.

   Y nosotros, entreabriendo las lonas de nuestras tiendas, los veíamos formar y partir formados hasta perderse en la lejanía. ¡Qué días para nosotros los del Requena! Mejor servidos y atendidos, imposible.

   Dejó en nosotros, en cambio, una falsa idea de lo que eran unas maniobras. Pensamos que equivalían a buena vida cuando en realidad eran todo lo contrario. ¡Como recordábamos otras, quizás más familiares, en que nos íbamos por una carretera próxima, a unos kilómetros del campamento, y nos apostábamos por lomas y vaguadas para tomar, como simulacro, una casa deshabitada!

   A los 8 días de estar en Requena dijeron de regresar. Cuando entramos en el cuartel oímos por los altavoces que los soldados excedentes de cupo estaban licenciados, que podían entregar la ropa de militar y marcharse a casa.

   Los gritos de alegría que surgieron no son para descritos: carreras, saltos, abrazos, y llantos de alegría. Los que no eran excedentes, en cambio, viendo el alboroto, quedaron más tristes y hasta lágrimas se vertieron y llantos se escucharon.

                                                   

Francisca Tomás Ortuño


PARA PENSAR:

 Amigos verdaderos son los que vienen a compartir nuestra felicidad cuando se les llama y nuestra desgracia sin ser llamados.

 

Pocos son buenos amigos y el no saberlos elegir reduce aún más el número.

 

Si tienes un amigo, visítalo con frecuencia; pues las malas hierbas y las espinas invaden el camino por donde nadie pasa.

                                          

Francisco Tomás Ortuño


   En    internet existen algunas herramientas para calcular el coste que supone tener vehículo propio. Pero no suelen incluir todos los gastos reales. Ni todo tipo de gastos como los costes ecológicos y sociales: la contaminación atmosférica y la producción durante el proceso de fabricación y la contaminación acústica, los desechos cuando se termina su vida útil, el uso de materiales en algunos casos no renovables etc etc.

  La pregunta es; ¿necesitamos un coche propio? A menudo pagamos por la disponibilidad, que a veces es la principal motivación, pero puede haber otras alternativas. Podríamos calcular los gastos que resultarían sí utilizásemos siempre taxi, transporte público, coche de alquiler o sistemas para compartir el vehículo, cada vez más extendidos.

   Si las distancias lo permiten, la bicicleta puede ser la mejor opción. Y, por supuesto,        caminar. Ambas opciones son las únicas sin impacto social o ambiental y beneficiosas para la salud. Fomentar los desplazamientos a pie es una de las mejores alternativas de transporte para la movilidad sostenible. En las grandes ciudades puede ser incluso más práctico.

                                                    

Francisco Tomás Ortuño


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