Tú vas a hacer Magisterio.

14 diciembre 2025 San Juan de la Cruz 348 - 17

   Murcia, domingo, sin novedad en la familia, gracias a Dios. Te cuento:

   ¿Tendré que agradecer a mis libros haberme hecho pasar la juventud más feliz que pueda haber existido? Con tantos sueños y tantas aspiraciones, yo fui el hombre más feliz del mundo. Y es que soñando se es feliz, yendo hacia metas que te has fijado, aunque sea en una nube, se es feliz. Estoy seguro de lo que digo.

   Ahora se vive de espaldas a esa realidad, y creo que la juventud no es feliz. Se dice “Hay que vivir el presente, gastar lo que se gana, no ahorrar”. No es verdad. Los jóvenes que no tienen seguro su porvenir o que lo ven incierto, no pueden ser felices.

    Los que viven al día sin pensar en el mañana, no pueden ser felices. Es mejor asegurar el futuro y vivir tranquilos aun a costa de sacrificios. Vamos haciendo caminos de futuro con nuestro presente, y mal lo pasaríamos si el porvenir lo descuidamos por un presente mejor.

   El tiempo iba pasando sin sentir. ¡Qué difícil me resultaba cambiar el rumbo de mi vida! ¡Cambiar de vía, romper con el camino que había emprendido, era, ahora lo veo, como un destino que me iba conduciendo, por donde quería llevarme quién sabe por dónde!

     Hubiera podido yo salir de mi ruta o volver atrás para empezar de nuevo. O quizás volver por volver y andar contra corriente. ¡Qué  iluso! Yo no podía sino seguir en las aguas del río, que son nuestra vida, como dijo el poeta.

   Yo había empezado el camino del Magisterio como una orden, pero tenía que verlo como un destino. ¿Fue Calderón de la Barca el del Gran Teatro del Mundo? ¿Qué otra cosa es el Mundo que eso? Un gran teatro en el que se representa la epopeya más grande que pueda imaginarse.

   ¿Y qué somos nosotros sino actores de esa gran comedia, que no acabamos de comprender? A ti te corresponde el papel de Rey y a ti el de rufián, pero tú no eliges, tú representas tu papel y dejas el escenario. Tu momento y tu papel están ya dispuestos desde siempre.

   Cuando te toca, no puedes hacer otro, ni actuar a tu capricho. ¡Qué iluso, repito, querer salir de tu destino y emprender otra ruta por tu cuenta! Mi padre me dijo un día: “Tú vas a hacer Magisterio!” Y yo estudié Magisterio, porque así estaba ordenado en el guion de la epopeya que el hombre viene representando desde que vino al mundo.

   Me dolió saber que entonces, cuando yo pensaba hacer otra cosa, me adjudicasen ese papel humilde y de poco brillo social. ¿Sería una burla del destino, un castigo a mi orgullo, o lo mejor que había para mí? Nunca lo podré saber porque la vida es irreversible.

   Pero he pensado también que en otros medios nunca hubiera sido tan cabal, tan eficiente, como en la enseñanza y, por ende, tan realizado y feliz. Entré por una vía sin querer y debo dar gracias por haber seguido ese camino.

   En la Escuela pasé los momentos más felices que nunca pude pensar que existieran en este mundo. Enseñar era dar vida, y la maternidad es un don reservado a los que son como el mismo Creador de todas las cosas.

   Con la Escuela en Rillo, en Elche, o en Jumilla después, sentí el placer del Lux Fiat con que el Génesis empieza la creación divina. Cuando los niños me aguardaban comprendí que mi destino no podía ser otro. Quisiera o no quisiera debía seguir aquel papel que me había tocado. ¿Qué podía hacer yo más que escalar en mi terreno?

                                                   

Francisco Tomás Ortuño

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