Reencuentros.
19 diciembre 2025 San Anastasio 353– 12
Murcia, viernes, Sin novedad en el Alcázar, gracias a Dios. Te cuento de antes:
De encuentros:
30 julio 1980: en Jumilla, a las cuatro de la tarde, en el chalet por más señas. “Nous venons d´arrivver”, acabamos de llegar. Ha sido un viaje bueno, sin complicaciones, como estaba previsto. El coche se porta de maravilla.
Anoche fuimos al Campamento, a la fiesta de clausura. Hubo poesías, chistes, representaciones, por parte de los acampados, a papás y autoridades que fueron de Murcia. Toda una comedia preparada.
Estuvo incluso la televisión. Hubo exposición de trabajos realizados por los niños en los 15 días mal contados. Hubo palabras que apenas se oyeron, discursos para salir del paso y hubo, ¡cómo no!, reparto de premios para los distinguidos.
Esta mañana madrugamos a desmontar la tienda. A las diez y media estábamos en marcna. Un coche repleto de bultos y de paquetes En Murcia recogimos a Francisco Amós y a Pascual Jesús con sus macutos. El arca de Noé era el coche.
Pero, como digo antes, el coche es valiente. Ni un quejido, ni un pinchazo, ni nada de nada , Valiente y potente nos ha traído hasta la puerta del chalet por la pista.
Francisco Amós y Pascual Jesús han estado quince días fuera de casa. Es su primera salida, formal. Solos. Un aprendizaje es necesario que les hará bien. Hoy han vuelto. Hoy se encuentran otra vez aquí con sus cosas de antes.
Ahora vamos a ir al pueblo y verán a sus amigos, a sus abuelos, a los compañeros del colegio, a los vecinos. Y este encuentro en nuevo para mis hijos. En su vida, qunce días para ellos es sin duda mucho tiempo
Más que para nosotros, para ellos una experiencia nueva, la del retorno, , la del encuentro. ¿Cómo es este encuentro? ¿Tomamos los mayores en serio su retorno? Quizás que no. Con la lógica de adultos nos pasa desapercibido ese momento.
Momento tan importante para ellos del reencuentro y quizás somos tan desafortunados y desconsiderados, tan crueles con sus sentimientos, que respondemos como aquel que dijo al niño que preguntó: buenas tardes ¿cómo está usted? ¿Pero es que te habías ido?
Mis hijos han vuelto del campamento. Respetemos sus sentimientos. Demos importancia a su vida, a ese momento que están viviendo, único quizás, decisivo, en su futuro. Buscarán a sus amigos, visitarán a los abuelos, contarán lo que han hecho.
Querrán que los escuchen, pensarán que hemos estado pendientes en su ausencia, de sus marchas y de sus clases. No seamos crueles con ellos. Ya tendrán tiempo de comprender que el egoísmo humano es grande y que a cada uno de nosotros no nos preocupa lo que hagan los demás.
Francisco Tomás Ortuño
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