Mi idea era salir de allí.
11 diciembre 2025 San Dámaso A: 345 – 20 Sol: 8´28 Luna: 7 C.Menguante.
Murcia, jueves y sin novedad por aquí, gracias a Dios. Aguinaldos: Os guardo un décimo de loteria a cada hijo. También 50 euros per cápita para los nietos.
Te cuento de atrás:
OPOSICIONES. -
Lo que más me ocupaba a mí eran mis libros. En mi cabeza rondó pronto la idea de hacer las Oposiciones a plazas de más de 10.000 habitantes, para acceder a poblaciones de más de 10.000 habitantes, que por eso se llamaban de 10.000.
Había que aprobar estas Oposiciones. Me compré los libros y me puse a estudiar de nuevo, a preparar por libre este examen. Mi idea era salir de allí. No es que me fuera mal, pero a mis años no me encontraba en el lugar que yo había soñado.
Por muchas atenciones que tenía y muchas clases particulares, no me encontraba a gusto. Algo me decía en mi interior que las distracciones y los regalos no eran sino trampas del demonio para que sucumbiera a otros sueños.
Y con estos pensamientos, me enfrasqué con los libros de Oposiciones con ilusión y entrega desmedida. Fuera de la Escuela, mi tiempo era para los libros. Había en la casa de mis tíos una terraza, frente al reloj de la torre, a donde yo solía subir a leer.
En unas fiestas del pueblo, con toros en una plaza portátil, mis parientes pensaron que yo estaría gozando con los amigos de la corrida. Su asombro fue mayúsculo cuando supieron que había pasado la tarde en aquella terraza, alejado del bullicio.
“¡No puede ser!”, decían decepcionados. No lo veían normal. Y, por mi parte, no era justo no participar de sus fiestas. En una palabra, mi estancia aquí, que duró 4 años, fue más de espera para salir que de asiento para disfrutar de sus encantos.
Como el tiempo corre que es un primor, si pierdes encima un turno en las Oposiciones, los años vuelan. Y eso es lo que me ocurrió a mí. Estuve en Murcia a preguntar por la fecha de las oposiciones que preparaba, y don Jesús Moreno, persona muy conocida entonces en la Delegación, atento y amable, me prometió escribir cuando se convocarán.
El tiempo pasaba y yo no recibía ninguna noticia. Hasta que un día mi padre, mira por dónde, me dijo por teléfono: “¿Cómo llevas tus Oposiciones?”. “Espero que me avisen”, le dije, confiado en la palabra de don Jesús.
“Pues espera sentado, que ya están haciendo el segundo ejercicio”. me dijo. Y así era. Cuando quise empezar, se estaban acabando. Todo fue inútil: ni ruegos ni protestas. Don Jesús se disculpó de mil maneras y me prometió que en las próximas no pasaría lo mismo.
Sería mi destino. Tuve que pasar otro año esperando una nueva convocatoria, preparando los exámenes concienzudamente. En su momento me presenté y aprobé con buen número.
Así que, por este medio y habiendo pasado cuatro años en Elche, durmiendo casa de mis tíos y comiendo enfrente casa de Rosario, volví a Jumilla a casa de mis padres de nuevo, como antes de ir a Rillo.
También en estos 4 años que estuve en Elche de la Sierra, estudié mi carrera de Filología Románica por libre, e hice un Curso de Francés por correspondencia, al que siempre fui aficionado. Por las noches me quedaba en el Colegio para hacer los ejercicios.
¡Cómo me encantaba recibir nuevos envíos, con los anteriores corregidos! Era delicioso este pasatiempo, que guardo con especial cariño. A tal extremo llegaba mi afición por esta lengua que hice amistad con Salvador Ortiz, administrador de correos, joven y soltero.
Los dos no veíamos para hacer nuestros ejercicios. La amistad con Salvador habría de prolongarse en el tiempo. Luego, nos vimos de nuevo juntos en Jumilla: yo como Director escolar y él como Administrador de Correos.
Su mujer, Maricruz Ayala, de Villanueva del Segura, como él, ejercía de maestra en el grupo escolar “Ibáñez Martín” de mi dirección. Como se ve, nuestra amistad, nacida años antes en Elche, había de perdurar hasta con implicaciones extrañas profesionales.
En estos 4 años que pasé en Elche, aprendí a vivir sin la ayuda de los padres. Y aprendí igualmente a valorarlos, que la distancia es la mejor luz para ver lo que no se tiene cerca. Y aprendí a saber de amistades, a soñar y a querer. Fueron años muy importantes, decisivos, en mi vida.
En cambio, observo con estupor, que nunca me preocupó la política. Jamás estuve en reuniones a favor o en contra del franquismo. No es que lo hiciera aposta, es que no pensaba en ello. Mi vista estaba puesta en el futuro.
El presente no me importaba. Que Fraga inaugurara Paradores de Turismo o que Franco hacía lo propio con Pantanos, me resbalaba, como si ello no fuera de este mundo o a mí no me incumbiera. Posiblemente, la raíz de este comportamiento, de esta postura ante la vida, habría que achacarla a los mayores, que de niños nosotros era casi pecado pensar.
Y en este período de mi vida es cuando más poesías compuse. Volaba mi imaginación. Conservo muchas de entonces. Fue una época de esplendor. ¿Era la edad? ¿La época de los sueños? De golpe se incendió mi alma y la poesía inevitablemente aparecía:
“La niebla se va yendo, - dibujándose firme el horizonte; - así mi pensamiento,
-de entre las brumas de mis años jóvenes, - firme, va apareciendo”.
“Cómo un bufón de corte -pueda bailar a un tiempo -que estar llorando, no es cosa que me asombre; - que de bufón haciendo, - lloro cantando”.
“Tus ojos, tu sonrisa, -de mi a todas horas -flotan en pos. -Como dulce caricia, - de pétalos de rosa, - los siento yo”.
“Lo eras todo para mí, -como es abril para una rosa mañanera…”
“Sola, -como una rosa al soplo de los vientos recogida, - muy dentro de mi vida, conmigo siempre estás…”
Y tantas otras.
Después, algún poema suelto, aislado, que si un soneto a España, que si un romance a mi pueblo, etc. Creo que de mi producción poética, que guardo recogida en un libro, el 90% es de estos años, y el resto, como vomitones en el camino, de los años ya numerosos que siguieron. Continuará.
Francisco Tomás Ortuño
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